Blogia

feranza

JUEGO CON PINZAS. SEVILLA 27 DE MARZO 2007

        Juego de pinzas en el salón. No creas que me olvidé que cuando era pequeño, en aquella casa que desapareció, la casa de mi infancia borrada del mundo, pero no del recuerdo, jugaba también con las pinzas que mamá me daba. Era mi madre como ahora la tuya. Jugaba junto a la ventana a pinzar una con otra hasta formar una fila de pinzas unidas. Ahora eres tú, niño de pinzas, de suelo, de charcos, de tierra, de mocos y de caídas, de carreras por las calles, de piedras y de agua, niño de agua. Ahora eres tú ese que fuí. Mañana, escribirás o dirás o pensarás esto mismo con el hijo que la vida te dará. Te quedaste este domingo al borde de mi viaje a Sevilla. No quiero sacar más pena ni ahondar en ese pozo que conocemos. Solo quiero recordarte, simplemente, ahí, entre pinzas de colores, mientras vas manipulando cada vez más cosas y descubriendo enormes cantidades de misterios. Junto a la carretera, en los campos, florecen los cerezos. Su nube blanca cubre La Vera con motitas de algodón pasajeras. Florece también mi niño entre colores y juegos!

 

CARTA A CARLOS. SEVILLA 9 ABRIL 2007

          Ha pasado Semana Santa. Antes de que llegaran los días de fiesta, yo te preguntaba: - ¿ Cuando vamos a ver al abuelo, Carlos ?. Y entoces tú me contestabas a tu manera y con tus palabras : - En Semana Santa. Ahora ya ha pasado y ayer por la tarde regresamos del pueblo, donde estuvimos con la familia tres días. El primo Toni fué tu mejor aliado. Y también el abuelo, al que no dudabas en reclamar sus atenciones. Jugabas con el primo todo el tiempo. Una tarde fuimos a las pistas deportivas que hay detrás del taller del abuelo: el primo, su amiga Pastora, tú y yo. Aún eres pequeño, pero quieres ponerte a su altura y lo consigues sin duda en ilusión y ganas. Te bajaste del coche con sus mismas energías, corrías detrás de la pelota, pero te ibas metiendo en los charcos que encontrabas, sin dejarte ninguno atrás. Han hecho unos días de mal tiempo, lluvia, frío. El viernes por la noche te llevé a la puerta de casa en Villaralto para que vieras a la Virgen entrar en la iglesia. El silencio reinante, las imágenes algo macabras, los colores lúgubres, los encapuchados nazarenos, te sobrecogieron y llorabas en mis brazos: - " No quiero verla, no quiero verla. ". Entonces tuve que llevarte a casa, entre sollozos y suspiros. El abuelo regaló un patinete al primo, un patinete metálico de dos ruedas. Nada más verlo, quisiste manejarlo tú también y te subías a la plataforma. Al principio, inexperto, caías y caías al suelo, pero después poco a poco fuiste cogiéndole el tranquillo. Ayer, domingo, fuímos a la finca de la tía Sacramento, en la carretera de Villanueva del Duque " Los Pizarros". Hay una casa grande y campo, mucho campo de encinas. Entre paja, una marrana ha parido lechones. Te le cogido en brazos para que los vieses , pero enseguida has pedido lo que más te gusta: una pala. Entre las herramientas del tío he encontrado algo parecido y también un rastrillo. Has estado trabajando con la arena y de aquí para allá. Luego llegó mamá, la tía Fabiana y la prima Anabel. Todos, encantados de tener cerca. El día anterior estuvimos en casa de la tia Fabiana. En el antiguo corral que vió mi niñez, quedan restos de lo antiguo: ese pozo, el antiguo habitáculo del retrete, la leña amontonada, el depósito de agua, el antiguo Wc. En un arcón antiguo, hay ropa guardada. Entre ella, hay ropa de cuando yo era pequeño, que mamá, la mía, trajo de Alemania. La tía ha sacado un gorrito blanco que te hemos colocado a tí y que te viene bien. Juegas mientras tanto con cosas que ves en el suelo. Te he hecho unas fotos. Montones de recuerdos se amontonan en poco espacio. Recuerdos , nostalgia, irremediable paso del tiempo. No quiero seguir. Juegas con el primo. Tomamos cerveza en "El Paisa". Te quedas fuera entre juegos con la pelota y con el patinete". Quieres probarlo todo. Me acerco a tí y me das con la mano, como alejándome. Me he puesto algo celoso. Entiéndeme. Vamos a casa. Mamá te dá de comer y te acuesta. Duermes con ella en la habitación de abajo. Yo arriba, en una camita estrecha.

