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feranza

Barcelona. Rosa Negra

Barcelona mira al sol pero se cae desde las ramblas con tacones manchado de caramelo y caras desnutridas. En Barcelona comienza un otoño que se atrapa en las sombras, donde refresca, donde los amarillos hacen postal en los grises del cemento. Camino las calles de Barcelona para huir de la pena, de mi pena. Camino hasta cansarme, hasta sudar ,hasta que mis pies y mi espalda dicen : " ¡ Basta! ". He subido por la cuesta de los jardines de Montjuich. Desde allí la imagen de la ciudad es clara, pero mi pensamiento está oscurecido por una soledad que no buscaba. Se ven a lo lejos, extendiendo la mirada, las torres y los monumentos.

Barcelona es un mosaico como las figuras de Gaudí, cubierto con veinte capas negras.

La Barceloneta, esa pequeña Barcelona amarillenta, medio gris, con pájaros que se pierden en las ventanas de hierro viejo. La ropa tendida en como lluvia pobre del cielo rasgado por las nubes blanquecinas. Atravieso el barrio y me meto por las callejuelas del Borne, pisando los talones a los turistas de pelo rubio , de pelo canoso, de trasiego de mapas , planos, tiendas. En busca de un cofre perdido vamos todos por este laberinto de callejas. En busca de algún lugar, de nada, de nadie. Quemándonos la vista en las luces y escaparates, en los rótulos y las cornisas, en los ventanales mudos, en los frisos de las fachadas, en la piedra, en el suelo, en los coches.

Camino solo por el Barri Gotic. Altos edificios de piedra. plazas con puestos donde venden quesos, tortas y mieles. Pero ningún beso. En lugares donde los cristales no son ventanas, sino una coraza transparente para las gentes. En una pastelería conozco a una mujer que quiere viajar, que hizo un crucero por un regalo, pero que se dió cuenta de que nada sirve llegar, bajar, ver, subir.  

Barcelona me encuentra ahora en la arena y esos altos edificios que fotografío como si hubieran salido hoy mismo del interior de la tierra. Bajo ellos, multitud ingente de barquitos de recreo con sus afiladas agujas. Centros comerciales, un mendigo tomando el sol apoyado en su mochila sobre unos listones de madera que aquí son el suelo.

Apenas puedo sentarme en Barcelona. He caminado sin descanso durante días. Esas grandes avenidas con nombres en catalán hasta llegar al Parque Güel. Y luego, la bajada para la irrenunciable foto de la Sagrada Familia. Encuentro acomodo en el puesto de churros con café de la via Laetiana o al lado del edificio de correos, en un restaurante de comida turca que se llama Kapadokia. Allí, perdido en los minutos que no pasan, veo las artistas de un programa de televisión turco. Las cantantes provocadoras, sensuales., y apunto sus nombres en mi móvil. Ahora, para colmo de males, me quedé sin las armas de la fotografía, me quedé sin cazar , pero sigo andando sin sosiego hasta la hora de comer.

Por las noches me refugio en las zonas lúgubres, en los bares perdidos de guiris y en las tabernas donde hablan contigo casi por pena. Al amparo de una cerveza doy vueltas a la manzana y me lanzo al deseo de un pelo rubio , de unos ojos azules . Atravieso la calle de las brujas con regusto a cerveza, amargo perfume de oferta.

Caminando sin rumbo por las calles de Barcelona, lucho contra el tiempo que no quiere pasar. Me duelen los pies, pero más el alma . Pensando en esa muerte, en esa derrota, en ese abandono ...

Entre octubre y noviembre con luna llena

Quiero recordar aquella mañana. Fué el sábado día treinta y uno de octubre, apenas hace tres días. Cogimos castañas en una red que compró mamá y subimos con el coche, por la piscina de Losar hacia el refugio de El Brezo. Mamá había ido bien temprano a Madrid, para llevar a la tía Corina en su regreso a Rumanía. Estuvo aquí una semana con su jefa, que se llama Emilia. El largo camino a ratos encementado, se hace algo pesado. Hay que ir despacio. Miras, desde tu sillita detrás, la pronunciada pendiente de la subida y te sorprendes. Al llegar, hemos recogido leña y con el cartón que llevamos, hicimos una hoguera. Una hoguera con ramitas de brezo y troncos. Sobre ellos, he colocado la sartén con agujeros y las castañas. Me miras, reluciente tu cara, con una expectación que se acrecienta a medida que la hoguera se agranda. Salimos por los alrededores para encontrar más palos, pero al lado del refugio, rehabilitado no hace mucho, hay suficiente para asar algunos kilos. Luego, las voy echando en una cacerola y de ahí a una bolsa. Entre tanto, las pelo con las manos y te voy dando algunas para comer. Al principio están muy calientes, pero esperando un poco, tienen un buen sabor. Nos llenamos las manos de hollín, de carbonilla de la corteza carbonizada de la castaña. Hay un silencio , una paz, que no se paga con dinero. Tumbado sobre la hierbecilla, tomo el sol, mientras recoges cosas del suelo: piedras, un clavo en forma de pincho.... Oigo el aleteo de los pájaros que pasan en una y otra dirección. Te quiero así, en mi libertad y en la tuya.

