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feranza

Semana Santa en Villaralto

Bueno, ahora todo ha pasado, pero ha sido intenso. El miércoles santo viajé a Jarandilla. La Semana Santa está en la calle y hemos visto pasar las procesiones. Estamos en La Palmera. Desde allí se ve la gente pasar por la calle Ancha hacia arriba, acompañando a la procesión. El jueves por la mañana nos hemos ido al pueblo, tú y yo solos. Es la primera vez que vamos solos allí. Hemos parado en la isla, en medio de las aguas crecidas del embalse de La Serena. LLevo tus cosas en el maletero y tus juguetes en una caja de plástico, un montón de dragones alados y la nintendo. Con esto te entretienes durante el viaje. Al llegar a casa, ya estaba Toni y el abuelo y los demás allí. Por la tarde llegó Maribel. Hace un tiempo variable.

Hemos ido al cementerio: Maribel, Toni , tú y yo. Pasamos junto a la tumba de la abuela Pepi, mi madre, con su cara de ternura en la foto sobre la lápida. En el cementerio, juegas con el primo.

Has pasado mucho tiempo con él, en el sofá, en el patio, jugando a la pelota y a la nintendo. Por la calle, alrededor de la iglesia, juegas con él y con Pastora. Jugáis al fútbol o a correr. De vez en cuando salgo del bar para encontrarte y vigilarte.

Hemos ido también a la romeria, al recinto junto al río Guadamatilla, que parece un lago y sus aguas llegan hasta el camino, separadas por un muro de piedras. Hemos ido a dar un paseo todos juntos hasta el otro lado del puente. Bajo las aguas se oculta el antiguo puente mucho más bajo. El primo Toni, Pastora y tú, os entretenéis abriendo un agujero en medio del camino, un agujero por donde ha entrado agua después de la subida del río, como si fuera en la playa. A su alrededor, colocáis piedras. Os veo muy afanados en esto. Damos un paseo hasta el puento y luego volvemos a casa.

El domingo hemos ido en coche hasta las Minas del Soldado, de plomo, en Villanueva del Duque. Maribel, El primo Toni, tú y yo. Es un lugar abandonado, donde aún permanecen instalaciones mineras y una antigua estación de ferrocarril de tiempos de la explotación. Es un paisaje casi lunar, con montañas y llanuras. Todo es gris y se presta para la exploración. Has recogido una roca de cuarzo para regalo a mamá. Hay una gran chimenea de ladrillo, redonda. Hemos cogido algunas piedrecitas de obsidiana, piedra volcánica. Después hemos ido a El Viso, en la plaza donde ponen los toros y en el subterráneo, han habilitado, para la visita, los antiguos pasillos del refugio durante la guerra. Es curioso.

Por la tarde , Maribel se fué y nosotros hicimos el viaje hasta Trujillo, donde esperaba mamá. Te has quedado dormido un rato en el asiento de atrás, apoyando tu cabecita en una caja de plástico, donde guardas los juguetes con decenas de dragones alados. Me da una ternura infinita verte ahí atrás, dormidito. He parado el coche, cerca de Capilla y te he colocado bien, tendido en el asiento, pero te has despertado ya. De vez en cuando me dices: " Papá, ¿ Qué pueblo es este?. Y yo te contesto: Madrigalejo.  " Cuántos pueblos faltan? " Y yo te digo, - " cuatro ". Entonces, miras por la ventana y vas viendo el paisaje según se presenta, como en el cine.  Hemos parado en Zorita para echar gasóil y te bajaste del coche enseguida, ágil, para buscar un helado en un expositor. Cuando la vendedora te dijo el precio, ( un euro ), dijiste : " Qué barato ! " y eso me hizo gracia.

Hemos pasado tiempo juntos, que es lo que importa. Besitos , mi niño.

En bici por Pueblonuevo del Guadiana y Alcazaba. Florece abril

EL presente es como el sombrero de un mago. Vas descubriendo dentro de él, misterios y pistas que te conducen a una sucesión de nuevos presentes por donde caminas. Esto es como caer en un pozo, como ir avanzando en una dirección, pero sin ningún sentido. Es lo mismo, aquí que allí. Lo importante es sentirse bien en ese “cada momento”. Una realidad teñida por ti, inventada por ti , conduce a otra, como colocar andamios. Eso lo he vivido esta tarde cuando paseaba en bici hacia los pueblos de colonos de las Vegas Bajas, cerca de Talavera la Real. Yo iba pedaleando, al principio sin apenas ilusión y casi sin ritmo, por el viento de costado y algo bajo de forma tras las vacaciones de Semana Santa. Pero dejé la carretera que conduce a Talavera tras pasar el Badén Talavera, y una carretera sin arcén que sale a la izquierda, cogí un camino de esos anchos y frecuentados por vehículos de todo tipo, que al pasar, dejan una polvareda enorme. Bueno, ni que decir tiene que la tarde ha sido un suspiro, lo que se dice, una hermosa tarde de abril primaveral. Los campos, aún con la humedad retenida de las lluvias, exhiben un verde brillante, pulido. En la pista de tierra, al margen izquierdo, he encontrado un hermoso pino. Una hermosa y viva criatura con una estructura vegetal envidiable. He llegado a un cruce y atravesado Pueblonuevo del Guadiana. Un pueblo blanco de colonos a la margen derecha del Guadiana.  Al pasar el pueblo he continuado por una carretera que por un puente, atraviesa el trazado de las vías del futuro AVE. Me he parado para hacer fotos . Luego, como digo, la tarde se ha mostrado amable y el campo, como algo lleno de curiosidad y amabilidad. Los olores de las flores de los frutales llegaron a mi olfato para decirme que este es un buen lugar.

Os bañábais desnudos. Primera noche en Losar. Finales de marzo de 2010

“Ha sido muy bonito.

He disfrutado de todo ello

 sentado en una piedra. “

De nuevo, un finde juntos. He llegado como de costumbre el viernes con mal tiempo. Comienza la Semana Santa, sobre todo para ti, que ya no vas al cole durante diez días. Así es que he llegado y hemos ido al Gante, como de costumbre también. El viernes ha pasado sin pena ni gloria sino fuera porque me tenías guardado tu regalo por el Día del Padre del pasado viernes. Así es que cuando llegué a casa, me diste un llavero color azul oscuro con la figura de un oso y tu nombre grabado. Es un llavero que huele a tinta y que está fabricado a mano. Eso por un lado y por el otro, una postal en amarillo donde hay escrita una poesía sencilla y en algunos huecos has completado con palabras escritas por ti. Así que esta es la primera vez que lo haces y ya sabes leer casi todo y escribir también. Estoy muy orgulloso contigo.

El sábado estuvimos en la finca por la mañana, tratando de quemar algunas ramas y luego, paseando por los alrededores. Más abajo, junto al arroyo, hay un terreno no cultivado, que acumula pasto y donde se ha estancado el agua.  Después hemos ido a Talayuela, al parque de Los Pinos y antes a su cementerio. En el parque de Los Pinos apenas hay animales y nos hemos desilusionado un poco. Te has columpiado un poco y mientras hablaba con un señor, te he visto buscar en la mochila y abrir un libro: “Muchas vidas, muchos maestros “ de Brian Weis y que me prestó Maribel. Te ha caído un poco de baba en una página y al intentar quitarla , se ha roto un poco. Bueno, ha sido emocionante verte con un libro en las manos. Me gusta esa actitud. Luego hemos ido a comer a un lugar llamado “ El Refugio “ . Nos  pusieron arroz a la cubana y merluza con patatas. Luego te comiste un helado y nos fuimos a Losar a dormir un poco la siesta. Bueno, tú te quedaste viendo dibujitos en la tele , en el sofá. Hemos ido por la tarde a Jarandilla, de nuevo al Gante y Raúl, el padre de Quique, me dijo que él estaba en una fiesta de cumpleaños en la calle Cáceres, donde viven los padres de Raúl y allí hemos ido, también con Luka. Así es que has jugado en la fiesta con otros niños.

Por la noche, en el Gante con Luka, pues están allí sus padres. Tanto es así, que al final se ha venido a Losar, contigo, los tres, a dormir allí. Tu sorpresa ha sido mayúscula y todo te parece emocionante. He abierto una cama abatible en el salón y allí os he acomodado. Mientras, os he puesto dibujos de la Abeja Maya, como los que veía yo cuando era pequeño y es lo único que tenía por ahí de vuestra edad. Habéis dormido juntos en la camita pequeña y yo, en la habitación, pero a media noche, os he oído hablar, así es que me he despertado y enseguida has aparecido en mi habitación pues te daba miedo la oscuridad. Luka se quedó en su sitio y estaba conforme, pero tú de pronto, me agarraste con fuerza y no te separaste de mí en toda la noche. Por la mañana, sobre las diez, nos hemos levantado y mientras véis los dibujos, os preparo leche con colacao y galletas.

Después y siguiendo la marcha, hemos ido a Jarandilla, a la finca. Trotáis por el campo, entre los terrenos arados y el día tan bueno y caluroso que hace, como dos cachorros. Caminando entre las fincas, por el lindero, hemos llegado hasta la garganta. Un lugar escondido que ya conocemos de otras veces. Asi es que os veo correr hacia el agua y me preguntas si podéis bañaros. Veo el tiempo que hace y apetece,pero el agua debe estar muy fría, así es que dudo, pero vosotros no y os quitáis la ropa corriendo para meteros en el agua. Alucino mirándoos sentado en una piedra, en manga corta, pero vosotros , adentrándoos en el cauce de la garganta. Incluso, os he lanzado hacia una pequeña hondonada que forma el cauce y donde la profundidad es mayor.  Al salir del agua, camináis de piedra en piedra como dos perritos. Me he quedado tranquilo, observándoos y de paso, sintiendo el agua caer desde la montaña nevada aún hacia abajo. Es un ruido de vida y vosotros, desnudos, vosotros, dos críos, tan inocentes, con tan pura amistad… De vuelta, hemos parado a comer en la Abuela Polina con los padres de Luka y familiares. Me has dicho: “gracias , papá, por la noche “.

 

A Guadajira en bici. Tarde de marzo, de finales de marzo

Iba solo , sobre la bici. En el espacio, en el cambio de espacio, me llegaban olores al campo, a los cultivos, a la tierra abierta, a los frutales en flor. En medio de ese espectáculo, me dejaba llevar por el pedaleo, como una barquita en un canal. Así sentía que estaba vivo, que era más vivo que antes, que estaba siendo protagonista de una historia escrita  sobre la marcha, como un cortometraje que acabara de escribir. 