lunes 14 de mayo de 2007

CARTA A CARLOS. SEVILLA 13 ABRIL 2007

        Te escribo, hijo, desde la soledad, desde mi soledad en este piso de Sevilla que a veces me aprieta como una faja. Cae poco a poco la tarde de primavera, medio lluviosa, con nubes. He hablado contigo por teléfono. Te asustan los truenos y las tormentas que azotan La Vera. Yá quisiera estar allí y contigo entre mis brazos, pero no quiero caer en el señuelo de la fatiga, de esa rueda mortal que me gira, que me gira hasta ponerme boca arriba los fines de semana. Y luego el regreso. Pienso en todo eso y me inundo de desesperanza, a la vez que me libero entre tus brazos. Pero es tan corto ese instante, ese instante de tu sonrisa entre mis dedos, frente a mis pupilas afanosas en arrebatarte besos del aire, besos de tu cara infantil, que huele a hierba, incolora. Te oigo al teléfono como te enfadas y pataleas en casa, allá en la lejanía. Hijo, me pregunto: ¿ donde llegará esto ?. Hasta donde ?. Y lo peor, ¿hasta cuando?. Conservo la calma a ratos, pero no puedo pensar en esa mitad que está allí, es ese otro trozo que me cortaron con una sierra cuando regresé a Sevilla. Te añoro en la distancia. No quiero perderte como una hoja en el río. Que pena tan grande entonces !. Que horror , que muerte !. No quiero perderte y adoro tu piel, como adoro tus palabras recien nacidas aún, recién estrenadas aún, en desarrollo.


Te quiero, hijo mio.

 

 

PENSANDO EN TÍ. 19 DE ABRIL DE 2007

                  Hijo. Que tal estás?. El domingo pasado fué el primer día que pude verte a través de este invento que es el ordenador y la cámara web. Estabas allí, en casa, con mamá, en tu actividad de domingo, jugando con tus juguetes y de aquí para allá inquieto como siempre. Apenas pude verte, apenas disfrutarte, ya que estabas intranquilo y te aburrías sentado frente a la pantalla. Pero lo poquito que te ví, me alegré. Acercabas tu gran tractor de plástico para que lo viera bien y esto me emocionó, pues es algo nuevo entre nosotros.   Ya hablas casi todo, aunque a tu manera. A veces, hay palabras que no entiendo, pero en tu mundo quieres darme debida cuenta de todo. Mañana, si el destino lo desea, podremos vernos de nuevo en el pueblo. Saldremos a dar nuestros paseos por el parque o en el polígono industrial, donde hay montones de tierra y a veces, aparece un helicóptero. Te he comprado un patinete. Un patinete sencillo de metal, con tres ruedas finas. Es un aparato para tomar velocidad y jugar. Yo sé que a tí te gusta eso y me imagino viéndote correteando y cayéndote al suelo continuamente, pero al final, sin desistir, controlándolo y avanzando deprisa. Calle, calle. Ayer no querías volver a casa, jugando con los compañeros en el frontón. Te gustan los exteriores, donde puedes manipular, saltar, correr, andar explorando de aquí para allá.

martes 17 de abril de 2007

CARTA A CARLOS. SEVILLA 24 ABRIL 2007

Polenta !. ( tormenta ).

          Esa es la palabra nueva que me llamó la atención. Estás incorporando nuevas palabras y algunas de ellas las modificas con gracia. Como esta, que nos hizo a todos reir y siempre la tenemos en mente. El otro día hubo tormena en Jarandilla. Su ruido te asustó. Ahora dices, " polenta " y todos sonreimos. He estado un día más en Jarandilla, ayer lunes. Aproveché para hacer algunas cosas en el piso de Losar. El fin de semana estuvo de una primavera radiante. Todo lo que podía ser verde, fué verde. Todo lo que podía florecer, floreció. Todo estaba impregnado de la estación: las plantas, la temperatura, las gentes tambien y tu niñez. Compré un patinete de tres ruedas, color azul, en Sevilla y te lo llevé embalado el viernes al frontón. Allí conseguimos armarlo entre tu ansiedad y desesperación por usarlo. LLegaron los niños y tú montabas en él, al principio torpemente, pero poco a poco con mayor destreza. Así es que ya tienes un nuevo juguete, un juguete para avanzar por las calles más deprisa. El sábado fuimos a tirar montones de piedras a la garganta, cerca del puente, detrás de una casa rehabilitada de un antiguo molino de agua. Hay flores de todos colores: las iniestas amarillas, los espinos blancos como la nata, los cantuesos, con sus lilas apagados. Todo está exhuberante, fértil. En el huerto, las plantas se apoderan del espacio y crecen a su antojo. Yo las dejo que crezcan sin remedio todo lo que puedan. Los campos arados , se preparan para el tabaco. Las mimosas se apagaron ya de su luz amarilla y los frutales reverdecen y florecen todo a una. Miro para todos lados, emocionado, excitado. Hemos ido al Guijo para asistir a un teatrillo en la casa de la cultura. Pero enseguida te pusiste nervioso y hubo que salir antes de tiempo. Salimos a la calle. El domingo fuimos a casa de Maite y sus padres. Victor celebra su cumpleaños en el garaje. Mientras los adultos hablamos y comemos tarta, tú te entretienes con un coche de plástico que trajimos de Rumanía y al que colocamos una cuerda de algodón blanco para tirar de él. Hay otros crios también por allí. El domingo por la noche lo pasaste mal. Un dolor en el oído izquierdo te molestaba y te quejabas. Mamá te dió medicación y el lunes por la mediodía Maite te llevó al médico.