El domingo y el lunes ( festivo por Los Santos ), por la mañana, nos pusimos el mono de trabajo y fuimos los dos, vestidos de azul y con herramientas que nos prestó el vecino Rufo, a la finca  a quemar rastrojos y apilar la cantidad de pasto y hierbajos que se fueron acumulando en verano. Hemos trabajado, sudado, respirando humo, llenándonos de negro y al final, en el arroyo, te lavo la cara suspendiéndote casi en vilo. Te lavo la cara y la nariz y los restos de carbonilla de la combustión. En este rincón mágico, para nosotros, sudamos juntos. Sudar juntos es unirse por algo inexplicable. Es como una energía compartida y de la que participamos en la actividad. Sudar juntos es quererse más. Te veo adentrarte con dificultad entre las zarzas y los helechos y me hace gracia cuando te caes, aunque a tí te agobia. Luego, cada vez me ayudas más, acarreas pasto para alimentar el fuego, que devora todo cuando seco se encuentra. Domingo y  lunes, tras la sofocante tarea y una vez apagado el fuego, hemos ido a mi piso de Losar para ducharme. Como he comprado un dvd con tdt, ahora, puedo ponerte dibujitos y entonces.... magia: quieres quedarte en el sofá a tu antojo, disfrutando de los dibujos animados. Me encanta esta actitud, este cambio. Sueño con pasar horas felices juntos en un lugar, en cualquier lugar, no importa donde. Sueño con tenerte días enteros y sentirnos compañeros y amigos en actividades que surjan.

Por las noches, acudimos al Gante para que juegues con Quique y otros niños. El sábado por la noche te hiciste una pequeña herida en un ojo con la punta de una yuca y te llevé al consultorio. Por suerte, no ha sido casi nada.

Cuando ves un palo seco, siempre me preguntas : " Papá, ¿ ese palo está quemado ?." Y yo te contesto: " No, está seco".

Ayer mismo, con la luna llena en el horizonte, saliento por el este, en el camino del tanatorio, hemos ido a pasear con el patinete. Sigues vistiendo con tu traje de spiderman, ahora en su lado azul y azul oscuro. Sobre el patinete te veo alejarte aprovechando la pendiente. A la vuelta, hemos hecho una carrera, los dos corriendo. Osucurece y no quieres caminar más. El embalse de agua está vacío por completo. Hace algo de fresco. Estoy a punto de irme a Badajoz. Cuando te quedaste en casa, los dos sudábamos, bajaste triste la cabeza. Yo me fuí con una pena infinita y me costó subirme al coche. Al lado, apoyado en la pared, quedó el palo que cogiste de la finca. Nunca me acostumbraré a despedirme de tí.

Deja que te adore. Carta desde mi celda

Deja que te adore en esta noche templada de un otoño que se resiste, que quiere pasar desapercibido en medio del mes de octubre,cálido, demasiado cálido para ser verdad. Quiero pensar en tí como mi alma grabada en unos árboles , en unas piedras que marqué el día que me naciste. Te llevo a la parte de mí que te engendró, a mi ser desdoblado. Te adoro, pero dentro de mí. Sin embargo luchas por ser quien serás, hijo mío. Ahora, en este tiempo-cueva, en esta solitaria habitación - refugio. Sueño con caminos, pero detengo mi vista en recuerdos y escenas. Soy mortal, demasiado mortal , pero contigo entiendo el valor de lo imperecedero y me cautiva. Quiero saber de tí. Esta noche gravito entre los recuerdos, las escenas de un presente que se repite, la noche dando vueltas a la misma escena..En mi habitación-refugio recuerdo tus frases sueltas, pero son mínimas migajas de tí en medio de un mundo de gestos impresionantes y seguros con los que me recibes. La vida, así, en un mundo de gestos, se desliza con suavidad. Quiero rebosarte de mí, pero nunca entiendo ese lenguaje tan sencillo. Soy bastante torpe,caigo en los mismos errores.
Esta noche quedo atrapado por tí. Me manejas con tu silencio y con tus gestos. Dormías detrás, en la sillita en el asiento de atrás en el coche de mamá.Ella paró para repostar en un área de servicio de la Autovía A-5, un lugar llamado La Pausa. Regresábamos de Madrid y concertamos para vernos allí. En otro coche viajaba la tía Corina y su jefa. Era un coche rojo, alquilado. Dormías aún cuando abrí la puerta trasera, pero enseguida te despertaste. Tu primer gesto fué abrir los brazos: - " Papá, papá ". No sabes los siglos que se me quedará ese gesto dentro. No sabes la memoria de un padre, a pesar de la distancia. Pero entenderás estas palabras algún día que tus prisas te dejen pararte delante de lo escrito. Te imagino en un mundo ocupado, ajetreado, busca, busca, imágenes, imágenes, solución.
Nunca voy a borrar lo que con gestos se escribe. No olvidaré tus brazos abiertos. No sabes lo que un padre puede necesitar de su hijo, cual es su alimento, su asidero, su luz, su sustento. Esta noche es tuya aunque mía.