Me llegaba la tarde, el ocaso, como una rosa recién abierta. Entoces, abría los sentidos y casi me volvía loco, loco y solo , pero con una locura redonda, como una piruleta sin palito. Y en medido de todo eso, en un momento dado, como quien saca agua de un pozo, me acordé de tí, y cogí mi teléfono y te llamé. Eso fué todo. Te llamé porque quería sacarte de alguna manera de tu peluquería o mejor, quería que dentro de tu peluquería olieras lo que yo olía, vieras lo que yo veía y a fin de cuentas, enloquecieras con todo ello, como yo lo hacía. Sobre la bici, además, y con la humedad del ocaso, con este paisaje sereno, pude recuperar algunas cosas de la adolescencia, lo más íntimo, lo más fino. Me sentía de nuevo sobre ese mundo particular de lo inocente, salir a no hacer nada, tan solo y tan grande como pedalear , moverse, oler, oler, y sentir, sintiéndome vivo, sin más aditivos. Dejar la bici al lado del camino, tan simple, y hacer una foto a cualquier lugar, a cualquier cosa que pudiera sugerirme ese momento, en una caza continua de luz y colores. El paisaje me recuerda el olor, nada más por eso, nada más por esa sensación, quise tenerlo en una foto, pero ahora pertenece a mí, yo lo he inventado y me alimento de él.

Talavera la Real, 23 de marzo de 2010

En el Cerro del Toro. Motril

Está lloviendo. No, ahora no, pero como si lo estuviera, ya que consigo meterme en ese recuerdo contigo, en esos instantes en los que ascendíamos por el Cerro del Toro para elevarnos sobre uno de los techos del monte y ver Motril y sus casas desde lo alto. Al fondo, los barcos parados en la costa y una línea de playa. Hay bruma y llueve. El agua nos pega detrás, bajo los paraguas y nos moja. Subimos por un terreno escarpado del cortafuegos. Al llegar a una altura, comienza un sendero zinzagueante y continuamos la subida hasta la cumbre. Tenías ganas de venir aquí, me dijiste. Y en realidad, la forma de la montaña y su accesible cumbre nos invitaba. Es un camino de pinos lo que dejamos como antesala y allá abajo, se ha acondicionado todo para el acceso a la mina. Detrás dejamos más sierras y más desafíos, pero ahora subimos juntos bajo el paraguas. Este presente es el que nos interesa y sobre el que hablamos. Subimos y gozamos, llenamos nuestros pulmones de aire y algo de sudor, pero sobre todo importa el aquí. En la subida y aún en el llano, disfrutamos del perfume de los romeros, de las pequeñas jaras florecidas, de los pinos sudorosos con la lluvia y la humedad. Subimos cogidos de la cintura, como un paseo vertical. Uno detrás de otro cuando el sendero se estrecha, pero sobre todo, subimos sonrientes y maravillados por este ejercicio, por este camino, por esta cumbre que parece que alcanzaremos en cualquier momento y porque todo esto: ejercicio, camino, cumbre y esfuerzo estén tan cerca, tan cerca de tu casa, de nosotros, de esos lugares donde vamos dejando migajas de pan para no perdernos. Parece mentira, pero estamos allá arriba y enseguida, has pensado que ese sería buen sitio para pasar una noche. Mientras lo pensabas me lo decías y yo lo ratificaba y luego pensamos en cómo sería despertar aquí, con estas vistas. Como cuando estuvimos bajo el puente de hierro sobre el río Guadajoz o en cualquier otro lugar. Sentimos la necesidad de permanencia, eso me gusta, ese es el camino. La necesidad de estar, esa convicción de que esto que nos ocurre, hoy, el domingo pasado, es lo mejor que nos puede estar pasando. Y sobre eso he hablado y mirándome, te brillaban los ojos. Ya sabes lo que siento por tí. Antonio

En Robledillo de la Vera. Florecen las mimosas.

El viernes te vi jugar al fútbol en la pista polideportiva cubierta de Jarandilla. El partido comenzaba a las seis de la tarde y duraba media hora  repartida en dos mitades de quince minutos.  Fueron dos encuentros, el primero contra un equipo de Talayuela, de niños algo mayores y el segundo con chicos de Jarandilla. Ibas vestido con equipación roja como la de la selección española.  Te animábamos desde la grada. Hacía mucho frío y llevabas leotardos debajo. Cuando te llegaba la pelota le dabas una patada, pero no luchabas por ella y eso me gustó.  Te veo correr dando saltitos despreocupadamente por toda la pista. En el segundo partido metiste un gol al principio y eso te alegró. Creo que te gusta más la participación que la competición.

El sábado fuimos a la finca a quemar. Eso nos gusta mucho, verdad?. Así que cogimos cartones y dimos fuego a los rastrojos y quemamos dejando cenizas en el suelo encharcado aún por la lluvia. Hace un buen día y hemos disfrutado de estos momentos. Mientras me paro a hablar con el vecino, con Mateo, que se encuentra con el tractor pasando los discos al terreno, te entretienes con la tierra haciendo un surco y llenándote de vida en tu juego solitario y eterno. Te miro mientras hablo con él, para vigilarte un poquito, pero sé que en este lugar estás seguro.  Más abajo del terreno, hay un prado con rastrojos y hierba seca, que también hemos quemado en parte. Al lado, corre el arroyo incluso haciendo un rumor en una pequeña cascada. Me pides el mechero o bien me registras el bolsillo para encontrarlo y luego, con tus manitas, lo enciendes para quemar.  Te lavo los mocos en el agua de la regadera. Te digo, ¡ sopla fuerte! Y entonces, te lavo , escurriéndote la nariz con el agua y nos reímos, nos reímos de veras, con ganas y con inocencia de vernos en esa situación.  En el camino, al lado, un borrico con una cuerda larga, come y reposa en un pradito. Hemos parado el coche y te acercas tímidamente al animal con quicos en la mano para darle de comer, pero cuando te aproximas, te da miedo y te retiras, cayéndose los quicos al suelo. El animal acude de nuevo en busca de comida y le hemos partido unas almendras para darle algo. Almendras y caramelos , que come, haciendo ruido con la boca.  

Me alegra ver la mimosa del terreno florecida en amarillo  y la que coloqué en la garganta, junto a la zona de baño, en igual trance. Me alegra su color que destaca frente al pálido aún del robledal.

Hemos ido a Losar, a jugar en el parque, en los juegos infantiles. Te lanzo en el columpio y el suelo está blandito, así es que podemos tirarnos a él, jugar a perseguirnos o a esconder y luego, acabar en el suelo, dándonos un revolcón. Hace un solecillo espléndido y se está muy bien en la calle. Hemos ido a comer al restaurante El Vadillo, en la plaza del Ayuntamiento. Menú a 10 euros: Migas y secreto ibérico con patatas, que comimos entre los dos , bueno, pero no al cincuenta por ciento cada uno, sino más bien, yo un 70 y tú un 30 por ciento. Luego te pediste helado de vainilla en una copa metálica y fuimos a casa a echar la siesta. Te acomodo como puedo dentro del saco de dormir, con almohada y en el sofá, así que en esta posición puedes ver en la tele los dibujitos.

Como por la mañana pasamos por Robledillo y viste el cementerio en la entrada, me sugeriste que te llevara allí, así es que dejamos el coche en el pueblo y subimos caminando por los depósitos de agua, por un camino al principio y luego entre los matorrales, con Chicho perdido oliendo y nosotros quitándonos los ramajes de encima. En medio de todo esto, te has subido por una pared de piedra y en sentido que estabas feliz conmigo. Me has dicho : ¡ Papá, estoy muy bien contigo!. Y entonces, te he cogido y te he mirado con igual ternura que tú, para demostrarte que yo también me siento muy feliz a tu lado. Te he grabado en video, leyendo las inscripciones poco a poco, despacito pero sin casi equivocarte. Mientras juegas con lo que te encuentras y Chicho persigue olores, me entretengo hablando con un señor que se llama Alejandro y que vivió muchos años en Francia. Su primera mujer está enterrada allí y hablamos sobre cosas de la vida, sobre los compromisos. Salimos del cementerio y caminamos de vuelta a Robledillo, por un camino donde hemos echado una carrera hasta el pueblo. Te caes varias veces y te cojo del brazo para levantarte. Estás cansado y me dices: ¡ Papá, cógeme!. Te cojo, por un momento, como cuando eras un bebé, a lo largo de mis brazos y tú te sientes un bebé y yo me siento .... bueno, me siento muy bien.

Hemos llegado al cementerio y te entretienes en leer las lápidas, con sus inscripciones y en cambiar las flores de plástico de lugar y colocarlas pegadas a la pared como un jardín improvisado.

Por la tarde fuimos al Gante, donde juegas con Quique y los niños.

El domingo hemos vuelto a la finca para ver lo que quemamos ayer. De paso, hemos plantado un par de arbolitos que cogimos en una finca cercana: un roble y una mimbrera, que sostuviste con tus manitas mientras le echaba tierra. Hemos ido al Gante de nuevo y de allí a la finca de Lucas , donde hemos comido.

El día de la Tormenta Perfecta y Maribel en La Vera

Todo orbita. También los recuerdos orbitan con ese rayo de luz que la memoria les presta. Todo es pasado. Me retiro de esta lucha para fijar mi mirada en un punto, perdida en la nada, en la bisagra de una puerta, en un suelo desgastado. .. Quiero hacerme presente en vosotros, en ti, en eso, en aquello. En todo lo que ahora veo, en las formas , antesala de su esencia. Me atacan desde arriba, sin piedad, los recuerdos. Algunos vienen disfrazados de melodía, pero son querubines de los rincones rosas de alguna habitación de doncella. Otros vienen por los caminos llenos de charcos, donde te resbalaste, como en aquel canal que cruza Valverde. Lloraste tras el cuerpo de Maribel, temeroso, asustado. Tus pantalones mojados, la cazadora también. Eres ahora mi recuerdo permanente, pero el presente me ata a esta silla de oficina. Escribo mirando ese pasado, pero el presente me ata a este lugar.

Quiero contarte tantas cosas……

El viernes fuimos una vez más al Gante. Jugaste de nuevo en la calle húmeda y nocturna con tus amiguitos del lugar. Te he visto tan solo con una camiseta de manga larga por el calor de tu actividad, entrar y salir, salir y entrar del local a la calle , de la calle, alfombra de tus juegos, al bar. Llueve, es tiempo de lluvia y no deja de llover en este invierno atípico donde no se va la humedad, donde corren ríos por donde solo había una pequeña cavidad y todo está siendo verde, de un verde intenso y jugoso, como una esponja de musgo.