A veces, me abrazas y me dices: Te quiero papá, te quiero mucho, papá. Entonces, me derrito, como un helado al sol y te abrazo fuerte y siento tu piel cálida, como toca mi corazón.

 

CARTA A CARLOS. SEVILLA 9 MAYO 2007

          Ha sido especial: El viernes hicimos pompas de jabón con ese tubito que contenía agua con jabón. ( " gurgujas " para tí ) .Tú soplabas echando saliva, pero te salían de vez en cuando un puñado de pompas pequeñas y lo celebrabas. Después, querías cogerlas con la mano y las perseguían tratando de darles patadas como si fueran pequeñas pelotas. He disfrutado al lado tuya estos días de calor de una primavera exhuberante y reluciente por las calles y campos de Jarandilla. Jugamos a la pelota frente a Sopetrán y dentro, sobre la hierba, jugábamos a perseguirte. Como veía que no había peligro, tú corrías gritando casi sin fuerzas y excitado y yo salía detrás tuyo para agarrarte por las piernas en el último momento y derribarte sobre la superficie verde. Luego me echaba encima tuya para besarte por todos lados,en la cara , en el cuello, como novios.

 

miércoles 9 de mayo de 2007

CARTA A CARLOS. SEVILLA 14 MAYO 2007

Mamá te compró una pelota grande, de playa. Este fin de semana no estuve contigo, pero en tí. Sigues pasando tus días en esas calles y alrededores de Jarandilla. Fuiste a ver con mamá, me lo contó por teléfono, los atractivos del parque de Talayuela. Tú sabes que allí hay por donde correr. Te imagino visitando la jaula de los monos o echándole algo a las cabras. También y como no, recogiendo piñas por todos lados bajo ese inmenso pinar. Sigues con fiebre y dolor en los oídos. Vegetaciones quizá que no te dejan respirar y pasas malas noches. Pero poco a poco vas cogiendo destreza hablando y ya casi me entero de todo lo que me dices por teléfono. Te echo de menos, pequeño saltarín. Tengo ganas de volver a verte, de sentirte cerca, de encontrar esos días de paz y sosiego a tu lado. 

miércoles 23 de mayo de 2007

CARTA A CARLOS. SEVILLA 21 MAYO 2007

          Este fin de semana que ha pasado, estuve de nuevo contigo, allí, en Jarandilla. El viaje lo hice, pues casi como siempre: salida sobre las doce y cuarto, primer aire acondicionado en el coche por el calor, primer verdadero calor del año, y luego, pues parada en Villafranca de Barros, para comer un poco, en ese parquecito que ya me huele a cotidiano, de lo que llevaba: latitas de pescado en conserva y alguna fruta ( cosa que también comienza a hacerse habitual en mis viajes de ida ). He llegado sobre las cinco o cinco y algo. Y por primera vez, saliste a recibirme al ascensor. A recibirme además, con los brazos abiertos. Esto me produjo una emoción que no pude contener. Y te abracé, vaya que si te abracé !. Y luego, los dos, jugamos en el suelo y nos miramos y nos tocamos y sonreímos. Salimos a la feria. Ahora, junto al parque y con motivo del día de la Virgen, han colocado atracciones para vosotros, los pequeños. Te subes en varias de ellas : hay una de dos pisos y colores, tapada por una red, donde hay pelotas de plástico y obstáculos. Te veo allá arriba, entre esa jaula de juguete y con otros niños, jugando. Juego contigo y te recojo en varias fotos. Luego hay otra atracción que es hinchable, una gran estructura de aire donde poder botar y botar. Has subido allí con otros niños, tu amiga Eva. El sábado por la mañana, mamá se levantó temprano para ir a Talavera de la Reina a comprar ropa para una boda. Nos quedamos solos, tú y yo, en casa toda la mañana hasta que ella regresó. Tan solo salimos a dar una vuelta cerca. Estabas impaciente. Querías que volviese. Algo angustiado quizá. En casa jugamos con pinturas. Uf. todo lleno de ellas: el suelo, tu ropa, tus manos, la mesa....Tienes las rodillas arañadas, de caerte muchas veces. Y vuelves a producirte heridas, en el mismo sitio. Tus rodillas arañadas son síntomas de actividad, de actividad de niño, cercana al suelo, rozando la tierra siempre, jugando con las cosas y cayéndote muchas veces, como debe ser. Cuando llegó mamá, ya dormías, después de comer apenas nada y desayunar menos. Dormías y cuando lo haces, ¡ ay, que imagen!. Casi se me saltan las lágrimas, están a punto de hacerlo en los contornos de mis ojos. Solo de recordarlo y de recordar el futuro ( fíjate lo que digo ), de recordar el futuro, que parece que ya te veo mayor y todo esto habrá pasado para siempre. Pero no quiero situarme allí, tan solo nombrarlo, pues no puedo dejar de hacerlo. Bueno, el caso es que el sábado por la tarde fuimos al parque y allí, después de probar nuevamente los juegos de feria, pasaste por el columpio junto a tu amigo Francisco, al que quieres con devoción. Su mamá se marchó a trabajar y vino su abuela Felipa a tomar algo a la terraza del Gante con nosotros ( donde trabaja su madre de camarera ). Estuvimos hasta la noche. LLegamos tarde a casa y tú cenaste lo que nos pusieron. Tengo que ir en busca tuya porque ya te aventuras muchos y sales a la calle corriendo. Mamá y yo nos ponemos nerviosos, te riño, te hablo, me dices que "bueno", pero luego vuelves a lo mismo. Es una inquietud constante. No queremos que te ocurra nada raro. El domingo se levantó lluvioso y apenas pudimos hacer nada. Jugamos en casa. Por la tarde, me fuí de nuevo a Sevilla, a este lugar desde donde te escribo. La tarde estaba nublada, caía agua, como en otoño. Los danzantes se preparaban para recibir a la virgen en la plaza. Todo era festivo: los farolillos, las banderitas, el engalanamiento de balcones, todo. Menos yo. Os dejé a mamá, Victor, Mari y tú, bajo los soportales de La Botica, ese bar de la plaza. Me despedí de tí, abrazándote, recogiéndote con mis brazos y hablandote como si fuera la última vez. Te dije y sentí profundamente que te quería. El coche me esperaba en doble fila. No sé ni como pude irme...

