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feranza

En la Vía Verde del Aceite

Quiero caminar de nuevo por esa vereda, ese milagro que dejó un tren de humo que nunca ví. Camino a tu lado, tú a mi lado. Voy hablando contigo , a rato cojo tu mano, nos abrazamos, sentimos sin decirlo, el dolor en los pies como un suave cosquilleo de la tierra. Hace frío y a ratitos, calienta el sol sobre la piedra, en la tierra aún mojada por la última lluvia, olorosa de tomillos. Allí, nos tumbamos a dormir un ratito, junto a este perrito que  nos acompañó todo el día.

Celebramos cada puente como un homenaje al hierro en el que se funda. Entrego tu cuerpo desnudo como una ofrenda. Tu desnudez es ahora una blanca seda sobre el esqueleto y las venas del sabio metal. Tu pelo al viento, son las crines de ese coloso que se mantiene sobre el agua.

Siento la pureza del instante y callo para no manchar. Veo los olivos con su bandeja de frutos, aún sin madurar, y su compás redondo , geométrico, de tierra en su sombra.

En las riberas, bajo los puentes, los chopos amarillean. Noto el otoño en su follaje precioso, también en los pardos de los tarayes, en los espinos vigilantes junto a la vía, con sus bolitas rojas.

Cada rincón es una foto, en cada paisaje reconozco tu amor, te veo entre él, como una silueta tras un paraguas.

Lavamos la tarde cenicienta con besos húmedos.  Nos sorprendemos por el eterno paisaje como algo nuevo a cada paso. Río Víboras, puente medieval, estación de Alcaudete, testimonios del pasado que ahora revivimos, sobre los que gozamos, pisando, caminando, notando juntos un sudor de flores, de besos – caricias.

Talavera la Real, 3 de noviembre de 2010

Luz de luna

Contemplo en mi viaje, una luna redondeada, sobre la línea del horizonte, una luna amarillenta, medio anaranjada, erosionada tan solo por un halo de luz que no le llega. Contemplo esta luna de octubre con emoción y me dirijo a un lugar donde verla y escribirle. He detenido mi coche en un lugar húmedo, cerca del Guadiana, entre las luces de Badajoz y su muralla a lo lejos y este foco radiante de misterio que ahora me deja perplejo, pleno, casi ciego en esta contemplación solitaria.

He bajado del coche. Ahora no oigo nada, tan solo un grillo a lo lejos y un fuerte perfume de estrellas en el cielo. Solo la humedad de los cultivos me enfría, pero no es que quiera volver, sino que he preferido detener esa inercia hacia el después, andar despacio por este presente que es lo que poseo, acariciar esta luna con las manos, con los ojos, sin que los puentes del pensamiento de la acción, me tiendan sus continuas y desgastadas trampas: " cruza, no te quedes ahí ". Pero ahora desoigo esta voz y voy conduciendo despacito por la noche, sintiendo las sombras, viéndolas pasar a ambos lados del alquitrán hecho camino.

Esta luna me sobrecoge es su plenitud e inmensidad, como una gran hoguera y yo, que soy insignificante, acudo a sus lindes terrenales para adorarla, como ser amante de su infinita radiación de vida anunciada en la noche como una fuente de besos cárdenos, dichosos, luminosos, como una esfera de amarilla sabiduría, de quietud, de decirnos a nosotros mismos: " ¡ Quieto, estáte quieto por una vez !. No sigas más tu automático camino , renuncia a esa agitación autómata y ahora siéntate o quédate de pié, pero en el presente, en este nocturno presente cargado de emoción.

Talavera la Real. 26 de octubre de 2010

Con la bicicleta

Descubro tus cambios a veces en pequeños detalles. He viajado a Jarandilla con el convencimiento de que iba a estar contigo solo todo el fin de semana, aunque el sábado por la tarde llegó mamá. El viernes te recogí en el frontón. Allí estabas con Esther jugando y con la bici aparcada sobre las gradas de granito. Va avanzando el otoño que poco a poco entra por la portilla Jaranda y que se puede notar en los amarillos de los arces y en esos pardos que cubre la sierra.

Con un tira-chinas que compré en Granada, nos entretenemos tirando piedrecitas. Juegas con otros niños en los columpios.

Como sigues temiendo que te lleve a Losar a dormir y eso para tí es una losa ( nunca mejor dicho ). Así es que no me ofreces tu lado más amable cuando te recibo y cuando me ves. Poco a poco dejas las lágrimas y se marcha Esther. Esa figura femenina que te acoje, es suplantada por mí, que me veo impotente de captar tus emociones para que estés a gusto en mi compañía. No nos vemos desde hace tres semanas y se nota. Pero trato de distraerme y distraerte en el parque.

Recuerdo que hemos ido a la finca. Todo está lleno de maleza y crecen las zarzas por doquier, así es que no se puede casi entrar en el terreno. Nos distraemos cogiendo manzanas rojas. Muchas de ellas reposan bajo el manzano generoso del vecino. Hay otro manzano con manzanas verdes, más pequeñas. También has cogido algunas pequeñitas, como pelotas. En el suelo se van pudriendo algunas, con agujeros por donde ha penetrado el gusano. Salvamos de la putrefacción segura algunos frutos y me los llevo al coche. Nos hemos metido algunas en la boca, sacándoles brillo con la camisa y otras, has enterrado junto a la pared, con energía.

He notado tus manos ásperas. Es la primera vez que las veo así. Eso me quiere decir que vas creciendo, que te van dejando huella los  juegos y trabajos, que tu piel no es tan débil ya. Me reconforta y extraña al mismo tiempo.

Te veo sentado junto al surco jugando con la tierra, jungo a los helechos amarillentos. La emprendes a palos con la higuera de higos chumbos y te riño. Vamos al Gante para jugar. Se hace de noche, hace frío y juegas con Enrique, que ahora lleva gafas, con Minerva y Islam. Después de cenar hemos salido a la plaza, frente a San Agustín a dar vueltas y jugar a atrapar. Islam se esconde detrás de mí y vosotros le lanzáis no tan ingenuamente, patatas y manotazos. Su fino cuerpo con jersey de cuello blanco, se esconde como puede, protegiéndose de vuestras agresiones.

A cada momento te acuerdas de mamá. Esto a veces me desconcierta porque no sé como llamar tu atención para que estemos el uno en el otro sin esta ausencia tan palpitante que no te deja ver que te quiero. Es duro para mí aceptar esta realidad pero es así. Un mero visitante que tiene que conformarse con las migajas de tu tiempo en fin de semana. No siempre escapo de este nudo en la garganta. Son cinco años dando vueltas, viajes a veces sin una luz cierta al final del túnel.