El sábado nos fuimos desde Navalmoral a Plasencia en tren. Llevas en tu mochila unos muñequitos y la Nintendo para entretenerte por el camino. El tren pasa deprisa por los campos . En el cristal se estiran las gotitas de lluvia. Vas sentado frente a mí con tu bufanda liada al cuello. Llegamos a Plasencia y caminamos sin rumbo hacia el centro. Hemos atravesado un puente de hierro, junto al río Jerte que va repleto en su cauce y rumoroso al lado de los muros de piedra. Cruzamos ese puente y encontramos unos columpios encharcados. Te veo volar sobre el agua, como una gaviota, lanzándote hacia arriba como un péndulo. Estamos solos entre ese juego de viento y agua. No hay nadie con este tiempo en el día de la Tormenta Perfecta. Es 27 de febrero de 2010.  Hemos visto el arco iris completo sobre el río Jerte. Este sábado hemos alcanzado el centro de Plasencia subiendo por una escalera de piedra al lado de la catedral. La piedra se hace más viva con la lluvia, más presente entre nuestra vista, para nuestros sentidos; se amansa su solidez. Llegamos caminando hasta la plaza del Ayuntamiento y luego buscamos un sitio donde comer, un restaurante chino al lado del cine Alcázar. Hemos pedido varias cosas y después del pollo que te troceo, siempre quieres un helado, uno de esos que arriba, dentro de una cápsula de plástico como la punta de un iceberg, tiene un huevo de chocolate que esconde en su interior una sorpresa de goma. Te gustan estos helados por su sorpresa. Hemos  caminado hacia unos jardines donde hay unas hiedras que forman grandes hongos verdes debajo de los cuales nos refugiamos de la lluvia.

Ahora jugamos a encontrarnos, pero sin misterio en un lugar tan pequeño. Contamos hasta diez y salimos andando en busca de un lugar escondido. Te he subido a un columpio y arriba y abajo, subes y bajas para luego salir saltando, escapándote de las cadenas con un salto y caer de pie o de rodillas.

En el tren de vuelta te quedaste dormido con un paquete de galletas redondas en la mano. Me gustó mirarte enfrente mía, con tu cuerpo extendido entre los asientos, con tu bolsa de galletas en la mano, casi terminada y que quise quitarte para que no se te cayeran, pero que aferrabas a tu mano con celo.

Desde Navalmoral, hemos subido a casa para cenar y me fui a Losar para luego ir a recoger a Maribel que viene desde Motril y en tren desde Madrid.

El domingo te recogimos  para ir a Garganta la Olla, paseo por el pueblo, un antiguo molino de aceite abandonado al lado de la garganta, Garganta Mayor, fotos , agua, cascadas …. Luego, en el Monasterio de Yuste, donde entraste con Maribel y te esperé en la puerta hablando con Andrés, ese hombre de Aldeanueva que vende sus productos de su campo. Un hombre que pronto cumplirá 80 años ( el 14 de julio ). Al salir, hemos ido a ver el cementerio alemán de Cuacos de Yuste, que ya conocías. Todo es silencioso. Entre las tumbas cogiste una piedra que guardo en el coche como un tesoro. Tus manos estuvieron en ella y ahora ella es un ser vivo, como tú. Maribel me dijo que tiraste una moneda en un pilar del Monasterio para pedir un deseo y que ese deseo era tener una casa con piscina.

Hemos ido a Losar, al Brezo , a comernos una pizza entre los tres y también alitas de pollo fritas. En el bar hay una mujer de Rumanía que se llama Violeta. Después de comer hemos ido al piso a dormir un poquito la siesta. De mi armario saco un saco de dormir que he usado muchas veces en mis viajes y con una almohada, te tumbo en el sofá , con tus dibujitos en la tele y con unos muñecos que te trajo Maribel. Has pasado toda la siesta allí, hablando de vez en cuando , recreando una conversación tú solito. Después del descanso hemos ido a Valverde, para subir por la Picota hacia arriba al Castillo, bajar por una de esas calles antiguas y tomar algo en un bar de la plaza. Después hemos bajado hacia la ermita. Surca la calle un canal por donde corre el agua. Te gusta jugar con ella. En la puerta de la ermita hay varios cirios rojos encendidos. Los has apagado y luego, tu sonrisa picarona. Así hemos tenido que encenderlos varias veces.

Vamos caminando por las callejas orgánicas de Valverde. Hacemos fotos a cada rincón y con la cámara de Maribel, te hemos grabado varios videos, donde juegas y haces muecas con la boca y los brazos y las piernas y todo el cuerpo. Nos hemos reído de tus posturas. Por ese laberinto de callejas hemos ido a parar a la calle principal y allí, te has resbalado en el surco con agua y mojado la gabardina y el pantalón. Te escondes asustando detrás de Maribel y enseguida hemos vuelto a Losar para secarte el pantalón, mientras esperas metido en el saco. Después de eso hemos cenado un poquito y jugado los tres en el sofá, a bajarnos la ropa. Te muerdo las nalgas, dándote bocaditos, de tan tiernas que son.  

Luego te llevamos a casa y a la vuelta, con lluvia, paramos Maribel y yo en el bar El Pilón, para tomar algo e irnos a casa a dormir.

El lunes por la mañana fuimos a la finca, después de comprar un arbolito “liquidámbar” en el vivero de Jarandilla, para plantarlo allí en memoria de la visita de Maribel. En esos momentos tú estabas en el cole. Llueve a ratitos y a ratitos, sale el sol buscando su lugar. Después de enseñarle la finca, hemos ido a El Guijo, por la carretera antigua y allí hemos comido. A Losar y a Navalmoral. Ella ha cogido su tren para Madrid, y yo regreso a Talavera. Hay una enorme luna llena y por la noche, cuando hablé contigo, me hablaste de ella.

En Monfragüe. La felicidad nos deja su perfume

Es época de carnaval. El lunes y martes los he tenido libres por las fiestas en Badajoz, asi que he viajado a Jarandilla el viernes por la tarde para estar contigo. Recuerdos escenas de estos días, escenas sueltas que agrupadas quiero recordar ahora. El sábado fuimos a Cuacos de Yuste por la mañana, ya que allí, cerca del Monasterio de Yuste, en el centro medioambiental, se han dado cita voluntarios de Adenex para reforestar y desbrozar una zona, con carácter educativo. Han acudido personas que ya conocía y pensé que te iba a gustar. Nos hemos bajado del coche frente al albergue y caminado un poco con varios sachos que nos dieron para cavar. Mas abajo he saludado a gente que conocía y te has puesto a trabajar con tu herramienta, pero como en esta parte hay pocos niños, hemos cambiado de sitio y por fin has logrado integrarte un poquito con otros chicos que vienen con sus padres. Hace bastante frio, pero el cielo nos respeta sin lluvia. Has estado enredando un poco con las hierbas, cortando y manejando el sacho para hacer agujeros, jugando con otros niños. A la hora de comer, hemos vuelto al albergue, cogiendo nuestra bandejita y luego has estado echando la siesta en una litera en la planta de arriba, en la habitación 14. Alli te veo descansar, entre sabanas, dormido. De vez en cuando voy a verte, sigues dormido. Todos se han vestido para ir al carnaval de Jaraiz. Hemos salido con ellos, en nuestro coche. Por el centro del pueblo pasan las murgas y comparsas en una coreografia con música. Cuando han pasado, los peatones hemos invadido la calle central y hemos recorrido toda la avenida hasta que nos cansamos y nos fuimos a Jarandilla.

El domingo estuvimos en Monfrague. Es la primera vez que hacemos una ruta tan larga solitos. Paramos primero el coche junto al rio Tajo, al lado de la Fuente del Frances, después de visitar Villarreal de San Carlos, que es un pueblo cambiado a favor del turismo, completamente reconstruido con cabañas de piedra y techo vegetal. Hace un frio horrible. Chicho viene con nosotros. Subimos el sendero que conduce al castillo de Monfrague. Es un sendero húmedo, casi una galería en medio de la vegetación de todo tipo. Subida prácticamente en todo el trayecto y unas vistas impresionantes. Alla arriba, las ruinas del castillo y como única superviviente su Torre del Homenaje. Nos ha costado, pero al final hemos llegado. Chicho se quedo abajo, esperando nuestro regreso. De vez en cuando te paras para jugar con las piedras, arrojándolas por la pendiente y para descansar. Me preguntas por cosas que te sorprenden, por tus cosas. Hemos visto buitres volando alla arriba, en el cielo, sobre la escarpada pendiente y las rocas. Alla abajo, el Tajo transcurre haciendo eses. Subimos con el viento por las escaleras de piedra hasta el lugar del castillo. Hemos subido a la torre por un pasadizo muy pendiente entre un bosque mediterráneo de galeria, muy tupido y húmedo. A veces te dejo atrás, quieres alcanzarme pero cuando lo haces es tan solo por unos instantes. Ahora, cuando escribo esto, me pregunto: " Por qué no me quedé atrás contigo. Por qué ese empeño de subir a toda costa, por qué ese caminar con prisa, por qué esa ambición, ese desafío. Hubiera parado contigo a tocar la tierra, a arrojar las piedras contigo, a sentarme contigo en aquella roca, bajo aquel matorral, bajo aquel madroño, en medio del camino deteniéndome de una vez. ¿Qué ganamos llegando antes?. Ahora me remuerde la conciencia ese tiempo perdido solo, subiendo, mirando a no sé que lugar allá en lo alto, mientras tú te quedabas jugando detrás, sin prisa, quieto, mírame papá, preguntándome: ¿ que es esto?, ¿ qué pasa con aquello?.¿ donde están los huesos que arrojaron los buitres?. ¿ Por qué no hemos ido a buscarlos entre la maleza, las rocas, el estrecho camino ?. .....Tienes la sabiduría en tus manos. Yo soy un ignorante a tu lado, un verdadero necio !. Allá en lo alto, hemos abierto los prismaticos y observado las aves cuando pasan encima de nuestras cabezas. Hay mucha pendiente y tengo un poco de miedo que te caigas, pero tomas tus precauciones y eso me consuela. A veces te orillas demasiado y te atrapo de la bufanda para evitar riesgos. En las escalinatas de lo mas alto de la torre hemos comido de lo que llevaba en la mochila: bocadillo de carne y otro de salchichón para ti, de lo que nos dieron ayer en el centro medioambiental de Cuacos. Se te han caído varias rodajas al suelo. Me he enfadado un poco, te has reido. Ahora, días después, entiendo con felicidad tu risa, pero en aquel momento, lo  he vivido como reprimenda por jugar con los alimentos. De postre tenemos manzana. Has comido un poco, a mordisquitos y dándole la vuelta al fruto. El resto lo he terminado yo. Nos cobijamos del frio como podemos. Hemos iniciado la bajada. Te paras a ratitos para jugar. La bajada es mas leve y al regresar, hemos encontrado a Chicho que nos ha recibido en el camino. Me sugieres que te haga fotos y te colocas entre los troncos sinuosos de los madroños. Hemos ido a Torrejon el Rubio, al hogar del pensionista, para tomarnos algo. Te he pedido un vaso de leche y un donuts. Juegas con una bolita de goma que sacamos de una maquina de petacas y además, varias canicas de cristal. Luego, has dejado las canicas encima de una  mesa y juegas con la bola de goma que correteas por todo el local. Te pones las manos asquerosas con la suciedad del suelo y te llevo al lavabo para limpiártelas. Al salir descubres que no están las canicas y lloras de puro cansancio. Vamos al coche y regresamos a Jarandilla. Te quedas dormido como un angelito en el asiento de atrás con la cabeza torcida. Te miro por el espejo retrovisor. Tengo un sentimiento de ternura y cariño tan grande, tan grande, que ahora, cuando escribo esto tengo que contener mis lagrimas de emoción porque estoy en la oficina y no es plan…..