 

lunes 21 de mayo de 2007

CARTA A CARLOS. SEVILLA 4 JUNIO 2007

          Un nuevo fin de semana contigo. Ya va haciendo calorcillo de junio y todos estamos en mangas cortas. Te he llevado desde Sevilla, una bañerita amarilla con soporte de hierro que encontré en la Barriada Tablada este otoño pasado y que tenía en casa. Es un cacharro grande, voluminoso, pero cuando lo viste en el coche, destacando con ese amarillo chillón, enseguida quisiste saber de qué se trataba. El caso es que lo coloqué en la terraza y llené con agua. Chorrea un poquito por un grifo que tiene y es necesario colocar debajo una cubeta para que caiga el agua. Hemos echado algunos juguetes de plástico y te hice un pequeño barquito de papel que duró poco tiempo, pues lo lanzaste al fondo del improvisado lago. Lo que tú querías es meterte dentro, que yá te vimos las intenciones, entonces te enfadaste porque mamá no te dejó. Allí quedo todo el tiempo hasta verle la utilidad. Hemos ido al parque, como es costumbre. Juegas con la arena y te sostienes de los brazos colgado sobre un columpio. Me dá casi miedo verte allí suspendido y que te puedas caer. Pero veo que dominas y me tranquilizo. Ahora llamas "mami " a mamá y "papi" a mí. Vas enlazando palabras y construyes frases poco a poco. Fuimos a dar un paseo por el camino de la ruta del Emperador. Está todo florecido, pero ya va haciendo calor y cuando llegamos a la garganta, bajo el puente, mamá te quitó los pantalones y quisiste meterte en el agua. Cuando probaste lo fría que está, te echaste atrás y a tirar piedras al agua que es lo tuyo. Jugamos a perseguirte en casa. Esto te pone nervioso. Yo digo : "te cojo, te cojo" y voy corriendo detrás tuya, bueno, corriendo no, más bien despacito hasta acorralarte. El que correr eres tú. Y te mueres de nervios y esto te hace reir.

 

lunes 4 de junio de 2007

DIA DE UN PADRE ENCANTADO. JULIO 2007

          Ayer, hijo mío, me llenaste de nuevo de emoción. Por la noche llamó mamá a casa a Sevilla y te pusiste al teléfono. Habías hecho caca solito en el orinal, caca y pis tu solito. Así lo celebramos con gritos de entusiasmo y tu notaste enseguida que habías creado a tu alrededor una atmósfera de admiración. Este paso ha sido muy importante. Un día hablaremos de esto. Ahora eres un poquito más independiente. Estos días, ya de calor veraniego, vas con mamá a la piscina y a la garganta. Ayer, según ella me dijo, te agotaste en la garganta, corriendo y saltando, así es que seguro que dormirás bien. También me entusiasma muchísimo que me cantes esa canción por teléfono: "Traigo para tí, toda una ilusión". de Marta Sánchez. La escuchaste como música de llamada del móvil de Maite y se te quedó grabada en la memoria. Eres alegre, como siempre y siempre encuentras esa sonrisa y esa forma de hacernos felices. Espero verte pronto. Besitos, hijo mío, motivo de mis dias.

 