Trato de no lesionarme demasiado, de hacerte todo fácil, de no caer en los nervios. Me desvivo por salir de este círculo donde te encuentras desvalido sin consuelo cuando mamá no está y luego la reclamas y solo me rindes una sonrisa cuando la sientes cerca. Quisiera que todo esto fuera fácil. Creo que voy a hablar con mamá para que estemos juntos más tiempo y compartamos actividades donde te entregues, donde yo te parezca amable y el mundo redondo.Pienso prescindir de todo si estás bien.

Hay luna llena sobre los tejados, una luna azul, con un halo sobre las nubes rotas. Una luna medio fría, sin lluvia, una luna  como un candil.

Al llegar a casa, solo has querido que te cuente un cuento, un cuento grande con letras grandes y dibujos. Querías ver las ilustraciones y al poco rato, te he visto dormir, abrazado a " osito " , un osito de peluche tierno y grandote, pardo, bonachón, agarrándote profúndamente a él.

El sábado hemos desayunado. Te haces el remolón viendo la televisión, tus dibujos. Vamos con la bici en el coche, al frontón. También hemos bajado a echar un vistazo al árbol que pone Carlos. Disfruto de este calorcillo de otoño sentado en una piedra. Al otro lado, están agrandando la capacidad de la garganta con enormes piedras colocadas en la pared.  

El domingo por la mañana fuimos a la finca de Raúl, con Minerva, Raúl y Enrique. Fuimos con el coche de mamá y con la bici que compró para ella y con la tuya, ya de una talla acorde a tu edad. Salimos por el camino y cuando sientes la velocidad y libertad, gritas y te alegras.

Hemos asado castañas sobre una hoguera que hicimos en el suelo con restos de ramas y hojas. Es el tiempo de este fruto, cuando los erizos se abren y enrojecen las vides. Es tiempo de vinos, de fermentación. La tierra agradece la humedad y recicla lo orgánico. Sentimos el sol como un astro que nos acaricia, que nos deja salir de paseo por la mediodía.

El domingo, antes de marcharme, he ido a limpiar algunas hierbas en la finca. He sentido su poder, el poder de la entrega a lo vivo. El sudor, tu olor a niño de nuevo al volver a casa y ese último beso que me regalas.

Badajoz, 25 de octubre de 2010

Sin anestesia

Vivir sin anestesia es duro, es enfrentarse constantemente al vacío. Es sentir la soledad, sin obstáculos, sin barreras, sin traición. Es deambular libremente en uno mismo, por cualquier lugar, sin rumbo, a veces con pena, otras con admiración, otras, la mayoría, en silencio, tan solo tú, dentro de tí, sin más música que esa suave vocecita interior que te va conduciendo por calles deshabitadas, por rincones oscuros, por los arrabales de la ciudad.

Vivir buscándose, buscando la naturaleza propia, es una tarea complicada, porque nada te vale para soportarte a una realidad que sería más fácil, llevadera, olvidadiza, pasajera sin memoria. Pero ahora no hay marcha atrás. Camino entre los pilares de mi ser y entre lo que entiendo por una vida real, única, verdadera.

Estoy en Badajoz como sobrevolando una ciudad de la que solo sintiera a lo lejos, las casas, los tejados, el leve olor de las estaciones, las aguas del río fluyendo despacio. Pero sobrevolando a fin de cuentas sin entrar, como en una enorme cometa que se hubiera desprendido para siempre de las manos de su monitor. Soy esa persona que quiere posarse en cualquier lugar, pero sin quedarse en ningún sitio. Camino, obedezco a mi cuerpo, a mi alma que me grita desde dentro a veces. También obedezco al ocio, a la búsqueda de la que estoy hecho y a veces salgo de noche para cansarme, para cansarme sin más.

Me miro por dentro y todo son preguntas. En medio de todo eso, quiero entender la vida con amor, pero tórpemente, sin llegar a posarme en ninguna ventana, sobrevolando como siempre y de nuevo en la carretera, donde en el movimiento y la búsqueda permanente de algún lugar desconocido, quiero olvidarme de esta realidad de asfalto a la que no quiero pertenecer.

Sin pertenencia, sin un mundo cálido, me he sentido bien en algunos momentos. Sigo apreciando una mirada, un gesto de cariño, una puesta de sol, un lugar nuevo, el ruido de las olas, con su voz ronca de mar en el corazón. Sigo entendiendo el alma del hortelano y del jardinero, entre el sudor , el lenguaje de la tierra y la belleza. No sé cuando voy a dejar de existir, pero sigo amando, quizá lo que no tengo, quizá lo lejano, quizá solo en un momento, a pizquitas, a ráfagas, pero entiendo verdad en ello, así lo vivo, me sirve, es todo.

Me enamoran mis fotos, busco el lugar donde sentirme bien, quizá entre la espesura de un bosque o entre las gentes de los pueblos que no conozco, entre sus comentarios, sus gestos, su calmada y reposada actitud dentro de las tabernas.

Busco un río cuando puedo y me siento para dejarme llevar un poco por sus aguas. Busco la altura cuando me hace falta, un desafío con un final repetido, por el placer de subir. Desde la altura veo la tierra de otra manera y me siento bien con el solecito y la brisa,con los colores de los chopos amarillentos y el olor al otoño que va pudriendo las hojas entre los arroyos recién alimentados.

A veces, alcanzo la orilla de la playa con una mano de la mujer que quiero. Disfruto bien este amor como un renglón cierto del sonido de la vida, una partitura clara, abierta, floreciente y perfumada.

No quiero quedarme en las lindes de las grandes cosas. quiero penetrar en ellas y me visto de aventurero que es siempre la ropa que mejor me sienta. No me importa esa soledad y la asumo con una felicidad que pocos conocen, que pocos entienden. Entonces, soy yo mismo, me siento gigante y pequeño a la vez, pero abierto como una granada en octubre, para las gentes que encontré. Estoy para todos en ese momento y me gusta jugar con la realidad, soñar donde otros padecen, donde otros tristemente, pasan sin más. Soñar en lugares nuevos. Esa es una realidad fantástica que ahora me sujeta a este mundo.

Badajoz, 20 de octubre de 2010

 

Día de tus 6 añitos y yo, en Badajoz

Ahora estarás con tus amigos en la emoción de tus seis añitos recién cumplidos.

Te puedo ver por la ventanita del deseo de estar junto a ti y por la neblina de la distancia, cogiendo chucherías de la mesa y rodeado de ruidos y fiesta.