Talavera, en la Base. 28 de octubre de 2009

Felipe " El Lelo"

La última vez que lo ví fué el viernes pasado, el día 23 por la noche. Estábamos al lado, en el bar Sopetrán con Miguel y con Tere. Carlos jugaba en la puerta, entraba y salía como casi siempre. La casa de Felipe y su mujer está muy cerquita, apenas veinte pasos del bar y como se estaba recuperando de su enfermedad, acudíamos a verlo siempre que podíamos. Felipe era un hombre activo, medio sordo, pues llevaba un aparato en la oreja, pero entrañable, cercano y con una mirada azul y generosa.

Él fué quien hace más de cuatro años, me vendió el trozo de tierra que tengo en el paraje de Los Parrales Bajos. Lo veía pasar a menudo con su cuatro ele rojo, camino de la finca o regreso. Su trocito para las chucherías , como llaman por esos lares, estaba en el camino que tomo para ir a lo mío. Tenía una amplia variedad de cosecha de hortalizas y otros productos , que cultivaba con esmero y dedicación. Recuerdo de pasar al lado con el coche y pararme con él unos momentos. Abría con sus manos las matas de habas y arrancaba unas cuantas para llenarme una bolsa. En otra ocasión me daba una lechuga batavia, que se cultiva bastante por aquí. , alguna berenjena, algún calabacín. Era un hombre que no se enfadaba, delgado, nariz aguileña, algo encorvado, propio de los hombres de campo.

Pero la enfermedad que no perdona, se hizo cargo de él a principios de verano. Estuvo ingresado en el hospital de Navalmoral y pudo regresar a casa pasados unos días.

Cuando llegué el viernes a Jarandilla y ya de noche, subimos la escaleras que conducen a su vivienda y ahí lo ví por última vez, en el sillón, con la bolsa para la orina sobre la silla, rodeado de su mujer, su hija, una nieta. Subimos Beatriz, Carlos y yo. En el mueble bar tenían una bolsa de chucherías para el niño. Me senté a su lado, le cogí la mano.... Me alegré verlo así, recuperado casi del todo, locuaz, sereno, vivaz.

Pero ayer me dijeron la noticia. Beti me lo dijo por teléfono. El lunes a mediodía salió para las traseras de la casa y se colgó de una cuerda. Lo tenía todo previsto. Quizá fué demasiada tensión, demasiados días haciendo una vida distinta, demasiada casa, demasiado salón, demasiada gente cerca tanto tiempo. No lo podremos saber nunca, pero el lunes se quitó la vida, que no perdió hasta ayer martes, pues aún respiraba cuando su hijo Paco lo rescató.

Escribo estas palabras con pena y cariño a este hombre. Pasaré por su huerta como un lugar sin vida, rondaré por su casa como un desierto, sentiré que el pueblo ha muerto un poquito y dentro de mí, sin duda, habrá un lugar eterno para él.

Badajoz, 28 de octubre de 2009

Sobre las piedras. Mediados de octubre

Con el coche renovado, ahora tengo el Citroën Xsara que tenía mamá, he ido al fin de semana a estar contigo. Hemos compartido ratitos en el parque, donde ya te mueves a tu antojo y sin restricciones, ratitos en el camino a la finca donde has echado a rodar un bidón de metal por el camino hasta casi lanzarlo a la balsa de agua del vecino y donde, como tenías sed, hemos partido unas sandías medio pochas ya y de ahí, cogiendo un trozo de fresca carne roja, has calmado con ese líquido azucarado la sed que llevabas. Así, medio salvaje, en medio de aquellos cultivos abandonados ya, entre los terrones de cultivo del tabaco, los higos pisados, los mosquitos de las vides, las manzanas caídas y podridas, las granadas en su máxima belleza, en su redondez brillante, los caquis poniéndose a punto.. La vegetación inunda la finca casi por completo menos en la zona quemada del otro fin de semana. Apenas se puede entrar. Te veo bajar al arroyuelo que pasa por debajo y tirar unos palos grandes que estaban en la orilla. Metes los pies, salimos de allí, volvemos sobre nuestros pasos..Con el patinete encarrilas la pista asfaltada y te alejas rápidamente escapando de mi vista y de mi control. Te busco corriendo y de pronto te veo parado al borde. Donde el terreno está escarpado lo llevo yo. Hace calor, nos hemos quitado el abrigo. El frío se retrasa en este octubre aunque poco a poco el bosque va adoptando colores otoñales.