               martes 3 de julio de 2007

VERANO, DE NUEVO, EN TU PRIMAVERA. JULIO 2007

          Vienen ya, de pronto, casi sin pretenderlo, como sorprendidos, esos fines de semana de gargantas de agua fria y calor en las aceras. En la Jarandilla de mi niño, en su infancia que se tiñe de callejuelas y guarderías, la melodía del verano se inicia justo al lado de los puentes de piedra. He viajado con esa calor que se pega a la chapa, que hierve en la carretera y que obliga al aire acondicionado, para encontrarme contigo de nuevo. Empiezas a ser mayor. Te apoyas en la pared, tu cuerpecito como un segmento desnudo, un pequeño segmento de vida, lisa, vivaracha. Te apoyas en la pared del puente para orinar, sobre los escalones. Nos reimos con complicidad, mamá y yo, mirándonos. Bajo los regadíos, imponiéndote a la presión del chorro de agua, tu cuerpecito al que se le estrellan esas ráfagas de agua, sonríes y te recojo para correr detrás de esas lluvias que vienen a decir que el verano llegó, que tu sonrisa está aún más viva, que te gusta el agua, que amas ese mundo de naturaleza. Bajas a la garganta. No hay piedra que pase desapercibida para tí y todas son cambiadas de lugar, para arrojarse al agua sin remedio. Tus manos recogen aún las más grandes, las más voluminosas y el salto que producen en el agua nos salpica y nos mojamos. Te mojas en ese mundo entre robles, hierba seca, chorros de agua que bajan de la montaña, cuerpo desnudo, desnudez, movimiento. Seguimos tus pasos, tus frases, tus travesuras. Con la bañera amarilla que te traje de Sevilla, la usas como piscina pequeña, cabes en ella como en una pequeña balsa y sales de ella con malabares de artista. Y luego llega la despedida. Te dejo entre tus juguetes, el calor, Caillou, Pocoyó, la terraza con sus flores. Me voy y me miras. Procuro siempre, llevándome de recuerdo, rescatarte, robarte una última sonrisa. Siempre la tienes para mí. Y con el corazón en un puño, me alejo, escaleras abajo, carretera enfrente.

martes 10 de julio de 2007

VILLARALTO, FERIA DE 2007

Vengo de Villaralto, de su feria, de los encuentros con personas que hace tiempo que no veo. Viajar a Villaralto es viajar en el tiempo. LLego y me encuentro con la casa familiar, con la familia, con los besos, con los rincones de una y otra vez, con esos arbolitos que se van haciendo mayores, con ese parque olvidado, castrado en los limites de un jardín. LLego a mi pueblo pasando el Calatraveño y ese olor a las jaras que son la antesala de la penillanura extensa y silenciosa de Los Pedroches. Viene un aire fresco por la ventanilla del coche, un aire fresco y un aroma suave de pastos y encinares. Desembarco como lo haría en la Luna, extraño y coincidiendo con el ocaso y los toques de campana en esa torre que se echa casi encima. Paseo por el medio de las calles, las de siempre, libremente y con la seguridad de los encuentros fáciles, esperados. Voy a casa, para compartir comidas y bebidas. Busco el cobijo del Rincón de La Petrita, junto al Museo del Pastor. Entro, siempre abierta la puerta de Petrita y Bernardín. Salen a recibirte al pasillo, Bernardín receloso, desconfiado. Voy hasta el patio, donde se extiende y abre aún más esa hospitalidad, donde encuentra libertad la conversación, como una rueda que gira siempre en la misma dirección, como una noria. Ese patio embaldosado y luego... esos olivos y ese pozo con brocal del loza. Salgo enseguida, me siento en el pueblo, tumbado en él, dejándome llevar por su placidez. Me siento en el banco de hierro, junto a la fuente y la hierbabuena para leer. Asistiendo al perfume y al sonido del agua que sube y baja. Cruzo la calle, entro en El Paisa, saludo a Paco, siempre amable, siempre activo. Por la tarde me voy a dar un paseo con un calor soportable, hacia las afueras, por los caminos, por el del Baño, junto a las tapias de piedra medio desechas y hasta las encinas, desde donde se ve el pueblo como en una pintura. Me acerco a lugares antiguos, desconocidos incluso: una pequeña casita de piedra con el tejado a medio caer y un pilar de ladrillo en medio. Una casa que sirvió como establo. Enfrente, madura el granado rodeado de pastos amarillentos. Se ven huertas y albercas abandonadas de los niños que salíamos a buscar su frescor nocturno de agua de pozo con algas. Ahora, son meros recipientes secos y extrañamente pequeños. Encuentro de nuevo el camino principal arenoso y vuelvo a casa. La feria nocturna, el camino de los saludos, un trozo pequeño de calle donde llegan las caras y las palabras de la gente de siempre, de aquellos que están y de aquellos que se fueron. Vienen con sus niños agarrados de la mano o jugando a su alrededor. Tienen su vida fuera y una sonrisa guardada para el encuentro. La conversación cita los cambios que se han producido en la rueda de la vida: nuevos hijos, nuevos trabajos o lo que continúa presente : los hijos que crecen, los trabajos que reclaman. Los niños saltan en la colchoneta, riéndose, gritando. Las niñas, casi siempre con falda, contradicen al pudor que aquella sugiere. Dejan sus zapatitos junto al gigante de aire y pelean por entregar sus entradas al chico que coordina con un silbato, poniendo fin , como en una cinta de video con el pause, a una diversión impetuosa y dando el toque de salida a un nuevo grupo de saltos y caídas sin daño. Se pasa de ser expectador a ser actor casi en el mismo lugar, con otra actitud: Al amparo de la orquesta se baila, junto a los que quieren, siempre conocidos. Entonces el pueblo se torna brillante, un lujo, pasional.