Es un día inolvidable en tu carita de niño, en tu cuerpo disfrazado de héroe.Puedo verte en la distancia enemiga sin piedad, en esa distancia de la que han nacido muchas lágrimas e ilusiones. Puedo verte sin querer, imaginarte para salvarme de la profundidad, de la oscuridad, de la lágrima que está a punto de caer, de ese nudo que me aprisiona en la garganta.

Soy ese padre que sufre, que llora y que se golpea en las entrañas. Pero ahora, hijo mío, estarás contento subiéndote quizá a algún columpio, llenándote la boca de chocolate, meciéndote entre el ajetreado aire esparcido con tus juegos.

En cualquier rincón sientes la vida, abrazándote a ella como al lomo de una piedra. Sientes en tu cuerpo la dicha del beso y surcan ríos las aceras cuando lloras. Pero ahora eres ágil y verdadero como un pequeño felino, vestido de dinosaurio quiero imaginarte, mientras desde mi cristal de lluvia, torpemente, cojo el teléfono como en una agonía, como desde un satélite que quisiera alcanzar la tierra donde tú estás.

Felicidades, mi niño de vida, mi río , mi luz, mi llanto.

En mi piso de Juan Bautista Cámara, en Badajoz, 6 de octubre de 2010

Vino el abuelo, María Jesús, los tíos de Rumania y … comenzó el otoño

Todo se ha condensado en un solo fin de semana. El viernes viajé a Jarandilla, para encontrarte en el frontón con tu nueva bici, más grande y que manejas con soltura. Allí estabas con Esther, la nueva canguro, tu nueva cuidadora. Una chica rubia, de rasgos finos, a mi modo de ver, responsable y natural de Jaráiz. La he visto con una amiga y un niño pequeño . Jugabas a huir de mí y no me di cuenta. Tienes en la mente la obsesión y el rechazo de venir a Losar a pasar noches conmigo. Sigo torpe sin darme cuenta y no hago sino caer en el mismo pozo. Te he lastimado y lo sé ahora, después de que no te tengo, es decir, en la distancia en cuando caigo en la cuenta del error. Pero cuando estoy contigo me hago egoísta y solo pienso atraerte hacia mí para poseerte, para sentirte pegado a mí y esto no es lo que realmente quiero.

He llegado el viernes con el verano por dentro aún y por fuera con el sol entrando por la ventanilla del coche y parándome a tomar , como viene siendo costumbre, al lado de Escurial, un café con hielo, aún con hielo, a pesar de que hemos iniciado octubre. El abuelo y María Jesús llegaron después, después de salir corriendo detrás de ti por los alrededores de una caseta que está instalada en esa charca frente al parador. Es la primera vez que accedo a este recinto.

Llegó el abuelo, fuimos a cenar algo y de nuevo la situación me superó. El abuelo nervioso por verte inquieto y yo con la mano en tu mejilla. Dolor, dolor y la pena , la tristeza después de haberlo hecho. Me siento encadenado en esta situación que se repite. Estamos en el bar, te vuelves inquieto, reclamas a mamá, quieres que venga. Ella está en un curso en Trujillo. Entonces te subes en los asientos , juegas, te das la vuelta, el abuelo se inquieta, yo no sé qué hacer y rompo con una bofetada que te produce dolor y a mí más todavía.

El sábado por la mañana fuimos a tomar algo al Ruta Imperial, en la terraza. Está el campo entero esperando la lluvia y todo permanece seco. Algunas hojas han caído del robledal y maduran las castañas dentro de los erizos, pero todo sigue seco y aún hay moscas en los cristales. Se acerca tu cumpleaños y mamá está ultimando los preparativos. Comimos en casa y por la tarde me fui solo a Madrid con el coche de mamá para recoger al tío Mirciu y Corina. Llegué avanzada la noche. Estabas durmiendo.

El domingo por la mañana fuimos a tomar algo con Vito y Mari y los tíos y los abuelos. Te he regalado una camiseta de Gormiki, de manga larga, que ya te has puesto para salir todo el domingo. El día se ha levantado gris y ha cambiado, de pronto, el tiempo. A media mañana ha comenzado a llover, al fin el otoño , y no ha dejado en todo el día. Así es que hemos tenido que echar mano de ropa improvisada. Junto a la iglesia de San Agustín me enseñas tu escondite para la lluvia. Nos metemos debajo del paraguas vegetal que forman las plantas. Allí apenas nos mojamos. Tienes un abriguito abierto y llevas el gorro puesto. Te veo comer un huevo sorpresa y dentro tiene regalo: una muñequita de plástico. Me la enseñas y comentas que es algo para niñas. Te cojo de los brazos y te digo: Carlos , te quiero. Entonces me miras distraídamente y me dices : Y a que viene eso?. Te digo que todo hay que expresarlo, todos los sentimientos, sin estar muy seguro si alguna vez he hecho esto. Entonces, te pido un beso que me das manchado en chocolate. Salimos corriendo de nuevo al bar.

Antes de irme, cuando ya los abuelos habían llegado a Pozoblanco, juego contigo en tu habitación a lanzarnos una pelota pequeña, sentados en el suelo y con las piernas abiertas. Luego, la pelota se convirtió en un arma arrojadiza contra un peluche de oso. Nos reímos de la brutalidad. Me he marchado a Badajoz con la lluvia a cuestas y los limpiaparabrisas mareantes durante todo el camino.

LLegó septiembre: azúcar en los árboles y sal en mis ojos

Llegó septiembre Va pasando el tiempo, creces y ya llegó septiembre de nuevo. Noto septiembre en el aire, en esa brisa que nos reconforta, en esa nitidez que el verano no tiene, en ese salir a la calle sin esconderse. He viajado desde Badajoz, pero esta vez por Cáceres, que hace poco se inundó con granizo y una tormenta que hizo daño y parando para visitar Alcuéscar, el pueblo y su iglesia visigoda de El Trampal. Luego, he visitado también el castillo de Arguijuela y en fin, dado un rodeo hasta llegar a Plasencia y Jarandilla. Es tiempo de la festividad del Cristo, es decir, de ese tinglado que montan en la plaza para acorralar a los toros y la gente , provocadora, sostenerse en los palos al acecho de la criatura desorientada. Te encontré en el frontón, con Belén y su niño pequeño, que se llama Alejandro. Maduran los higos y en su azúcar se posan los pájaros y los insectos. Hey revoloteo de ellos ante la proximidad de la vendimia y los ramos de uvas se dejan caer por las parras en las paredes de piedra. Da gusto caminar por el campo y encontrarse esta fragancia de frutos, también de la voracidad de la tierra que pretende engullirlos, en esa putrefacta y necesaria gula. He escogido un camino para andar contigo. El domingo fuimos a la finca. Nos manchamos con la tierra y el barro de la última vez que llovió para abrir la puerta al otoño. Voy cogiendo los higos de las higueras generosas, abriéndolos de maduros entre mis manos insaciables y comiendo solo lo esencial de su almíbar. Mientras, te veo jugar con Quique en su finca, correr y perderte a lo lejos.

