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feranza

Viniste a Badajoz

Uf. Ha sido como un sueño, como un sueño donde dos enamorados se encuentran. Así te esperé casi sin dormir la siesta después de comer el miércoles día 15 de septiembre. Viniste con mamá a Badajoz y os esperé en la puerta de IFEBA. Ha sido una sorpresa y no sabía por donde llevarte. Mamá tuvo que venir para asuntos de su trabajo y durante algo más de dos horas te tuve. Fuimos a mi casa, abrimos la puerta, no sin antes hacerte una foto abajo, como tu quisiste, justo al lado del ciprés. Viniste con tu ropa de la equipación de fútbol de España y luego subimos al piso. Conociste mi entorno y mi habitación. Te daban un poco de miedo los gatos y te gustó mi dormitorio. Cogiste la calabaza del suelo, la calabaza que habilité como hucha en los últimos tiempos en que viví en Jarandilla. Merendaste un poco y enseguida nos fuimos a dar una vuelta por los jardines del Rivillas. Estábamos solos en los juegos hasta que llegó una niña que se llama Marta. Luego, ella se fué y nosotros nos fuimos a la Alcazaba. Te asomabas por la muralla para lanzar piedras por encima de ella. Iba contigo por Badajoz, en el coche, sintiéndome como un papá nuevo, alegre de tenerte. Pero el tiempo se va prontito y regresaste con mamá a Jarandilla. Para consolarme me metí con el coche por carreteras estrechas, pasé la frontera de Portugal y el río Caya para ir a tomarme un café. No sé bien por qué, pero para aliviar la pena, la despedida, siempre camino por lugares poco frecuentados. Quizá encuentro cobijo en lo antiguo.

Te tuve en Badajoz, durante unas horas y eso fué milagroso. También me apenó saber que tardará en repetirse.

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