El lunes estuvimos en el registro de la propiedad de Jarandilla. Estabas muy inquieto y es normal. Con el acaloramiento, perdi la paciencia y te di a la salida dos bofetadas. Hemos ido a desayunar a una pastelería que hay en la avenida. Luego, a Jaraiz, al BBVA. Pero vamos, todo sin solucionar. A la vuelta visitamos el cementerio alemán de Cuacos de Yuste. Te impresionaste por las cientos de tumbas que había y me preguntabas lo que ponía en las lapidas. No supe contestarte pues esta escrito en alemán. Antes de dejarte para comer en casa de Mari, nos dimos una vuelta por la carretera vieja de El Guijo. Ha comenzado a nevar y todo aparece de un blanco luminoso espectacular. He hecho muchas fotos. Mas arriba ya es un peligro pasar con el coche por la nieve. Hemos llegado hasta el Puente. Por la tarde he llevado a la finca el acebo que durante unos seis años ha estado con nosotros. Todo este tiempo ha crecido en una maceta grande pero ahora ya es momento de que viva por sus medios, con sus recursos. Lo he llevado a la finca y plantado justo a pie de pared, para protegerlo del frio y para que pueda beneficiarse en verano de los riegos de la finca del vecino. Hace un tiempo muy húmedo, muy frio también.

El martes fuimos a dar un paseo con Carmen, Mari, Noelia y mas gente, para recaudar chorizos y huevos en una tradicional ceremonia donde se visitan a familiares , vecinos y amigos. Con todos esos productos hemos comido en el garaje de Vito y Mari, con mama y mas gente, en una fiesta en familia. Te has comprado una careta de pirata y mama te puso una capa negra. Tambien llevabas un tridente de plástico como un demonio. A ratos te quitabas la careta, a ratos te la colocabas de nuevo. Con lo que nos dieron, comimos en casa de Vito y Mari. Luego fuimos a casa. Mientras estabais allí, fui a la finca para plantar un pequeño arbolito que traje de Cuacos y a recoger leña del castaño enorme que había aguantado durante muchos años inclinado en la pared, pero que al final, en los vientos pasados, se derrumbo.

Cuando me marche para Badajoz, me dijiste: “ Papa , voy a pensar en ti todo el tiempo”. No puedo ni explicar lo que sentí con eso: dolor, alegría, rabia, resignación, ternura….. todo en uno al mismo tiempo. En el coche, por la autovía, con el parabrisas a toda marcha, iba recordando esto y la felicidad que nace al recordarlo. La felicidad nos ha dejado su perfume. Ahora estoy tratando de apaciguar ese juego a veces de difícil conciliación entre lo que nos ocurre en el momento y nuestra reacción, de nuestro afán cotidiano para resolver las cosas y aquello mucho mas alto, mas profundo que es lo que esconde una sonrisa de tu hijo, su ingenuidad. La felicidad es un pájaro esquivo que no consigues atrapar en el momento porque pasa sobre ti cuando estas agachado atándote los cordones de los zapatos. Todo es necesario, pero quizá lo es mas elevarse por encima del plomo de cada momento. Mirar todo como una orquestación divina, como un paisaje de fondo multicolor, de formas, de matices, mas alla de esa pequeña fijación de un problema.

Ya sabes que te quiero, pero ahora te lo digo , cuando antes , tenia que haberlo sentido sin distracción.

Tu padre, Talavera la Real, en la oficina de contabilidad de la S.E.A., Base Aerea. 17 de febrero de 2010

 

 

Despues de catorce años sin ti.

Te recuerdo despues de catorce años de tu partida. Aquella mañana, en aquella caja, fría, dolorosa… Llegue de Sevilla por esa carretera como un mar cuajado de nubes, flotando sobre ellas como una barca a la deriva de la madrugada sin tu luz. Te quiero recordar pero solo atraerte aun mas, pues sin tu cuerpo he aprendido a vivir, viviéndote mas, en tu fondo, en lo que había dentro de ti, en esas esencias que nos dejaste. Catorce años, pero nada: ahora tienes dos nietos, tus hijos han crecido, nos hemos hecho mayores, cuarentones ya, fijate. Eduardo a punto de casarse, con la gravedad relativa de los treinta sobre su cabeza. Carlos , mi hijo, cuando llega a Villaralto, siempre quiere ir al cementerio y vamos dando un paseo caminando. Sabe que estas en este lugar o que marchaste desde este puerto. “ Te regalo una rosa que es un beso que nace en la tierra” ( ¿Te acuerdas lo que escribi en aquella rosa de alabastro?. ). Nos querías en silencio, bajabas la mirada de miel por la casa y abrias la ventana a media noche para esperarnos. Con tu piel nos abrigamos, descansábamos  en tu abrazo, dormíamos con tus palabras, como un bálsamo. Quiero recordarte también en esa estela que has dejado, en los que te han querido, en los vecinos, en las personas que no se conforman con haberte perdido. Todos ellos somos una legion de pilares que llevamos tu imagen por la eternidad.

Acudiste temprano a la cita que la tierra te brindo. Sabemos que te fuiste sin haber vivido esos tiempos de sosiego que la vejez ofrece, pero las personas traemos un lenguaje, unos versos, unos renglones para escribir en la vida y hace tiempo que los tenias escritos.

A pesar de tu hospitalidad, mantenías esa sutil distancia de las personas diferentes. Te recuerdo en tu austeridad como una mujer caminando en un sendero entre las sementeras. Simple como las piedras y eterna como ellas, ausente de estridencias, de colores fulgentes, como la persona que lleva sus cambios en reposo, como el ser que hipnotiza, que deslumbra sin destello, con solo acercarnos  y aminorar el paso. 

Entiendes de cambios y viajes porque llegaste de lejos. Supiste vivir en un lugar ajeno, en realidad tu vida estuvo montada sobre el lomo de un caballo.

Te imagino en la Albufera y te imagino en esas casitas antiguas de Nazare. Te imagino en esa calle que antes miraba a la playa, a un mar enturbiado por las barcazas, a un puerto de supervivencia. Te imagino en una infancia de sueños y con ese imaginar ahora te llevo volando a Alemania, donde estuve este verano pasado y puedo ubicarte en esa casa, en ese semisótano y en aquellas escaleras y en aquel patio y aquel idioma y ese sueño de patria que habías abandonado. Te imagino entre aquellas calles de Brulh y aquella iglesia y aquellas gentes. Luego, toda tu vida en un pueblo que poco a poco se metió dentro de ti, donde hemos crecido. En un pueblo que te lloro , en un pueblo que se perfumo de ti. Todo es bailar y jugar, todo.  Quiero mirarme en tu espejo, como un halo sobre un cuerpo, como alguien que despierta cuando me llamo dentro.

Talavera la Real, 12 de febrero de 2010

En el Retiro de Madrid.

Déjame que lo recuerde, espera un poco, no seas impaciente. Déjame sumergirme un poquito en el pasado y disfrutar de nuevo de las sensaciones que guardo como un tesoro y que trato de atenazar ilusoriamente con estas palabras. Al menos, en mi fracaso anunciado, déjame alimentarme del recuerdo.  El viernes estuvimos en el parque La Aliseda, después de dar cuatro patadas a una pelota en la pista del frontón. Allí, en el parque, apenas con niños por el frío al caer la tarde, te subiste en el columpio y cruzaste dando brazadas una escalera en forma de U invertida. Después de volar sobre los árboles desnudos, estuvimos con Vito y Mari en el Gante. Sobre los tejados se alza la luna llena de enero.

El sábado viajamos a Madrid y mientras mamá compraba en IKEA, fuimos desde Alcorcón Central a Atocha en tren y luego dando un paseo hasta el Retiro. Por las calles solitarias de Madrid, caminábamos con el frío y el sol en nuestras caras. Penetramos en el recinto del Retiro por el Bosque de los Ausentes, esta obra en homenaje a los caídos en los atentados de Madrid de 2004. Te expliqué por encima el motivo de este parque y eso se te quedó grabado. Ya en el lago del Retiro, alquilamos una barca según tu deseo y tras comer algo, nos pusimos a remar de aquí para allá. La barca se balanceaba y a tí te gustaba este movimiento. Ibas cubierto con bufanda y gorro a juego. A veces alguien nos salpicaba y a veces también, salpicábamos nosotros. Pasaron los 45 minutos y nos entretuvimos dando un paseo por allí hasta que fuimos al encuentro de mamá hasta Móstoles El Soto en tren. Comimos en un centro comercial y casi te caes de sueño. En Xanadú entramos en el complejo de pista de esquí para lanzarnos con una goma inflada a modo de donuts gigante. Saqué los billetes, nos pusimos la ropa al efecto, y cuando nos tiramos desde arriba, deslizándonos por una rampa, sentiste miedo y tan solo nos dió ocasión de volver a lanzarnos por una sola vez, ya que estabas un poco temeroso. El resto del tiempo lo pasamos abajo, donde hay juegos para niños y pequeños toboganes. Salimos de Madrid a Jarandilla parando para cenar en un restaurante chino de Navalmoral.

El domingo por la mañana fuimos a la finca. El día estaba bueno, azul, con algo de nieve en la portilla y fuimos a quemar cartones y pastos. En nuestro ajetreo, te ibas alejando hacia el camino. Al rato apareciste llorando, con la mano derecha en alto, con trocitos de plástico quemado, seguramente de algún saco de abono que  se prendió con el fuego. Te llevé al arroyo y te pedí que metieras tu mano allí. Al principio se te calmó un poco, pero viendo que no dejabas de quejarte y llorar, te llevé a casa y de ahí al consultorio donde te pusieron crema y un vendaje. Ahora estamos en el bar La Plazoleta, al lado de la ventana. Vito te llevó a comprarte chuches para consolarte un poco. Tu mano ahora es una manopla cubierta de vendas y una redecilla para sujetarlas, pero por fortuna se te calmó el dolor. Por la tarde, antes de irme, hemos ido de nuevo al Gante y entre Raúl y otro hombre, cortamos al fin el poste de la luz sin cable, que impedía engordar al árbol que creció en la esquina de la plaza.