El domingo por la mañana acudimos a quemar algunos rastrojos. Te veo echar pasto sobre las llamas, quedarte fijo en la mirada. Te recojo en brazos ante la amenaza de las zarzas que todo lo ocupan con sus tentáculos. Poco a poco van madurando los caquis. Siendo ese olor fuerte a descomposición, a las cañas del tabaco y los restos de hojas y frutos. Hemos cogido manzanas rojas de los manzanos del vecino, allá, en la finca. Este es un lugar para nosotros. Bajo la sombra del aliso, del gran aliso junto a la finca, en ese rincón maravilloso y en sombra, con unos hierros, trato de consolidar la base para una futura atalaya, como una choza para el juego. Te subes a las ramas, grabamos un video, varios videos, en los que digo que te quiero. Luego, entre los helechos, miro a mi derecha y te veo lanzar terrones al lado de las pequeñas plantitas y los surcos del tabaco recogido. Más allá, las puertas del secadero están abiertas para que circule el aire y cure la planta tendida boca abajo como en un tendedero. Hay pepinos amarillos y calabacines. Todo me parece bonito, todo decorativo.

Con este aire de cosecha nos vamos a casa. Hay cosas que no entiendo. Por qué sufro ahora,?, por qué sufro al tenerte y no tenerte?. Siento que a veces estoy distante y lejano como un visitante inoportuno. Esto me desconsuela y creo estar tirando por la borda cinco años de viajes y cambios. Me marcho con la angustia en el cuello, dentro, a mi piso de Losar y allí, querido mi hijo, lloro, lloro y me marchito tendido en el sofá, cayéndoseme un reguero de lágrimas por los costados. Lloro desnudo en el sofá, solo, derrotado, masturbándome como una droga que te permite dormir por la noche. Fuera, hay silencio como una gran espuma y la tarde se dibuja diáfana y clara.

 Septiembre está en la calle con su poder de frutas, con tus labios mojados, con la simplicidad de tu mirada, con esta sencillez que no entiendo, que no leo, que no veo. Soy ciego cuando me acerco a ti, ciego y torpe. Me gustaría tenerte cerca ahora y poder abrazarte. Decirte que ni siquiera las voces de la pena pueden apartarme de ti, pero te veo volátil y lejano, como lo estoy yo a veces. Te acompaño, me besas cuando te lo pido, me das la mano con esfuerzo y aprovecho el peligro para agarrarte. Quiero sentirte dentro, pero debo aprender más y ahora, soy un hombre muy ignorante que se queda solo, muchas veces, muchas veces, en las lindes de ti. Regreso a Badajoz con demasiado azúcar dentro de mi, pero demasiada sal en mis ojos. Me meto en carreteras secundarias para olvidar, para entretenerme con mis fotos, con mi colección de pueblos: Miravete, Jaraicejo, Puerto de Santa Cruz, Trujillo… Todo pasa como en una postal y yo soy una persona perdida que no sabe donde va, agarrado como estoy, en el umbral de ti, sin poder pasar. Talavera la Real, 21 de septiembre de 2010

Viniste a Badajoz

Uf. Ha sido como un sueño, como un sueño donde dos enamorados se encuentran. Así te esperé casi sin dormir la siesta después de comer el miércoles día 15 de septiembre. Viniste con mamá a Badajoz y os esperé en la puerta de IFEBA. Ha sido una sorpresa y no sabía por donde llevarte. Mamá tuvo que venir para asuntos de su trabajo y durante algo más de dos horas te tuve. Fuimos a mi casa, abrimos la puerta, no sin antes hacerte una foto abajo, como tu quisiste, justo al lado del ciprés. Viniste con tu ropa de la equipación de fútbol de España y luego subimos al piso. Conociste mi entorno y mi habitación. Te daban un poco de miedo los gatos y te gustó mi dormitorio. Cogiste la calabaza del suelo, la calabaza que habilité como hucha en los últimos tiempos en que viví en Jarandilla. Merendaste un poco y enseguida nos fuimos a dar una vuelta por los jardines del Rivillas. Estábamos solos en los juegos hasta que llegó una niña que se llama Marta. Luego, ella se fué y nosotros nos fuimos a la Alcazaba. Te asomabas por la muralla para lanzar piedras por encima de ella. Iba contigo por Badajoz, en el coche, sintiéndome como un papá nuevo, alegre de tenerte. Pero el tiempo se va prontito y regresaste con mamá a Jarandilla. Para consolarme me metí con el coche por carreteras estrechas, pasé la frontera de Portugal y el río Caya para ir a tomarme un café. No sé bien por qué, pero para aliviar la pena, la despedida, siempre camino por lugares poco frecuentados. Quizá encuentro cobijo en lo antiguo.

Te tuve en Badajoz, durante unas horas y eso fué milagroso. También me apenó saber que tardará en repetirse.

En Jarandilla sin ti.

Este domingo estuve en Jarandilla y tú no estabas. Habías ido con mamá, Victor y Mari a Madrid y Talavera de la Reina. He entrado con el coche, por la mañana, por la calle principal del pueblo y de pronto, una pena profunda se ha apoderado de mí. He revivido ese triste momento en que en un futuro que imagino, regrese a Jarandilla y solo conserve de esta tierra, ese recuerdo hirviente de tus años infantiles y mis viajes.

Verme en este lugar sin ti, aunque solo sea como un fantasma que me aprieta la garganta, es quedar preso en un sinsentido. Así he recordado esta mañana de septiembre , con esa melancolía y vacío. He ido, quizá por consolarme, a echar un vistazo a mis arbolitos del terreno. Trajinando sobre la maleza, caminando como he podido, he llegado hasta el pozo con el cubo de agua para regalarles unos litros de líquido. Aún aprieta el sol. Se nota en el robledal que el otoño se acerca. Se ven las primeras hojas flotar sobre el agua, aún embalsada, junto al puente Parral. Pero aún aprieta el sol y apetece bañarse. Recuerdo en cada árbol una fecha. Ese lugar está lleno de vida y vivencias. Avanzado el otoño, como ahora el verano, venimos para darnos el gusto de pegar fuego a los rastrojos. Me ayudas porque el fuego te conmueve y vas arrimando pastos para alimentar las llamas.