 

 lunes 13 de agosto de 2007

HOMENAJE A MI COCHE, MI CR-2557-X. AGOSTO 2007

          Mi coche, es un vehículo pequeño, azul, algo antiguo ya, con bastantes kilómetros a sus espaldas. Es un coche usado, que huele a usado, sin perfume ni fragancia. En verano, con el sol y la calle, guarda ese olor característico y cuando llueve, huele a humedad. Pero al mismo tiempo, ese olor transmite un agradable aroma de lo cotidiano, de lo extremadamente cercano y fiel. Es una prolongación mía, de mi vida, de mi actividad y debo ser yo también quizá, una prolongación de él. Lo cuido y lo mantengo, pero sin lujos, con mis manos cuando puedo. Escribo este homenaje porque mi coche, ese Saxo de color azul que siempre me espera, es amigo inseparable desde hace ya casi cinco años y otros tantos que pasó en manos cuidadoras. Por dentro es un coche simple, sencillo, sin aspavientos ni malabares, pero que cuenta con lo básico y a pesar de sus años, sigue ofreciendo sus cualidades. Sube las cuestas a buen ritmo y entiende de caminos, carreteras, autovías y ha estado en otros paises. En mis épocas de crisis no me defraudó y supo aguantar el rigor de los malos tiempos. Es tan pequeñito y cercano, que lo trato con esa afabilidad sin exageración, con la que se cuidan los zapatos. A veces lo miro, cuando me bajo de él o frente a la puerta de mi casa, con infinito cariño y tengo algunas fotos posando sobre algún camino o junto a la carretera, como un verdadero genio móvil, que al mismo tiempo que pasa desapercibido, muestra unas cualidades singulares y una fortaleza de titán. Es un coche con sus marcas de guerra, con sus arañazos y bolladuras como buen guerrero que se precie. Es agradecido al máximo y gasta el combustible imprescindible. Somos amigos, buenos amigos, necesario para mi vida, compañero, estimable y amable utilitario. Nuestra relación es sincera, sin atisbos de patología alguna, cordial y comprensiva. Lo quiero y yo se que él, dentro de su piel de chapa y pintura, guarda su corazoncito y su alma que dicen lo mismo.

 

lunes 6 de agosto de 2007

SOBRE VILLARALTO. AGOSTO 2007

          Villaralto tiene escasos 1200 habitantes, enclavado en el centro de la Comarca de Los Pedroches, que disfruta de una serie de peculiaridades que lo hacen atractivo para el turismo de descanso y de naturaleza.
Es un pueblo pequeño y no muy antiguo, pero tiene un aire entre andaluz y manchego, una fisonomía particular con calles que radian desde los dos centros del pueblo, uno de ellos, la plaza de la Iglesia y el otro la plaza donde se encuentra la casona de Manolito Peñas y que da nombre a la misma. Estos dos centros sociales y económicos están unidos por una calle, la Calle Buensuceso, situada en el centro neurálgico del municipio. La construcción típica es una casa con un pasillo central , en torno al cual se disponen las dependencias a izquierda y derecha, desembocando normalmente en un salón - comedor y cocina. Al final se encuentra el patio o corral, que antiguamente se usaba para criar animales de pico e incluso cerdos y bestias para la tracción del carro o del arado. En Villaralto nos vamos a encontrar con varios rincones que merecen la pena visitar: Junto a la plazuela de la iglesia, que es más bien un ensanche de calle, nos encontramos con el rincon donde se ubica el Museo del Pastor, en una placita coqueta, dispuesta para el ocio, con una fuente a ras del suelo y plantas olorosas, al estilo de los patios cordobeses. Hay varios bancos de metal fundido desde donde podemos contemplar la torre apuntada de la iglesia de San Pedro. Al sonido cantarín del agua, he pasado más de una tarde leyendo. Podemos bajar desde las proximidades, la calle San Pedro y buscar la salida del pueblo en dirección a la Ermita de Santa Rita y desde allí, subir por la carretera de Dos Torres, para llegar a un alto desde donde podemos contemplar una vista panorámica del pueblo desde su lado este. Al atardecer, este recorrido y las sensaciones que se viven, son espectaculares. Domina el granito por doquier, ya que Los Pedroches se asientan sobre un plutón granítico y constituyen el borde meridional de la meseta central, que nada tiene que ver, geológicamente hablando con los suelos del Valle del Guadalquivir, más arcillosos y calizos. Villaralto es pueblo de pastoreo en su antigüedad y dando testimonio de ello nos encontramos con una exquisita carne de cordero. También se cría el cerdo y podemos acercarnos al bar Moreno a tomarnos una ración de lechón, que se nos hace la boca agua. También es conveniente dar cuenta del bacalao rebozado con un color amarillo y una pinta de lo más suculento. En los meses de frío, cuando voy al pueblo, me suelo dejar caer por allí en esas mañanitas otoñales de solecillo amable, para empezar el día con un cafetito y una tostadita acompañados del periódico que llega a diario al local. En Villaralto vamos a encontrar tambien callejuelas y plazuelas, que no plazas amplias, donde el jardín y las plantas tiñen de color la belleza gris de los granitos del suelo de la calle, dinteles y jambas de las casas. Son placitas acogedoras, daros un paseito al anochecer e incluso en las tibias noches y lo comprobaréis. Son lugares para acudir incluso solo a sentir la amabilidad del pueblo, su belleza simple, eterna, pétrea. Y también os recomendaría que entrárais y saliérais del pueblo constantemente, en una rueda mágica que nos ofrece la posibilidad de ser expectadores y actores simultáneamente.

jueves 16 de agosto de 2007

AGOSTO. AGOSTO 2007

  Como suena este mes !. Y sobre todo en Sevilla.