En el tren a Cáceres

He llegado un fin de semana más para estar contigo. Pasamos la noche del viernes en El Gante, como viene siendo costumbre, con Victor y Mari. Hacemos una familia los cuatro y tú, el centro de unión. Juegas en la puerta y por la Plaza de Soledad Vega Ortiz, con Quique y la hija de la cocinera, que se llama Ílam y que es un poco mayor que tú. Sois unos cachorritos sedientos de juego, de actividad, de risas, de escondite. Salgo a la puerta y corro detrás de vosotros. Reís, os caéis, buscáis escondite. Te cojo y te levanto del suelo y tropezamos y corremos. Te doy vueltas con tus brazos extendidos y te mareas y te caes.

El sábado, algo lluvioso y con tiempo inestable, hemos ido a Plasencia con el coche de mamá, para coger el tren que sale a la una para Cáceres. En la estación recorremos los andenes y hago fotos. Estamos los dos allí y me preguntas cosas, me preguntas por cifras, por números , por cantidades que ves escritas junto a los raíles. Al fin, ha llegado el tren, uno de esos más antiguos y nos hemos subido para contemplar el paisaje por la ventana y disfrutar del viaje. Me siente frente a tí, al lado de la ventana y vamos viendo la naturaleza, los animales, las vacas correr, los embalses, los puentes antiguos en ruinas, el encinar, la hierba mojada. Miras por la ventana y a ratos juegas con la nintendo. Te fotografío en blanco y negro, como si quisiera dejarte para siempre en esta edad, en este recuerdo petrificado. Al rato, te cansas y te subes en los bancos. Te riño un poquito, no mucho. Hemos bajado en Cáceres y por la Avenida de Alemania buscamos un lugar para comer. Apenas hay tiempo para la estancia y encontramos un lugar cercano: Restaurante El Aljibe. Nada más llegar al comedor, te has despitado a conciencia jugando al escondite. Ahora lo pienso y me parece una travesura sin importancia, más bien, algo tierno, algo infantil, algo incluso maravilloso, pero en aquel momento he sentido inquietud, con miedo a que pudiera pasarte algo y al subir las escaleras de los servicios, después de llamarte algunas veces gritándote sin respuesta, te he encontrado escondido en un rincón al lado de los aseos. Tan nervioso estaba que te he dado una guantada y hemos comido al principio con tu enfado a cuestas. Luego se te ha ido pasando y hemos terminado de almorzar y de postre un helado de vainilla. Luego, hemos vuelto sobre nuestros pasos, haciéndonos fotos en una zona ajardinada con flores y de nuevo el tren de vuelta. Este es más moderno y hemos llegado a Plasencia en una hora. Desde allí al cine. Hemos visto una peli sobre ardillas bailarinas. Hemos comido palomitas y te he puesto un alzador para que pudieras ver mejor. A ratos te he cogido sobre mis piernas.  Luego hemos ido a Carrefour para hacer compra a mamá. Has ido echando golosinas, una bolsa de gominolas, de lacasitos en el carrito, que luego, al final , he dejado al lado de la caja. Te he comprado una bolsa de pequeños helados que te comiste la mitad. El viaje de vuelta entre niebla y lluvia.  Me ha gustado el día, hemos compartido.

El domingo salimos a la finca por la mañana. Mientras podo los frutales, te entretienes en quemar cartón , sin mucho éxito y luego en dar tijeretazos a todo lo que pillas. Nos ponemos de agua y humedad perdidos. Hemos dejado la finca y caminado hacia abajo, hacia la garganta, atravesando terrenos para el cultivo del tabaco. Allí, se te han salido las botas de goma en varias ocasiones y tus pies están ahora mojados. Cuando te doy vueltas te ha sucedido lo mismo y tu calzado ha salido despedido por la fuerza centrífuga. Te ries, pero yo estoy un poco preocupado. Hemos caminado entre los alisos y las zarzas entre piedras al lado del agua de la garganta. Tienes bastante habilidad para manejarte en estos terrenos. Hemos vuelto a casa para comer. Por la tarde estuvimos en el frontón y cuando encontraste allí a Quique te alegraste y jugaste con él.

Por la noche, en el viaje a Badajoz, se me paró el coche en la carretera de Romangordo, antes del túnel de Miravete y con la grúa volví de nuevo a Losar.  El lunes estuve allí , en mi piso, esperando la reparación. Al final, un fallo en el aforador no dejó funcionar la aguja del marcador de combustible y tras desmontar otras partes del coche, se dió con la clave: faltaba gasóil. La broma me costó 135 euros pero al menos pude verte por la tarde en el polideportivo , jugar al fútbol con tu camiseta anaranjada del Barca y luego en el cumple de Manuel.

Nieve, nieve en Andalucía

Nieve en el camino a Córdoba, por tierras de Zafra. La nieve cubría los cultivos de frutales y los campos de viñedos. Todo se alegra con este manto blanco. Todo resplandece, se hace más vivo. Cualquier punto es bueno para alargar la vista y ver las laderas de las sierra nevadas. En Fuente del Maestre hice mi primera foto. Es un toque de color blanco donde la mirada antes, acostumbrada a los grises, marrones y apenas entusiasmada con la ligera hierbecilla después de las lluvias de diciembre, descubre ahora un cuarto color. El color blanco son motitas de pureza, de algo increíble y extraño, como es la nieve, aquí, en el sur. Paso cerca de LLerena y me paro para fotografiar, emocionado, la estampa del pueblo a lo lejos y su torre camuflada con el paisaje montañero. La nieve acentúa la magia de este lugar. Sigo hacia Córdoba, todo parece más cotidiano, pasado ya este sueño blanco. A lo lejos, en la Vía Verde de la Subbética, se puede contemplar la sierra de Alcaudete con su pico nevado. Y el pueblo entero, allá debajo, apenas visible desde la lejanía en la Laguna del Conde o Salobral, se esconde para desentrañar sus secretos al viajero en la proximidad y en la visita. Lucía fuertemente la piedra en Luque, su castillo, esa plaza invernal, su fantástica iglesia , su artesonado, sus columnas... Nos hemos metido al amparo del fuego en casa Frasco. Un lugar donde comer, descansar... Las aceitunas se han caido de los olivos y ahora reposan en un charco de agua. Me ha llamado la atención el puente de hierro sobre el río Guadajoz, construido a finales del S. XIX por arquitectos franceses y que estuvo funcionando hasta 1985 con el tren que iba de Puente Genil a Linares. Una vía férrea de romanticismo. Estación de Luque, hermoso lugar con esa nostalgia y ese aire decimonónico de las estaciones antiguas. El tren y sus historias. Hoy convertida en cafetería bar restaurante y venta de productos típicos de la zona y gastronómicos como el aceite de oliva. Sin duda, un lugar con encanto. En la vía verde hicimos veinte kilómetros, diez de ida y diez de vuelta, desde el kmt. 65 al 55 más o menos, justo al pasar el puente sobre el río Guadajoz y cruzar el límite entre Córdoba y Jaén.

Antequera, hacia el Torcal, una ventisca de nieve nos impide continuar. Hace un tiempo de norte, en plena serranía. La montaña rocosa se cubre de blanco y se alisa, se suaviza. Los caminos virginales, los pinares.. Entra la nieve por la ventana. Venta El Conejo. Las calles de Antequera están frías y solitarias. Hago algunas fotos a diversos monumentos y en la Calle Talavera. Al final de la Calle La Laguna, sale el arco iris.

Tus Reyes de cinco años.

Tus Reyes de cinco años te han traído muchos juguetes. He hecho el viaje a Jarandilla con tu juguete en el maletero de mi coche. Es una caja que contiene espadas luminosas y trajes de Star War, de la Guerra de las Galaxias. Has querido este juego para los Reyes y lo pude encontrar en una tienda de Badajoz. Así es que he hecho el viaje hasta Jarandilla para encontrarte en casa con mamá y enseguida vestirte de angelito celeste con alas blancas con plumas y corona dorada sostenida a la cabeza con un soporte. Es una aureola de divinidad y tú lo eres en este momento. Hemos subido a toda prisa a la Avenida de la Universidad donde se encuentra la cabalgata con las cinco o seis carrozas. Así es que hemos montado a toda prisa en la primera de ellas, con otros niños y niñas de tu edad y clase y entre ellos, la madre de Carla, María, que está embarazada de su segundo hijo. Comienza la cabalgata con los caramelos de todas clases por el suelo, papelitos de colores y la muchedumbre acompañando a la comitiva. Es un paseo tranquilo, nocturno, frío a través de la Avenida Soledad Vega Ortiz, frente a la Ermita de Sopetrán, Calle Ancha, Calle Ramón y Cajal y Plaza de la Constitución. Año tras año se repite este acto y yo voy detrás , cerca de tí. Llegamos allí, a la plaza. Te bajamos de la carroza y te vas a dar besos a los Reyes, que este año se han instalado en su portal de Belén bajo los soportales del Ayuntamiento, por estar el sitio tradicional en obras, al lado de La Botica. Así es que has hecho el paseillo por los Reyes Magos y luego has salido del recinto. He cogido un vasito con migas veratas y nos hemos ido al Gante, donde ya sin traje ni disfraz, juegas en el frío de la calle con Quique a subirte a las barandillas de la plaza. Nosotros tomamos cerveza dentro y comemos algo. Luego me he ido a dormir a Losar.

Aunque madrugué un poco, no fué suficiente para pillarte en la cama. Así es que cuando llegué a casa te ví abriendo los paquetes de regalos y trozos de papel por todo el suelo. Tienes un animal prehistórico articulado y con pilas, y otros juguetes. El mío, nada más llegar yo, lo has abierto y te has encontrado esto que querías. Tu ilusión ha ido en aumento al comprobar lo bien que te quedaba el disfraz. Hemos desayunado roscón de Reyes , bueno, unos trozos solo. Con ello hemos salido a la calle a casa de Mari y Victor donde te esperaban otros regalos y de Maite, igualmente. También para mamá hubo algo. Hemos bajado a casa con leña del patio de Víctor que cargamos en el coche y encendimos la chimenea. Mientras sales a tomar algo con mamá, me quedo en casa y aprovecho para llevar un castaño de la terraza a la finca en su maceta y también una de las tres encinas, la más grande, que cogí de la que murió al lado del parador. Por la tarde hemos hecho algunos deberes. Una hoja con frases simples, con palabras para repasar puntitos sobre las letras. También sabes leer y aunque cuesta coger ritmo, al final terminas las palabras y conoces el significado de los conceptos. Me he marchado a Badajoz, orgulloso de tí.