Pero Jarandilla está sin ti y en esa piel muerta te recuerdo. Jarandilla se muestra para mí, entonces, como un lugar vacío, vulgar, sin historia. Jarandilla entre mis pupilas como una postal apenas animada, como un decorado de cartón – piedra. Y en mi corazón una brecha, de vacío y recuerdo, como si ahora estuviera en el futuro, en ese viaje que me aterroriza realizar pero que hoy, ha llamado a mis adentros cuando he atravesado sus calles sintiendo que dentro de ellas , tú no estás.

Talavera la Real, 6 de septiembre de 2010

Carlos y Arantxa desde Sevilla

 El viernes vinieron Carlos y Arantxa desde Sevilla. Nosotros estábamos en la garganta de Puente Jaranda, aprovechando los últimos baños de temporada.

Me gusta verte sosteniéndote en el agua para alcanzar con esfuerzo la orilla. Te lanzo desde el borde y te veo caer como puedes , ocultarte bajo el agua y enseguida asomar tu cabecita y salir deprisa hacia la superficie con el pelo relamido.

El sábado estuvimos todo el día juntos y fuimos a comer a Losar con ellos, a mi piso, después de estar por la mañana en la piscina natural, donde te lanzamos al agua al contar tres. Volabas, caías y luego salías enseguida. Pero te cansaste y protestaste. Sin embargo cuando viste el video, te alegrabas de lo que hiciste. Vas corriendo hacia el agua y luego te veo trepar por un terraplén, solo, con ese aire de autosuficiencia.

Talavera la Real, 6 de septiembre de 2010

En Valencia

Hemos ido a Valencia desde Jarandilla con Maribel para pasar una semana con la familia. Piensas en el primo Toni y el primo Toni piensa en ti y a pesar de la diferencia de edad, hacéis buena pareja. Así que esta semana y a pesar de la dificultad de convivencia entre todos en el piso de la tía Sonia, hemos ido a pasarla juntos. En el camino paramos a comer en un restaurante de Ocaña. Nos acompañó Maribel, que se fue después para Motril en autobús.

Hemos ido a la playa de la Malvarrosa. Juegas tirando arena que coges bajo el agua, al primo. Te veo muy ajetreado removiendo el agua y entrando y saliendo. A veces, bajo mi sombrilla, te puedo ver cavando agujeros en la arena. Tu cuerpo es brillante y moreno. De vez en cuando, te veo jugar solo, alejarte unos instantes y luego volver.

La otra noche te quedaste dormido sobre unas sillas en una terraza. Es un lugar cerca del mar. Hace un calor sofocante como no se recuerda en décadas. Yo sostengo tu cabecita entre mis brazos y te veo medio dormido pensando y mirando al cielo. Esto me transmite una ternura indescriptible. No me ha gustado pegarte, pero he estado muy nervioso en el piso por los problemas de convivencia.

Fuimos a la Albufera y entraron dos peces dentro de la barca que nos llevaba dando un recorrido por los cañaverales. Hemos visto garzas y patos de diferentes tipos. Es un lugar impresionante, una laguna de escasa profundidad y llena de vida. Luego estuvimos en la playa de la Devesa, salvaje y desnuda entre pinares.

Con el primo visitamos el Palacio de las Artes y las Ciencias. Lo pasaste bien en un espacio para niños jugando a ser albañiles y construyendo tejados con ladrillos de espuma.

Duermes al lado el primo en una cama doble. Yo me quedo en la terraza  y cuando sale el sol me despierto por el calor. Pero tú sigues más tiempo allí, tendido, moreno y ya crecido, delgado, independiente, ágil.

La última noche fuimos todos a la playa y comimos bocadillo y bebimos cerveza. Te bañaste en esa agua oscura de la noche, sin temor, sin miedo, arrojándote por completo. Te he mirado con envidia.

 

Las Gargantas

Con tu espalda morena, avivado por el sol, rubio tu pelo, casi rubio, mejor dicho, con tus ojillos despiertos, con tu amigo infatigable, con Enrique, vamos a la garganta para saltar de cualquier modo sobre el agua fría que baja milagrosamente de la sierra, de esa sierra que se nos antoja calurosa, impracticable en estos últimos días de julio y puente hacia agosto.

Nos metemos en el baño sin comedimiento. Mientras me baño, vosotros descubrís cualquier cosa entre las rocas allá abajo, explorando y saltando de una en otra como aventureros. Os acercáis al manantial para recuperar el frescor. Cientos de bañistas un año más al borde de la charca, de este maravilloso y transparente líquido que viene a colmarnos de placer, de frescor, de dicha. Hemos ido incluso a escalar por las lanchas de granito junto a Puente Parral, a echar agua al árbol llamado Carlos, solo un par de cubos y tú, con una botella de agua que recogemos de la garganta. Subimos al camino trepando.  Te hago fotos en la ascensión. Te tengo cerca, esto es lo más importante. Te paso la mano por tu pelo, me emociono al contemplarte medio desnudo y ágil, moreno, esbelto, guapetón, activo.

El fin de semana pasado fué la boda de Eduardo y Verónica. Nos vimos en el pueblo. Luego, llevaste las arras al casamiento, junto a otra niña y a los pies del altar y de los novios. Te aburrías así, largo rato parado, sentado, mirando a todas partes. Esto es cosa de adultos, seguramente pensaste. Te veo allí, con un traje claro y  fajín. Luego, vino  lo bueno: con el primo en la celebración, en el convite, en el mismo pueblo, en Alcaracejos. Os sentásteis todos los niños en la misma mesa e íbamos y veníamos. Te ví de lejos luchando con las servilletas verde oscuro hechas un ovillo. Luchando entre niños, por el suelo y luego... aguantando el sueño para esperar al primo hasta que mamá te llevó a casa convenciéndote.

Este fin de semana hemos ido también al Guijo, con Enrique. Allí, la garganta está, si cabe, más concurrida y fría. Poco a poco va llegando gente. Jugáis entre las piedras y con la arena. Jugamos a que os tiro al agua, lanzándoos desde el borde. Nos divertimos.

Es el verano, este juego de agua y aventura.