Derramo mi ocio veraniego en este estío algo atípico, de noches fresquitas. Entra el aire por la ventana de mi habitación al mismo tiempo que sobrevuelan sobre mi cuerpo semidesnudo, los mosquitos hambrientos. En el salón, el ordenador portátil no duerme. Chicho, enroscado y fiel, reposa silencioso sobre su mantita almohadillada. Cae la noche. Son la una y media de cualquier madrugada de agosto. La espesura del aire es más leve este verano y también lo es los efluvios del río. Este agosto es, viajes a Jarandilla, paseos al parque y a la piscina con mi hijo inquieto, algún ocio pasajero, algún viaje, algún día de playa, los menos, algún bricolage, mucho tiempo frente a la pantalla del ordenador, sueños.

                                                 miércoles 22 de agosto de 2007

 

PISCINA. AGOSTO 2007

Como te arrojas, hijo mío, al agua que te originó!. Y como disfruto viéndote volar, captándote con mi cámara justo en ese momento, hacia el frescor de la piscina. Con tus manguitos de aire, como plumas, como un ave. Y luego, luchas incansable con unas manitas aún torpes y las piernas tensas, hacia la orilla. Y la agarras, con desesperación y te subes y te vuelves a tirar. Yo te veo con esa agonía y ese esfuerzo y me emociono y me alegro. Dentro del agua, con tu cuerpecito fresco, frío y tembloroso después, trato de alcanzarte y abrazarte. Luego, la toalla y de nuevo, ese juego de agua. Qué gracia es verte así, sostenerte con tu cabecita fuera, como un muñequito sobre el agua, al que le hubiéramos dado cuerda por mucho tiempo. Eres todo para mí, mi pequeño secreto de agua !

martes 28 de agosto de 2007

BAJO LA CATALPA. 29 AGOSTO 2007

Bajo las catalpas y los plátanos, corres sobre la hierba. Como se oye tu griterío y como al correr detrás de tí, casi al alcanzarte, te paras, riés, nervioso, tenso. Te echo sobre mis hombros y te llevo como un costal. Pero me apetece lanzarte así, arriba, de fondo de cielo. Bajo las catalpas pasas esos momentos felices de tu niñez. Un postre de yogur y helados, tu  boca sucia, alrededor de los labios. 

miércoles 29 de agosto de 2007

SEPTIEMBRE. SEPTIEMBRE 2007

Te digo: - " Carlos, dame un besito donde papá no pincha". Y entonces tú, con un gesto conmovedor y sentado sobre mis rodillas, me dás un beso en el cuello, inclinando tu cabeza y notando tu olor a infancia, fragante y sudoroso. Se inicia el otoño entre tus brazos, entre el columpio y las calles casi desiertas de Jarandilla. En el parque, todo está a punto para rendirse ante el amarillo, ante la caída, ante la inercia y el ciclo del año, una vez más. Subes al columpio con dominio, con seguridad y el soporte de las cadenas del asiento, hace un ruido tradicional, un chirrido de rueda de carro o de caldero de pozo. Vuela mi niño como en una barca aérea en su recorrido de columpio. LLega hasta mis brazos y luego marcha su aleteo hacia el cénit, para verlo llegar de nuevo, bajando y subiendo sin fin durante algún tiempo. Ha llovido y la tierra sujeta el polvo con el agua. Hemos ido a la garganta a tirar piedras y a salpicar un poco. Qué tremenda emoción sientes al arrojar esas piedras de la orilla a los charcos inmediatos. Las piedras gordotas y pesadas son las que más te llaman la atención. Y caminas con ellas sobre las lanchas del río, para arrojarlas al agua cristalina. Yo te observo desde cierta distancia. De vez en cuando y para una foto, te pido que me mandes un beso desde lejos y lo haces dándole un toque de gracia y sonido. Veo que amenudo te salpicas y tu camisa se tiñe de la brevedad pictórica del agua. Entre la espesura de las hierbas y la maleza de mi terreno, hemos comido manzanas. Son las primeras manzanitas entre amarillas y verdecillas que dió ese manzano que planté el año pasado. Entre la maleza, abriéndome paso como podía contigo en brazos, hemos comido manzanas. Me sorprende que te gusten. Marcados en la fruta, veo la señal de tus mordiscos, unos pequeños bocados con los que te vas comiendo la fruta poco a poco, llenándote con pequeños trozos, la comisura de tus labios. Te he dejado tirar piedras sobre el pozo, sobre la plataforma de hierro que lo cubre. Allí, mirándote, viéndote tirar piedrecillas al arroyo, me brillan los ojos de felicidad. Pero , qué cariñoso y amable eres a veces y otras, ay !, qué travesuras rondan tu mente. Fuimos a beber agua al pilar de la plaza, justo antes del museo etnográfico. Allí, sobre una cubeta de piedra granítica, cae un chorro de pura agua que demanda bocas sedientas. Cuando me he arrimado para beber, una piedra ha caído a mi lado y me he salpicado todo. Te reías con cinismo e hironía. Como un niño capaz de sorprenderse por el gesto de asombro. Una araña de plástico bajo la cama, unos ojos de buho simulados con los dedos.....Todo forma en tí un universo de sonrisas, cuentos, sorpresas. Septiembre está fuera, en los colores y en la luz, en ese colegio que empezaste, en esos libros que estrenas, en esos cuadernos, en esas pinturas. Otra vida te espera en los patios y en las aulas de las escuelas. Vive, como vives, alma mía, al viento, siempre al viento, como un columpio que no cesa de subir.