Contigo en Motril y Murtas por Nochevieja

Es la primera vez que viajamos solos y que lo hacemos, además, por varios días. Esto ha sido muy hermoso, he pensado al final del viaje. Ha sido muy hermoso y hemos guardado nuestro particular secreto de las cosas que hacemos juntos y de los lugares donde vamos. Ahora todo va a ser diferente. Al fin te tengo como queremos, entre nuestras cosas caminamos juntos.  No vamos a desperdiciar ningún momento, no vamos a olvidar ningún camino, no vamos a esquivar ninguna luna, ningún río, ningún salto, ninguna carrera, ningún túnel,  ningún puente. Todos estos elementos estaban allí para nosotros. Cuando llegué a casa el día 28, me llevaste a la cocina. El frigorífico comby tiene abajo varios cajones para los congelados. Allí guardabas en un bote de cristal con tapa, un trozo de nieve, de nieve que cogiste en la calle tras la nevada días atrás y que te pedí que me guardaras. Así hiciste, cogiste la nieve y la metiste en un bote. Esto fué extremadamente emotivo, lleno de ternura, de inocencia y así lo recuerdo, así querré recordarlo siempre. Todo el camino estabas detrás, en tu sillita roja, con el cinturón puesto, con tus monstruos y muñecos de guerreros luchadores. Todo el camino desde Jarandilla con varias paradas para comer y descansar. El teléfono que mamá te compró y del que apenas te acordaste en el viaje, tiene ahora un número que es el tuyo: 681 20 73 61. Es tu primer teléfono, que mamá te colgó del cuello con una cinta blanca y al que le colgamos un muñequito y luego otro. Vas en el asiento de atrás mientras pasan los kilómetros que nos separan de Motril, en la costa de Granada. Hemos parado en La Guardia de Jaén, en un camino desde donde se divisa un campo entero de olivares y la montaña. Está nublado. Nos ha caído mucha agua en Toledo. A ratos vas dormido y te miro por el espejo retrovisor, emocionándome con tu carita de angelito, con tu carita lisa, sin daño, con tus ojillos cerrados, con tu boquita sonrosada.

Hemos llegado a Motril pasadas las seis de la tarde. Maribel aún trabaja en la peluquería y todos te han saludado al entrar. Luego hemos ido a su casa, para instalarnos y darnos un baño. Has ocupado extensamente, la longitud de la bañera y practicas el buceo entre la espuma de jabón que retiras con las manos para que no se te meta en los ojos. Feliz, saltas después sobre la cama mientras te visto. En este lugar hace menos frío y no es necesaria la calefacción. Es tiempo de Navidad, de vacaciones de invierno.

Hemos cenado los tres en su cocina. Te gusta la carne de secreto ibérico aunque al principio te pusimos pollo a la plancha con patatas. Nos hace gracia ahora esta situación nueva para nosotros y disfrutamos con alegría cada momento. Todo es una fiesta en torno a esta combinación mágica.

En el salón sacamos las películas que te gustan y las vemos en el DVD. Spiderman ocupa tus preferencias. Te pongo el pijama, tu bata y las zapatillas de paño que mamá te compró.

A la hora de dormir te metemos en tu camita en la habitación contigua, pero prefieres venir con nosotros a la cama grande y regocijarte entre el calor de los tres, bajo el edredón.

Salimos por la mañana del día 30 de diciembre, dando un paseo a la casa de Manolo Cañadas, mi amigo desde hace años. Vive en un piso con su dos críos. Tiene una niña casi de tu edad, que se llama Sara y otro niño de medio año, Héctor. Hemos ido a su casa y salido los tres a dar una vuelta a la playa, donde encontraste un cochecito pequeño de plástico que el agua arrastró y juegas con lo primero que pillas. Hace un día soleado, una mañana para pasear. A la vuelta, hemos parado en los cochecitos de choque y en el tio vivo, donde te montaste en una locomotora de tren.

Para comer vino a la casa de Manolo, Maribel y todos juntos en la mesa. Por la tarde, hemos visitado el acuario de Almuñécar, con esos grandes tiburones, peces de colores, rayas inquietas a las que les echan de comer gambas y todo un paraiso de animales acuáticos: estrellas, caballitos de mar, medusas, anémonas, etc. Te ha gustado la experiencia y corres por los pasillos sumergidos con Sara. Luego hemos ido a merendar a una de esas cafeterías junto a la playa, donde hay una pirámide de cuerda que enseguida escalaste y después de visitar un mirador con una gran cruz iluminada. Desde allí se puede ver toda la fuerza del mar y de las olas pegando sobre el acantilado. Juegas a subirte a las alturas. Yo te conozco y estoy acostumbrado, pero desde fuera, parece peligroso. Juegas con el riesgo. Es tu sino.

Dormimos los tres en la habitación. Ya es una costumbre de los tres en la cama. Esto nos hace gracia y duermes a pierna suelta. Oigo el ritmo de tu respiración a tu lado. Te abrazas a mí para asegurarte de mi presencia. Es todo muy tierno.

El día de Nochevieja por la mañana llueve. Te he dejado un momento en la peluqueria con Maribel y he marchado al médico para que me recetase algo por el costipado que tengo. Cuando he vuelto te he encontrado al fondo de la peluquería jugando con muñecos y animales prehistóricos. Por la tarde hemos ido a ver avestruces a La Gorgoracha, con Manolo y una niña de unos 10 años.

La noche de Nochevieja la pasamos en Murtas, en plena Alpujarra. Todo esto es muy mágico, pues conocí este pueblo en julio de 1995 en una de mis rutas a pie desde Berja. Atravesé el embalse de Beninar y me adentré en las calles de Murtas para dormir al amparo de las estrellas una noche tibia de verano. Ahora revivo contigo de alguna manera este lugar. Durante el camino, por la costa, hemos viajado Maribel, Juani, su hermana , tú y yo. Nos reimos con tus salidas, con las cosas que dices, jugamos a las figuras de las nubes y a los colores y las palabras encadenadas. Viajamos hasta Murtas con las curvas de las carreteras de La Alpujarra y al llegar nos ha sorprendido el fuerte viento y el frío de estos pueblos. A la luna llena le falta un trozo debajo, como si fuera un eclipse.

Hemos bajado a la casa de la familia de Maribel, en la plaza de la iglesia. Es una casa donde antiguamente ( yo la conocí ), había una tienda donde se vendía de casi todo. Ahora, es un local donde hay instalada una mesa corrida y encima de ella, todo listo para la cena. Al llegar, tenías hambre y has comido almendras, todas las que has querido. Todos te recibieron con alegría. Disfrutas de eso y de la compañía y del juego de Juan, el sobrino de Maribel e hijo de Juani, un poco mayor que tú.

Hemos comido todos juntos: Los padres de Maribel, sus hermanas Juani e Inma y sus maridos Paco y Diego, Maribel, su sobrino Juan y su sobrino Diego de año y medio, tú y yo. Es una mesa alargada, a la entrada de la vivienda por una puerta de garaje. Hace un viento fuera que hace sonar la noche como si fuera una banda de música de la naturaleza. Has comido almendras peladas y langostinos a la plancha. Refresco de naranja y otras cosas que te apetecieron. Enseguida te has bajado de la mesa, de tu silla y puesto a jugar a la pelota con Juan. Es una pelota de playa azul. Has encontrado divertimento también en un artilugio que lanza peos, llenándolo previamente con aire y con una salida de aire estrecha, como un globo amarillo. Poco a poco coges confianza con todos y al cabo del rato, hemos pasado a la salita, donde está la estufa de leña para celebrar la salida y entrada de año. Uvas cortadas por la mitad, cava y zumo de uva para vosotros, los niños. Campanadas en la televisión, ropa de abrigo, besos, besos y buenos deseos y hemos bajado la calle para ir a un salón cultural a celebrar un poco. Nos hemos tomado una copa. He bailado contigo cogiéndote las manos. Estás cansado.Hay bastante gente en el local. Te he tomado una foto con collares de plástico de colores en torno a tu cuello y un gorrito de fiesta. Estás sentado sobre las piernas de Juan en una silla junto a la pared. Es una foto histórica. En tu rostro se dibuja una mirada de cansancio. Sobre la una y algo hemos vuelto a casa Maribel, tú y yo, para dormir. Hemos cogido una cama grande en la planta de arriba, junto a la ventana que dá a la plaza. Juan vino con nosotros y durmió un ratito contigo. Me quedé vestido junto a tí, pero enseguida cogí el sueño y ya me metí en la cama. Penetra el ruidoso viento por una rajita de la ventana de aluminio. Toda la noche golpeaban las persianas. Duermes plácidamente en esta nueva noche del nuevo año.

El primer día del año nos hemos levantado sobre las once de la mañana. Desayuno y mientras juegas fuera, en la plaza en obras, me doy un paseo para fotografiar el pueblo. He bajado a la fuente , junto al lavadero, donde hace 15 años me refresqué y aseé después de la caminata ante las miradas de asombro de niños gitanos. Todo está cambiado. El bar aquel, donde aquella mujer anónima, me agració con una cena sin precio, ya está cerrado y sobre sus puertas se acumula el polvo del olvido. La fuente donde me dí mi primer baño mañanero, no he conseguido encontrarla y creo que la cambiaron de sitio como a un jarrón. Con ello perdió la belleza de lo imperecedero. Todo cambia y he subido por la Plaza Vieja y la calle del Carmen para ver desde lo alto la blancura serrana de Murtas. Juegas en la plaza y luego hemos subido a la torre de la iglesia con cuidado. Al final se acumulan restos de heces de las palomas que el padre de Maribel recoge para abonar. Allí resuenan las campanas. Hace un aire peligroso, un viento de cuidado. Al bajar, hemos ido con Diego a recorrer un poco la sierra cercana: El Cerrajón, los cortijos que se ven allá abajo, los pinares sacudidos por el viento, los caminos...Después, hemos comido algo , para tí sopitas y tortilla.

Por la tarde, anocheciendo, bajamos a Motril. Hay carreteras de la Contraviesa invadidas en su mitad, por los desprendimientos de tierra, por los deslizamientos tras las fuertes lluvias. Hay que pasar con cuidado y he parado para fotografiar la luna llena salliendo entre las montañas. Una luna rojiza que poco a poco se torna blanquecina con su peplo de nube mágica.

El día se termina en casa. Estoy muy orgulloso de tí. Te has portado muy bien. El sábado nos hemos levantado para bañarnos y hacer algo de deberes: ahora tienes que escribir la letra " p " y "P". sobre unos puntitos y luego a partir de un punto de origen de la escritura. Por la tarde, a la hora casi de comer, ha venido Maribel y hemos ido hasta la carretera de Sierra Nevada. Un poco antes de llegar a Pradollano, hemos parado el coche para hacer un muñeco de nieve al que pusimos una bufanda y un gorro. Disfrutamos echándonos nieve, viéndolo todo blanco y como no hace frío, dá gusto estar así. Hemos ido a comer cerca de Güéjar Sierra , junto al camino antigua vía del tranvía que subía a Sierra Nevada. Es un restaurante que se llama Los Castaños, en El Charcón. Hemos pedido para tí un enorme plato de filetes empanados y patatas que al final comimos entre los tres. Brindamos con chupitos y no faltó el helado. Hemos ido caminando por el camino hacia el Barranco de San Juan, para bajar la comida. LLega la noche poco a poco. Vas paseando, caminando por el borde del camino y sobre las piedras. Pasas el túnel a mis hombros. Preguntas infinidad de cosas que tu curiosidad te manda.