Talavera la Real, 2 de agosto de 2010

En la calle

Puedes verlos en cualquier plaza de una ciudad, vestidos con ropas oscuras, despeinados, con la camisa abierta, los hombre, con vestidos largos y zapatillas, las mujeres. Ellos están curtidos por el sol y tienen grabadas en sus venas la pena, llevan en sus alforjas, entre los cachibaches y demás enseres, el olor de la huída sin retorno. Vienen de Arad, de Bucarest o de cualquier otro lugar de Rumanía. Les tengo un cariño infinito y me siento cerca de donde están. Cambio algunas palabras en rumano. A su lado, reposa un carro hecho de somieres, al modo de una rudimentaria caruta sobre ruedas de goma y un cochecito de bebé que transporta quincallas. Sobre él llevan baratijas, unas barras de cortina que rescataron de los contenedores, un mueble de acero inoxidable, una bolsa de plástico donde guardan el vino blanco, vino de tetra brik.. Me senté a su lado y me quedé mirándolos. El banco de la plaza es su sofá, duermen al cobijo de los puentes, lejos de la gente. Antes, habían discutido medio en broma por no sé qué asunto, pero ahora, quedaron solos dos hombres y los ví trajinar de aquí para allá. Uno de ellos fué a la tienda a comprar algo. Les dí medio euros, que es lo que llevaba encima y trajero una bolsa de hielo. Se sentaron conmigo. Cogieron dos tazas con asa de las de desayuno, y pusieron en hielo y un poco de vino que me ofrecieron. Bebí dos sorbos, luego hablé un poco con ellos y me fuí. LLevan dos años en España pero no han aprendido casi nada español porque nadie habla con ellos. La gente les evita y es normal,pero ellos tienen corazón , un pasado, una historia, sentimientos. Si te acercas a ellos notarás asomarse el hocico de otra cultura como un perro que se resigna a estar dentro de una jaula y nos mira con recelo detrás de los barrotes. Cuando me he ido: sanatate, noroc bun.  La lengua común es el primer paso y ahora, cuando los veo pasar por la calle, son como de la familia. No siento compasión, más bien curiosidad. Son nómadas, son libres, sus corazones siempre están despiertos.

En una plaza de Fátima, Córdoba, 23 de junio de 2010

Cuatro días

Acabo de pasar estos días contigo, estos  cuatro días que me acercaron más a tí. El miércoles llegué por la tarde y venías junto a Maite caminando por la acera, detrás de ella, con un poquito de vergüenza, de timidez quizá, por tu nuevo encuentro conmigo. Traías tu cartera, a hombros, que enseguida dejamos en el coche. Vamos a pasar estos días juntos, enseguida pensé. Y esto nos va a venir bien. Vamos a compartir y a celebrar. Vamos a dejar de un lado la rutina, vamos a intentarlo. Vamos a salir y hagamos las cosas según vayan viniendo. Quiero que todo fluya, como tu energía. Quiero contagiarme de tí en todo. Quiero que también tú te contagies de mí y que tengamos riñas y abrazos. Quiero que todo sea como la vida misma, sin fingir.

Hemos dormido cuatro noches juntos. Siento tu cuerpo en camiseta de tirantes al lado del mio. Siento tu respiración, tus movimientos, tu inquietud hasta el instante en que te quedas laxo, con la boquita abierta en un ademán sumamente tierno, infantil. Admiro esta vida tuya de concentrarte en cada momento, de entregarte al juego en cada instante. Cada momento, cada actividad muere y se justifica en sí misma.

Cuando estoy contigo y mamá no está, casi siempre comemos en el salón. Te gusta estar ahí y aunque se sale de la norma, a mí no me importa. Así que te preparo algo de comida y nos sentamos juntos en el sofá. Te distraes con la nintendo y te oigo comentar en voz alta el juego.

Después de bañarte te quedas un rato con la ducha para jugar. Te gusta disfrutar ese momento. Luego llego, sales de la ducha y te seco. Tu pelo fino, tu piel final, tus ojos de travieso…

El jueves por la mañana te llevé al cole. Luego me fuí a sudar a la finca, donde reina todo un caos de plantas que han crecido hasta sus confines vitales fruto de los ingredientes de sol y humedad. Así es que cuando me cansé, me retiré de la actividad y luego me fuí a casa para esperarte. LLegaste para dormir la siesta. Por la tarde salimos, fuimos a la finca de Enrique y con su padre. Allí jugamos un poco al fútbol con unas pequeñas porterías.

El viernes te quedaste al salir de clase, en casa de Enrique . Allí comí, pues por la mañana y parte de la tarde, estuve arreglándole el toldo en el bar El Lino. Me dí una buena paliza y no fue fácil, pero al final conseguí fijar el soporte al balcón con un sistema con tornillos.

El sábado hicimos una ruta a pié desde un lugar donde dejamos el coche hasta lo más alto en el refugio El Brezo. Anduvimos mucho y estábais cansados. Fuimos Enrique, su padre Raúl, Minerva , tú y yo. Vimos cachorritos de perros bajo una enorme piedra donde había parido la perra, cabras y una vegetación húmeda de helechos, robles y cantuesos. Por la noche fuimos a cenar al bar El Leti, morros y alitas de pollo.

El domingo por la mañana montamos en una colchoneta elástica que hay en el frontón. Los dos dando saltos. Todo un goce, pero que cansa, no creas.  Por la tarde , después de comer, dimos un paseo hasta el puente de palo. Allí abajo te bañaste y eso que el día estaba nublado y no hacía calor. Pero te arrojaste al agua con los mocos en la nariz, sin demasiada timidez. Luego, te enrrollé en mi toalla azul de playa, para que te secaras. Mientras yo estaba tendido sobre una piedra, tú jugabas a bañarte y a arrojar piedras pesadas al agua. Te veía desnudo por el rabillo del ojo. Me gustó verte disfrutar y con el baño te espabilaste que dio gusto.

Valoro mucho ese lenguaje que tenemos cuando estamos juntos. Al principio nos cuenta sintonizar,pero cuando lo conseguimo, es magia, es maravilloso. Vamos juntos y solos caminando. Preferirías quizá ir con tu amiguito, es normal, con él compartes juego y estatura, con él compartes esa ilusión. Pero te vienes ahora conmigo y aunque soy adulto,cargado de adulto, tenemos la vena de la sangre y sabes que a mi lado también aprendes cosas y yo a tu lado, me aprovecho de ese saltar sobre las cosas, de ese machacar los momentos que te hace feliz. Te miro y no hago mucho más. Vigilo un poco tu seguridad, pero eres aliado de las rocas. Te sientas al lado del rusco para acariciarlo y hacerte una foto.  

Cuando mamá llego de Glasgow, con retraso por problemas con el equipaje, la abrazaste al echarla de menos, pero me sorprendió también que lo hicieras conmigo. “Papá, también te echo de menos”. Esto es una colección de emociones. Eso es lo que quiero contigo. Sentirlo todo a tu lado.