 

lunes 24 de septiembre de 2007

CUMPLEAÑOS FELIZ. 6 OCTUBRE 2007

                  Tres añitos ya. Un número 3 en cera roja, reinaba en el centro de una tarta de limón. Nos hemos reunido amiguitos y sus familias, el sábado por la tarde y en una sala del hogar del pensionista, para celebrarlo. Compramos dos tartas, una de frutas que comimos el domingo y otra grande de limón que ponía " Felicidades Carlos". Cumples tres añitos entre juegos, llanto de nervios, niños jugando, bicicletas con ruedecitas por todos lados y colores, muchos colores. Cumples tres años en compañia de mamá, papá que te infló unos cuantos de globos, amiguitos y gentes conocidas. De Sevilla te traje una "nave espacial" de color rojo, con muñequitos. Mamá, una bici con ruedecitas detrás para no caer, pero que tiene problemas de estabilidad. Fuimos a celebrarlo y al final, hubo piñata, golosinas que se caen al suelo y niños luchando por coger alguna. Te conformaste, sin embargo, con un lápiz sin punta de color rosa y con ese trofeo, te apartaste del barullo. Soplaste entre llantos, la vela con el tres, tras el feliz cumpleaños de los asistentes y la apagaste en varias ocasiones con ese soplo de aire acompañado de saliba. Ibas y venías con la bici de Francisco y con Francisco con la tuya y nos llegó la noche allí. El ocaso de octubre fué delicioso y el regalo que te traje tuvo su éxito entre los niños, como una casita de muñecas. Tres años como tres soles: en el terreno coloqué el tercer arbolito. Esta vez un laurel que compré en un vivero de Sevilla. Un laurel como un laureado niño que juega, fluye, corre y vuela, como una cometa. Fuimos el domingo a la garganta de nuevo y de nuevo al lanzamiento de piedras sobre el agua. Tres añitos, tres, para mi niño triangular: mamá, papá y en medio ese vendaval de vida. Felicidades, amor, felicidades y gracias una vez más por darme esa piñata de felicidad, esas golosinas de emoción.

martes 9 de octubre de 2007

CARTA A CARLOS. SEVILLA 22 DE OCTUBRE 2007

          Recibí tu alegría en el frontón. El viernes, con los árboles amarillos y el aire fresquito de otoño aún seco, llegué desde Sevilla para abrir mis brazos a tu carrera. Estabas con Maite, sus gafas de sol, su delgadez, su pronto serio.... Nos fuimos a volar al columpio y a recoger alguna piña pequeña abandonada sobre la hierba. Mamá está de viaje en Barcelona y hemos pasado gran parte del fin de semana juntos y solos. Hemos ido a casa y he procurado seguirte en el juego. Una cena pequeña, un sueño que te cuesta conciliar, el relajante biberón, que prefieres que te lo dé yo. El sábado por la mañana , nada más levantarnos, baño y a jugar un poquito con el tren de madera, las vías imposibles, los descarrilamientos frecuentes... Hace un día de sol, un día de esos de otoño que apetece ir dando paseos y más paseos. Por la tarde, tras una siesta excesiva, fuimos a Losar. En la garganta de Cuartos, he sido muy feliz viendo como arrojabas piedras gordotas sobre el agua bajo el puente y mientras, sentado en una piedra granítica enorme, te observaba y observaba el horizonte de bosque, de agua, de piedras y el puente. Todo ello y tú juntamente, en una armonía perfecta. Solos o casi solitarios en el entorno, hemos ido hacia el molino de piedra derruido, bajo la madreselva húmeda y sobre los pedregales. Yo te cogía en brazos e íbamos saltando de piedra en piedra hasta la otra orilla. Caía la tarde, tirabas piedras, encontramos un columpio. Te dije que los niños en el campo y por la noche, se pierden si van solitos. Y esto se te quedó grabado y lo repetías cuando podías. Verte así, niño mio, hablando casi de todo en ese mundo mitad de sueño, es recordar. La despedida cierta del domingo: bajas la mirada sobre la cama y me preguntas : Por qué ?. por qué me voy a Sevilla ?. Prefiero dejarte con un beso al aire y una sonrisa en tus labios. Pero al cerrar la puerta se me queda grabada esa pregunta y ese beso que devuelves deprisa. 

               lunes 22 de octubre de 2007