A la vuelta a Motril hemos ido a cenar con Juan y Maribel a un Burguer que hay junto a la iglesia. Te metes en un laberinto para niños. Hay una gran chimenea de ladrillo. Es tu última noche aquí.

Hacemos el viaje a Jarandilla. Todo el camino entretenido con la Nintendo y sus juegos. Apenas paramos. La lluvia nos sorprendió de nuevo en Toledo.  Te he dejado en Jarandilla y he marchado a Badajoz. Se ha terminado este viaje tan importante para nosotros. Quiero todo lo que he pasado. Te quiero a ti y a todo lo que me ocurrió y ví contigo.

Navidad en Villaralto. Diciembre de 2009

He cogido unos días por Navidad. El mismo día de Nochebuena llegaste con mamá. Estábamos todos en el bar El Paisa, esperándote. De pronto ves al primo Toni y ahora dedicas todo tu tiempo a compartir con él juegos, juguetes, peleas, saltos... todo. Así que me conformo con mirarte en el sofá atento a los juegos electrónicos al lado de él.

Hace mal tiempo, bueno, mal no, más bien, un tiempo que molesta para pasear y salir, pero malo no. Pues llueve y mucho. Tanto es así que acudo al lugar de la romería de la Divina Pastora para ver la crecida del río, cola del embalse la Colada y hacer fotos. El río es marrón y el agua inunda las márgenes. Dá gusto ver el campo así, recuperándose de la sequía del otoño. Dá gusto verte sonreir y gritar. Da gusto verte saltar y salir corriendo. Da gusto también verte rendirte a los brazos de mamá o a los míos  de puro cansancio y dormir, dormir a pierna suelta.

La noche de Nochebuena estamos todos reunidos en la mesa del salón, brasero debajo, prolongada con las mesitas de terraza que pedimos prestadas a Paco, el del Paisa. LLegaron los padres y hermanas de Verónica. Antes de eso, los regalos. Y este año, con Papá Noël. Así es que por invento y obra de mamá, compré un traje del susodicho personaje en una tienda de Chinos de Plaza de Santo Domingo de Badajoz y me vestí para la ocasión arriba, en la casa, portando un saco con los regalos y bajando abajo, llamando a través de la ventana repetidas ocasiones y entrando en la casa para asombro de todos y admiración vuestra. Me dijeron que te echaste las manos a la cabeza sin dar explicación a lo que tus ojos veían, de puro asombro y emoción.

 

Mis 40 años y tú

He llegado a los cuarenta años. El fin de semana en Jarandilla contigo. El sábado bajamos a Valdelatarra, la finca donde vive Lucas y su familia: Manuela, Carla y Chiqui. Allí, por la tarde, llevamos bebidas que compré en Mérida y celebramos ambos cumpleaños, el de Lucas y el mio. Había una niebla impresionante. Detrás nos seguía mamá con su coche. Ibas mirando a cada instante por la ventana y reclamándola. Al fin pudimos llegar y celebrar con más gente.

El domingo día 13 tuvo lugar, en la casa de la cultura, una muestra intercultural. Acudieron personas en representación mediante stands, de los diferentes países que se dan cita por este pueblo: Ecuador, Bolivia, España, Israel, Marruecos, Alemania, Francia, Cuba y Rumanía. Hubo comida y bailes típicos. El cielo comenzaba a ponerse azul.

El día de mis cuarenta años fué frío, con algo de niebla, pero como dice el refrán: " Mañanita de niebla, tarde de paseo" . Así es que a mediodía se puso todo azul, de una placidez y una calma extraordinaria. Tras la muestra, en la que eché una mano a mamá, fuimos al Gante, a tomarnos algo con Víctor y Mari. Antes habíamos estado en un castillo hinchable, donde saltaste lo que te dió la gana. Luego, fuí a la finca a plantar un viburnun que tenía mamá en la terraza, al lado de la pared, al abrigo del frío. Todo está muy húmedo. Luego, te ayudé con los deberes. Tienes que escribir palabras que se representan con dibujos en el margen izquierdo.

El día de mis cuarenta años fué un día bonito, tranquilo, apacible. He cambiado de década y mucha gente me ha felicitado. Me he sentido bien y tú estás sano y feliz.

Algunas cosillas escritas en una pequeña libreta

" A la orilla del pantano, en mis ojos, el árbol y la silueta azul y gris de la montaña. Entre mis dedos, su mano, la suavidad, el eco de mis pasos , de mis zapatos, apartando las piedrecitas. Revolotea de rama en rama, un pájaro de colores. Es un pájaro que lleva trás de sí una estela de emoción. Se asoma el sol, se asoma a la hierba y a un fuego apagado. Fotografía en el embalse de Gasset. "

Qué está ocurriendo con las últimas moscas. están revoltosas ante la amenaza del frío. Y las mariposas. El pantano transparente es un sepulcro de paz, un espejo de sosiego en el centro de los terrenos arados. Con su ropa, como ella, sencilla, escueta, abrigada del frío, perpleja por lo sencillo, camino a su lado, pedaleo por las nubes, el viento, el aire. Bajo,  no mucho, hasta tocar el suelo. Pero ahora estoy volando y volamos y volvemos. La piel blanca nos promete una página virginal donde no hay huellas, matices, eso sí, esperanza... La piel blanca de su cara es como si estuviera diciendo: Ven y dibuja en mi rostro ese campo verde que sueñas, ese camino, la luz , el lago , el grito del pájaro. Corre la brisa y ella, pequeñita, está a mi lado. El sol, padre responsable mira desde lo alto. vigila mi mano, vigila mi corazón, pon paz para amarnos. No estamos haciendo nada. Miramos, permanecemos sentados sobre la piedra dura, sobre el manto verde. El pájaro de pecho rojizo se detiene sobre la encina.

Ciudad Real. 17 de noviembre de 2001"

" Como una tormenta que después de descargar lo deja todo callado y limpio. Así es el mar. Rubor, susurro, elevación, batalla. Paz acomodada fuí. Calma. Resurgir de nuevo. Tan de nuevo tantos siglos pasados. En el mar el tiempo no marchita, no dobla no puede ni vence. Atraidos por el mar, es sed de infinito lo que queremos ver en la ola. "

Almería 28 de febrero de 2002

Ay, Mediterráneo. Ay el mar en su escasa ola, en su amabilidad que perpetúa el silencio. Ay, digno sueño de horizontes, de piedra esponja en los pies hacia una nube que aún no existe y hacia un barco que ya se fué.  Combinación de siempre , arena , sol , agua que ruge , una brisa que te toca y un corazón que se presiente. Fugaz juega el niño , fugar para mis ojos, mis pasos contigo. Fugaz y quizá ya no existe, esa desnudez diminuta, ropita mojada, gritos,  muchos gritos, de alegría. Pecho de espiga, abierto al tiempo. Detén tu tiempo, niño, que no desaparezca el salto desde la orilla a lo más hondo de tu alma. Ay , Mediterráneo, niño de luz sobre mi piel. Le

 doy la mano a los veleros que yo solo contigo puedo ver.

Para Beti, a mi lado, Almería

San José de Cabo de Gata, 1 de marzo de 2002

Sol, mejor. Molinos destrozados por el tiempo,por el viento. Quiso nacer, pero, ¡ tántas cosas quieren nacer y no las dejamos!. El viento se lo lleva todo, ¿todo?. Y el mar, atrae nuestros cuerpos al sueño de una longitud de piel uq eno tenga límites.. Luchó esa semilla hacia lo improbable, para hacerse. Y el camino del azar le fué negado. Creíamos que el azar desemboca en un hilo continuo de inconvenientes y puertas cerradas. Comulgamos con la certeza de la razón y la premeditación. Cortamos una planta que crece entre las piedras más duras y que es capaz de florecer porque para una planta es lugar la tierra y abonada, predispuesto el campo para la siembra con la esperanza de que entonces nacería ese hijo que esperásemos. El Monsul y Los Genoveses. Molinos destrozados. La Isleta del Moro, Rodalquilar, castillo de Rodalquilar, Batería de San Ramón, El Playazo, restos de conchas en la piedra, Carboneras, Playa de Los Cocones, agua en una botella.

Atajate, Serranía de Ronda, Málaga, 15 de febrero de 2003

El pájaro de la felicidad, frío en medio de los almendros , moteando la ladera, es un pájaro que vuela en silencio, que escucha, que escudriña cada rincón en silencio, despacito y se mira y disfruta y al que le lloran los ojos de puro feliz. Sobrevuela los campos sin prisa , mira los caminos desde la ventana, camina despacio, piensa, apenas se sofoca, apenas se consume y vierte su energía destilando frases cortas, plabras que ayudan , que acompañan al sentimiento que en común comparte. El pájaro de la felicidad viene acompañado y extiende sus alas sobre la piel, monte humano, sobre el cielo , mezcla con nubes, que son besos, con los rayos de sol que salen de liciosos para ver mejor el camino a lo lejos.

Empezar a leer y a escribir

Este nuevo fin de semana, hemos podido compartir cosas. Agradezco esta oportunidad de tenerte. El viernes estuvimos con Víctor y Mari en La Palmera, dentro, cenando algo hasta que se hizo tarde. Salimos a la calle, ya con el frío propio del invierno, a jugar y correr. Hacíamos carreras desde el bar hasta la puerta de casa, llegando casi al mismo tiempo. Luego, jugamos a no dejarnos pasar , a tapar la calle. Así, cuando me rebasabas, yo te cogía y tú, emocionado, reías. Luego te tocaba a tí no dejarme pasar, pero yo siempre encontraba un lugar por donde hacerlo, pegado a la pared de la terraza de La Palmera. Así, un buen rato. No te cansabas en absoluto y yo tenía frío y estaba algo cansado de seguirte el juego.

El sábado decidimos irnos los tres a Talavera de la Reina, para hacer compras, comer en un Macdonall y luego, por la tarde al cine de Talavera, para ver la película Planet 51. Mamá se metió en otra sala para ver una que le gustaba a ella. En la peli, comimos palomitas y te senté sobre mis piernas para que estuvieras más alto y pudieras ver mejor la pantalla. A la mitad de la proyección me quedé un poco dormido, así que me perdí el argumento. Después, esperamos a mamá, jugando al futbolín y merendando algo allí mismo, en el bar del cine. Nos marchamos a casa y yo, a Losar.