Talavera, 14 de junio de 2010

 

En Vélez de Benaudalla. Junio de 2010

Ha entrado la luz del amanecer por la ventana, por el amplio cristal que nos separa del campo, de esas montañas por las que ayer vimos el sol en su fulgor de fuegos de junio. Ha entrado la luz y es un fino cristal, algo imperceptible, lo que nos separa de la calle, del olor de las plantas secas y de la humedad. En el pueblo, la vida transcurre despacio y los grandes plátanos son ahora un refugio para el paseo y el tránsito.  Estamos en la cama, cubriéndonos con una sabanita del frescor de la mañana, del frescor de las primeras horas de un domingo silencioso, de la suavidad de tu piel, de tu cuerpo desnudo junto a mí, de tu olor que persigo. Ha llegado junio a nosotros, como el que espera un día afortunado para aventar la mies, como el que aguarda la noche en luna para segar sin calor. Ha llegado la estación prometida y preparamos nuestro lecho como una baño para un recién nacido. Jugamos a comernos y a suspirar, jugamos a los fluidos, sintiendo la sangre y los latidos. Te abrazo entre dos finas superficies con mis dedos ardientes. El sol ha salido, pero entrelazados, queremos despistar ese otro momento de la conciencia, de sentirnos queridos también con las palabras y con los ojos. Queremos atrasar la ropa, el agua y la comida. Pasar hambre para saciarnos en nosotros mismos, de sal, de olor, de sudor, de codicia de piel, de sexo, de un sexo suave, azul, azul desde fuera y blanco, muy blanco, desde dentro.

Vélez de Benaudalla. LLanos del Castillo. Junio de 2010

El día que nació Daniela

Hoy día 3 de junio ha sido el día en que nació Daniela, en Motril. Aquí, en Badajoz, hace un calor casi de verano. En Motril, 29 º C de máxima y 22º C de mínima. Viento del oeste a 22 kmt/h. Cielo despejado con ninguna posibilidad de lluvia. El día que naciste, en las calles, aún se habla del "tijeretazo" de Zapatero por los recortes a los sueldos de los funcionarios y por la congelación de las pensiones. Por estos días se comienza a hablar ya de la inminente participación de la selección española de fútbol en el Mundial de Sudáfrica. En el día que tu has nacido, bienvenida a este mundo , nació también el tenista español por excelencia en la actualidad : Rafa Nadal.

Bajo el puente

Ha comenzado a hacer calor. Ese calor que aviva las moscas, que llena de polen los caminos, que madura las flores, que da protagonismo al agua y a las sombras.

De nuevo estoy en Jarandilla contigo. Al llegar a casa me recibiste con sorpresa y eso me gustó. Te lanzaste a mis brazos y me llenaste de alegría. Por un beso tuyo, un mundo: ¡ No sé qué daría yo por un beso!. Luego estuvimos en el frontón, junto al parque. Ahora ya sabes montar en bici y es más, sin ruedines y en perfecto equilibrio, pedaleando haciendo círculos en la pista de cemento. El jueves y gracias a la paciencia de Paloma, la madre de Enrique, pudiste manejar la bici y aprender algo tan hermoso como es montar en este artilugio que a mí, a tu padre, le ha traído innumerables sensaciones , disfrute y aventuras. De hecho, fué mi primer vehículo, un medio de transporte en mi adolescencia para escapar por aquellas carreteras mal asfaltadas, a los pueblos , los domingos por la mañana, con una barra de chocolate casero y unos churros liados en papel. Pasaba los días enteritos, hasta que caía la tarde, de un pueblo a otro, pedaleando, recorriendo kilómetros en solitario y luego, orgulloso, paraba a repostar bajo la sombra de algún eucalipto o al lado de un lugar singular, un puente, algún roquedal, un camino poco transitado, al margen de la carretera, para mirar la bici a cierta distancia y así, quedándome perplejo admirando su maravilloso y mágico mecanismo, sentirme feliz de poder llegar hasta aquel confín con tan rudimentario medio. Esto me hacía tomar aire, respirar profundo, sentirme bien con mi soledad, sacarle provecho a los fines de semana y cultivar eso que hoy en día, forma el eje transversal de mi vida: la vida en solitario. Bueno, pues te he visto a bordo de tu pequeña bici blanca y azul que mamá te compró hace ya bastante tiempo y que tenías medio arrinconada por no usar.

El viernes, como tantos otros, juegas con Enrique y cada vez, el vínculo es mayor entre esta familia y nosotros. De hecho, vino Enrique a tu casa a dormir contigo y el sábado, a la hora de la siesta, fuimos a Losar. El sábado por la mañana subimos a El Guijo, para el mercadillo de Viriato, con Raúl y Quique, en su coche. Allí dimos una vuelta y luego llegó mamá y Paloma. Bajamos a un chiringuito del Puente a comer. Al lado, el bosque de galería muestra sus más bellos momentos de la primavera. El agua corre con ruido, todo está exhuberante. En el mercadillo huele a queso curado y la gente recorre los puestos de artesanía y bisutería. He comprado un bote de arrope de calabaza de un kilo .

En la cama grande os veo a los dos dormir, aunque trabajito costó que os quedárais así, pues antes, hablando, jugando y yo, en el sofá, ya con mis cuarenta años y que no estoy para ruidos, mosqueado, llamándoros la atención. Te veo desnudo y noto tus pisadas trasteando en el baño y cogiendo una esponja. Te veo trastear por la ducha, saltar en la cama, el último en quedarte relajado.

El domingo, Minerva, ha ido en bici a Valfrío, por el camino que une este paraje con Jarandilla. Allí se ha organizado una quedada con padres y familiares. Hemos llegado por Cuacos nosotros con el coche de mamá. Y desde ese lugar, a pié hasta puente Jaranda, con Ñoño de monitor. Apetece el baño y hace un calor agotador, pero no he querido que te metieras en el agua bajo el puente , pues no tengo para secarte. Otros niños se han metido, pero bueno, te has resignado y te veo quietecito con tu gorra, sobre una roca. Trepas la empinada cuesta con suma facilidad y luego, cuando pensábamos que íbamos a comer allí, os he traído a casa y has comido con Quique y mamá. Por la tarde fuimos a la garganta Parral y os dísteis un buen baño. Yo llené un cubo con agua para regar los arbolitos y de paso os dí un buen remojón. Vosotros corríais por el filo de la parte de cemento y yo iba detrás, descargando el contenido en vuestros cuerpos. ¡ qué maravilla, qué ingenuidad y sobre todo, qué juego tan sincero !.

Te veo, después del remojón, tumbarte sobre una gran roca al sol, con tu cuerpo musculoso, fibroso, ese pequeño bañador color carne y boca abajo sobre la piedra.Me hace mucha gracia verte así, relajado, gozoso de estar allí. Cuando me iba a Badajoz, te abracé. LLegó mamá, te dí el último abrazo. Desde el agua me dijiste: ¿donde vas, Papá?. Yo te contesté que a Badajoz y justo en el momento que nos abrazábamos, tu cuerpo mojado y mi espalda sudorosa, me dijiste : ¡ gracias, papá , por estar conmigo ! Uf.  No te puedo ni contar lo que sentí con eso, con esas palabras, con esa mirada, con notar tu cuerpo tan cerca, con la calidez de tu abrazo mojado . Cuando seas mayor y tengas un niño, lo sabrás.