Ha llovido toda la noche y la humedad se sube por las paredes. El otoño se ha asentado tanto que no hemos podido ir a la finca a hacer nada. Mientras, nos quedamos en casa y al ratito salimos al parque , a jugar un poco con un balón  en el frontón. Yo te echaba la pelota con el pié y tú, de portero en la pared, me la devolvías como podías. Dentro, te he empujado a ratos en el columpio. Me dices algo que roza lo metafórico : "Papá, los hierros del columpio son los huesos y la madera, la carne " . En lo alto de Gredos , sobre la Portilla Jaranda, se ven los primeros retazos de nieve, como manchitas blancas sobre el gris de la montaña. Han bajado las temperaturas. El parque ya no es un lugar de juego. Hemos vuelto a casa porque llovía y en la habitación de dentro, hemos hecho algunos deberes. He grabado un pequeño video donde te veo leer con la ayuda del dedo de mamá unas frases :  " La mula lame a Lola " . " Alicia y Lola leen" y otras más. Bajo las frases hay unos renglones donde tienes que escribirlas sin salirte. Poco a poco vas cogiendo destreza. Detrás de la hoja, has dibujado lo que las frases dicen. Me ha hecho gracia.

Por la noche, mientras se juega el partido Barcelona - Real Madrid, hemos ido a dar una vuelta al Gante para ver si veías a Quique, pero las calles desiertas, el bar lleno de gente y el frío, es lo único que hemos encontrado. Me entretengo en los rincones haciendo fotos a las calles y tu caminas muy abrigado delante mía.

Por la noche me dijiste, cuando llegué a Badajoz, que estabas muy orgulloso de mí. Qué gracia y qué ternura despertó esto dentro de mi alma.

Base Aérea de Talavera la Real, 1 de diciembre de 2009

Una nota en la puerta

Ha llovido al fin durante el fin de semana en La Vera. El domingo, apareció la niebla y el aire delataba ya al otoño. Hace algo de fresco. Estás en Madrid con mamá. He ido con Juanjo a pasar el fin de semana a Losar. Cuando he ido ayer mismo, a la finca, para enseñársela a mi amigo, he tenido una sensación muy extraña de tu ausencia. Te podía imaginar correteando por estos lugares tan frecuentados por nosotros. Te veía por medio de la tierra embarrada caminar solitario mientras te voy mirando de reojo. En la finca, con partes aún quemadas y montones de pasto y maleza listos para arder, te he recordado con intensidad. Es tanto el apego a este lugar y la asociación que hago contigo a este rincón, que te veo sin verte. Es como si mi recuerdo te construyera físicamente y te colocara de nuevo en el tiempo, convocándote a este momento para tenerte aquí conmigo.  Por otro lado, no verte aquí, estar aquí sin tí, es como un lugar vacío y pasado, es como si este sitio hubiera perdido la magia del presente hermoso y se hubiera hecho un lugar triste y abandonado. Parece como si de pronto hubiera viajado en el tiempo hacia delante y ya me viera por aquí recordándote, recordando aquellos momentos que pasamos juntos.

Por eso, hijo mío , quiero tenerte cerca , apretarte, estrecharte. Sé que todo pasa, sé que el tiempo camina a pesar de los obstáculos imaginarios que podamos ponerle a modo de bancada para retenerlo. Se retiene la tierra, incluso el agua o el viento, pero el tiempo, ay, ese tiempo que te hará mayor, ese, no volverá a tu infancia.

He pasado por casa antes de irme a Trujillo. En un intento de verte al menos un ratito,  me he parado para llamar al telefonillo del portal, pero nadie contestaba. Te dejé una nota diciéndote que te quería. Seguramente no la pudiste ver, pues la cogió mamá. Pero yo lo hice para que lo supieras. Era mi corazón. Tú no lo has visto, pero cuando leas algún día esto, lo sabrás.

Te quiero y noto tu ausencia.

Besos. Papá

23 de noviembre de 2009. Talavera la Real. Badajoz

Noviembre, la lluvia y los números

Deja que te recuerde: Fuí el viernes a verte. Estabas en casa. Como tienes los ojos rojillos de conjuntivitis, mamá me pidió que fuera al consultorio, donde estaba Minerva de guardia y luego a la farmacia de Rosa para comprar un colirio. A la vuelta paramos en el Gante, donde acostumbras a quedar con Quique y otros niños. De paso, vinieron mamá, Mari y Víctor. Estuvimos cenando por allí y yo te llevaba los pellizcos de hamburguesa a la calle para que comieras. Subes a la plaza donde la fuente , con otros niños y vas y vienes sin tregua. De vez en cuando entras en el bar y podemos verte algo tranquilo.

El sábado por la mañana, mamá se fué a hacer una guardia de 24 horas al centro de salud de Talayuela, así que nosotros nos vestimos con los monos azules, cogimos herramientas y nos fuimos a la finca para hacer cosas. Por la noche ha llovido y está todo mojado. Te puse botas de goma, nos subimos al coche y allí, en la finca, te dí una hoz para tí y otra que me quedé yo. Como aún te pesa, te entretuviste a tu manera usándola para escarvar en la tierra o para cortar las matas de tabaco que quedaron del verano en la finca del vecino. A la vuelta a casa nos hemos duchado, tú en tu casa y yo en Losar, mientras ves los dibujitos calentito y arropado con la mesa y el faldón que compré y debajo el calorcito del radiador. Ahí estuvimos un rato hasta que nos fuimos a casa a comer con algo que nos dejó mamá, viendo la tele en el salón, que es un privilegio que tengo contigo. Tras la comida estuvimos medio echando la siesta, tú en tu camita y yo en el sofá. Casi me sorprende la hora encima para el cumple de Raúl, el vecino, que cumple 8 años. A las cuatro y media bajamos con el regalo a su casa, que está al lado y allí estuviste entretenido como pudiste con los niños que no son de tu edad sino mayores. Te llevaste el patinete y veo a los niños con él, pues eres generoso , muy generoso y lo prestas con facilidad. LLueve mansamente, pero lo suficiente para poner la nota , la etiqueta del otoño en las calles de Jarandilla y aún en los campos. Con la lluvia el amarillo resplandece en los chopos y en las laderas de la sierra, comienzan los anaranjados robledales a sobresalir entre los pardos. Los castañares cobrizos, hacen juego entre esa vegetación imponente.  Tras el cumpleaños, donde me entretuve como pude con un libro sobre rendimiento escolar, subimos al supermercado Dia para comprar algunas cosas y luego, definitivamente a casa. Te acuerdas mucho de mamá, a la que hemos telefoneado en varias ocasiones. LLoras al oir su voz, reclamas su presencia, no te conformas con la distancia, notas esa ausencia con pena desmedida, con nostalgia. Quiero consolarte como puedo, pero me veo impotente. Sostengo el teléfono móvil mientras, según avanza la conversación, hablas entrecortadamente y sollozas. Estoy  aturdido por ello y tengo una mezcla entre ternura, pena, impotencia. Hemos cenado de nuevo en el salón y prontito a la cama, pues cuando hablaste con mamá te diste cuenta , y según ella te dijo, que cuanto antes te acostaras, antes te levantarías para verla allí. Así es que nos acostamos. Te traje el biberón y un cuento. Terminamos prontito y antes que quise darme cuenta, ya estabas dormido. Eran sobre las diez y media de la noche. Y vaya noche !. A ratos te desarropabas y a ratos me pedías que te echara el edredón encima. Una noche de movimiento, donde empezaste a sentirte mal, a dar vueltas, a adoptar la postura fetal para tratar de aliviar tu dolor de tripa. A veces me decías que te acariciara la tripa para consolarte y entonces, como podía, metía mi mano bajo el grosor de ese pijama y notaba el calor de tu vientre. Un calor de fuego por la temperatura de la fiebre que te estaba atacando.

A las ocho de la mañana te despertaste para vomitar en la taza del váter. No quisiste desayunar, nada te consolaba. Estamos en el salón viendo la tele y esperando a mamá. Te puse el termómetro: 38,1 grados. Notaba tu calor quemando tu cuerpo y mi mano. Vino al fin mamá y te puso un supositorio de nolotil , mientras fuí a dar un paseo a Chicho y tirar la basura. Cuando volví, con el olor a humedad y podredumbre de las hojas junto a la garganta, pude verte mejor, algo recuperado. Fuimos a dar un paseo por la calle Marina, con Chicho. El día está nublado, anoche pudimos ver la niebla sobre las casas y las luces amarillas del pueblo. Entonces, mientras caminamos , llevas puesto un chaquetón verde, un "barbu", me invitas a jugar a los números. Sobre las puertas de las casas, la numeración te llama la atención y entonces me preguntas: " Papá, cual es ese número ? " , si la cifra pasa de diez. Y yo te respondo: " veinticinco" o " treinta y tres". Tú me vas diciendo : " Tres y dos " y enconces yo te contesto :  " treinta y dos" y así con todos los números que vemos al pasar por la calle. Al final , hemos seguido el camino de la Ruta del Emperador, con el suelo mojado por la lluvia, los colores propios de la estación, las higueras, las plantas que tapizan las paredes de piedra medio caídas, los robles que han crecido entre las piedras, los olivares con su fruto. Antes de empezar la caida del camino, hemos tomado otro pequeñín y acogedor que sale a la izquierda para ir a un lugar donde hay chumberas y naranjos dentro de las lindes de una finca antigua. He cogido un higo chumbo que no quisiste probar y una naranja que probaste. Pero te encuentras aún mal y hemos vuelto a casa despacito, caminando sobre las paredes de hormigón de una regadera y luego yendo a por la comida que mamá encargó en la Sopa Boba. Cuando ves una rama o un tronco seco o cualquier brizna negra o gris , siempre me preguntas: " papá, esto está quemado? " Y yo te contesto : " no, está seco". Y si digo que está quemado me dices " Y quien lo ha quemado, unos hombres malos ? Bueno, algunas veces te respondo que sí, y otras que no, que no necesariamente.

Después de la siesta, me he quedado un rato contigo, tus pies fríos, tu carita de pena. Me he abrazado en el último instante antes de salir para Badajoz y casi se me salen las lágrimas de los ojos. Quiero seguir teniéndote conmigo, abrazado a mí, así tenerte, sobre mis brazos, dejado caer. Pero la noche ha llegado y tengo que salir. Bajo las escaleras con un nudo en la garganta. Quisiera coger este tiempo y meterlo en un bote de cristal sin fisuras. Quisiera coger estos momentos y guardarlos más allá que en la memoria, en un recipiente hermético donde pudiera meter tu voz, tu mirada, tus gestos, tus cosas, tus respuestas, esos colores amarillos de los chopos, esos naranjas a lo lejos, esa flor que trajiste para mamá de la finca, esa flor que luego se quedó destrozada en el asiento, pero que cogiste para mamá, ese olor tuyo a vida. Ojalá pueda seguir así toda mi vida, cogiéndote en brazos mientras bajamos las escaleras.

Déjame ahora disfrutarte en la distancia y llorar con las palabras..

Te quiero, Carlos.

Talavera la Real, desde mi habitación ( nº 1 ) en el pabellón. 15 y 16 de noviembre de 2009