Secándonos al sol

Fin de semana de mayo, de mediados de mayo. Ha llegado la primavera, lo que se dice primavera exhuberante, cálida, anticipo del verano, en este fin de semana de mediados de mes. Y lo hemos disfrutado. El sábado mamá estuvo en Trujillo y nosotros nos fuimos al recinto de la feria, porque ahora hay fiestas en honor a la Virgen y al lado del polideportivo hay instaladas atracciones.

El viernes nos montamos en los coches de choque. Cada papá con su niño, bien agarrado, pues son coches para mayores. Hemos dado vueltas al circuito y girado por el piso metálico. Te has asustado un poco al chocar. El sábado estuvimos tiempo en casa y mientras me eché la siesta, te quedaste viendo la televisión.

Pero el domingo apareció un día espléndido, un dia caluroso y todas las plantas y flores mostraban sus colores con intensidad. Cogiste tu monopatín y nos fuimos por Plaza Nueva hacia abajo. Este lugar me gusta. Desde el Vínculo sale una pista de cemento que va a parar a un camino menos transitado cerca de la garganta. Hemos llegado allí y nos quitamos los zapatos para meter nuestros pies en el agua, sobre las piedras. Cae con fuerza y vitalidad ese manantial que adoramos. Más abajo, la garganta madre, corre hacia el río y la hemos cruzado. Para ello te quité zapatos, calcetines y el pantalón. Yo hice lo propio y en la otra mano, el monopatín. Ibamos saltando de piedra en piedra y caminando despacio para no caer. Aún así tuve que tirar de tí hacia arriba en más de una ocasión. LLegaste mojado a la otra orilla, pero puse tu ropita sobre las piedras y bueno, algo se secó. Mientras, desnudo, te pinchas con las hojas de las hortigas sin hacerme caso,haces boquetes en la arena con la rueda del monopatín y tiras piedras gordotas al agua. Subimos como pudimos, ya cansados por un estrecho sendero al borde de las fincas recién sembradas de tabaco. LLegamos a la finca y desde ahí a casa. Vino mamá a recogernos. Por la tarde hicimos un camino desde la garganta Parral, desde el puente, hasta la garganta de arriba, en la carretera, junto al cámping. Hay unos prados bucólicos y todo está en paz e impregnado de primavera. Los cantuesos muestras sus flores lilas. Es un espejo del optimismo. Pena que me tenga que ir a Badajoz. Te voy a echar de menos, mi niño.

LLuvia de mayo

Te quiero morder y de hecho te muerdo, cuando consigo atraparte en este juego de fuerzas sobradas, en este juego a luchar que practicamos sobre la cama. Es el segundo fin de semana de mayo. LLueve durante todo el tiempo y aún hace frío. El ambiente está como en otoño. El domingo se celebró la primera Croll Popular con inicio de la carrera en la Plaza del Ayuntamiento.

Nosotros hemos ido a acompañar a mamá que se ha ofrecido como médico voluntario en la ambulancia de la cruz roja para acompañar a la carrera. LLueve y hacemos tiempo en el bar Puta Parió II mientras televisan una corrida de toros desde las Ventas por San Isidro. Te tomas para merendar un vaso de leche con cola cao y dos madalenas. Luego vino mamá y su amiga que ha estado todo el fin de semana con ella en casa. Se llama Alina y es rumana, de Campina. Es enfermera en una residencia de mayores en Navalmoral. Así que el fin de semana hemos alternado entre el Gante y los paseos al campo, allá por la garganta y los prados verdes y frondosos con la lluvia. El agua baja a buen ritmo por el cauce y se oye desde lejos.

Vas creciendo hacia la edad escolar. Ahora eres un niño inquieto y delgado, de pelo castaño y ojos vivos. De sonrisa con arruguitas en la comisura de los ojos y explorador. Ahora eres un niño al que le cuesta quedarse quieto a la hora de la comida y que protesta por todo. Un niño que no consiente que le manden. Un niño que corre calle abajo y que sueña con sus amiguitos. Un niño que al mismo tiempo,  necesita que le quieran y le mimen, que abraza inesperadamente, por sorpresa y eso nos llena de emoción.

Veo en tu crecimiento, en tu edad, el recuerdo de la mía. Recuerdo aquellos cinco años y medio o aproximadamente. Era otra vida, pero los gestos y el mundo de cada niño son parecidos. Cambia el escenario, eso es todo.

Te veo sobre mí , sobre mis hombros . Te siento sobre ellos y me pesa ya tu cuerpo. Giramos y damos vueltas hasta marearnos y eso te gusta.

Jugamos a la pelota y metemos goles entre la puerta.

En la finca de Luka

Se suceden los fines de semana. El pasado estuve de nuevo contigo y fuimos el sábado a la finca de Luka, en la carretera de Navalmoral y luego a la derecha, por un camino pedregoso y un poco difícil para turismos. Así es que compartimos el día con él y sus padres. Mientras jugabas en todo ese entorno natural con él, te dejé hacer , mientras yo construía con tubos de hierros un comedero para las ovejas. Me entretengo en mi trabajo de soldadura con el padre de Luka y te veo de vez en cuando trajinar con tu amiguito. Habéis quemado pasto y Luka se ha asustado. Ha llegado diciendo : " Papá, la finca se está quemando ". Entonces hemos corrido todos al lugar del incendio, sin más consecuencias. Me arrebatásteis un mechero que tenía en el coche, en la puerta, y con él pegaste fuego. Luego lo tiraste al lado, entre la hierba y lo recuperé. Cuando te pedí una explicación me dijiste que había sido cosa de Luka " que te había obligado ". Bueno, son cosas que usas para defenderte.

A la hora de comer, hemos acudido a la casa. Nosotros, cesando en nuestra faena y vosotros en la vuestra. Y así toda la tarde de nuevo. Te veo aparecer, primer sin pantalones y luego mojados. Más tarde con unos de Luka y la ropa cambiada.

El domingo fuimos a dar un paseo con Quique. Como hacía buen día, paré en la garganta del Puente Parral y enseguida os quitásteis la ropa para bañaros. Es una gozada veros allí, en medio del agua cristalina, jugando y saltando. Cuando me meto en el agua, descalzándome, incluso me duelen las piernas del frío y ya ves, vosotros desnudos. Eso no importa. Es el sol quien os proteje.