El sábado por la tarde, después de comer y casi sin siesta, hemos ido a Plasencia con mamá, en su coche, al cine para ver una peli en tres dimensiones: G-Force. Hemos entrado los dos mientras ella hace compras, pero después de comernos las palomitas, hemos tenido que salir pues se ha suspendido la función al parecer, por fallo técnico, pues no llegaba el sonido. Así que como plan alternativo nos hemos ido al parque de Los Patos, donde cabalgas sobre las rocas, saltas por encima de los canales de agua, arrojando piedras. Te subes a los lugares más altos para dar idea de tu agilidad. Luego hemos ido los tres a tomar algo y cenar al complejo El Pensador, a la salida. Te has entretenido saltando en un castillo de aire, con otros niños.

El domingo por la mañana salimos a dar un paseo y terminaste jugando en la acera de la Avda. Soledad Vega Ortiz con David Veli, Rafita, Carla y otros niños. Luego, hemos ido al parque y de ahí a La Botica, en la plaza. Después de la siesta, te viniste a Losar, fuimos al parque de la Ronda Sur y a mi casa. Te tumbaste en el sofá y no te pareció mal la cama después de tumbarte allí y comprobar que no se está tan mal, verdad?. Luego hemos ido a la piscina natural El Vadillo, que ya está desembalsada y vacía, pero más arriba, has correteado sobre las grandes losas de piedra, avanzando por encima de las grietas y del agua que cae de la montaña. He seguido tus pasos por los estrechos desfiladeros por donde te metes y casi me caigo.

Vestido de Spiderman te sientes bien, tanto con el anverso ( color rojo ) como con el reverso ( azul oscuro ) del traje. Ya te queda pequeño y se te ciñe al cuerpo como un guante, además, está roto por las costuras. Pero te ves bien con él y te lo ponemos. De vez en cuando quieres que te lo cambiemos , dándole la vuelta para lucir la otra cara.

Ahora estás aprendiendo a escribir las vocales uniendo puntitos y a identificarlas en medio de palabras, discriminándolas y reconociendo palabras. Nos ponemos contigo en tu tarea pero te cansaste.

Cuando me vine a Badajoz, estabas en el sofá, y te enfadaste cuando te dí el último beso.

Cinco años en el cámping La Vera

Ya ha pasado, has cumplido cinco añitos rodeado de niños, mesas con coca cola, fanta, patatas fritas, regalos, piñata y dos payasos que viniero de Talayuela. Estaba todo preparado. Ibas con tu traje de spiderman y mamá haciendo juego. El local: el cámping La Vera, en la carretera de Losar. A las seis de la tarde llegué desde Badajoz , ya sin el saxo, pues lo cambié por el coche que antes tenía mamá, el Xsara, el pasado viernes. Ella compró un Volkswagen Touran.  LLegué a las seis de la tarde y apenas había llegado nadie aún. Pero el camino ya lo hice con síntomas de enfermedad y en efecto, durante toda la celebración y jaleo, yo estaba apático y dolorido. Se me inflamó la garganta y en la zona de los ganglios, notaba un gran dolor. Para colmo, me pillé un dedo con la puerta del coche en una gasolinera, al bajarme para repostar.

El caso es que has cumplido cinco años y te digo algo, cuando yo los cumplí, ya me vienen ciertos recuerdos que ahora te cuento: Era en Alcalá de Henares. Entonces, vivíamos allí al regresar de Alemania mis padres, el abuelo Antonio y la abuela Pepi. Solo recuerdo algo que se me quedó grabado: Al terminar el cumpleaños le dije a mi madre : " mamá, cuando voy a celebrar otro cumpleaños?. Y ella me respondió: Cuando te olvides de que has celebrado este " . Han pasado 35 años y aún lo recuerdo.

Te veo gritar, jugar con los columpios, solicitar a tus amigos, entre los payasos que te reclaman, llorar, enfadarte, correr....

Al marcharme, sobre las ocho  y media, te subí a una mesa de fuera, al lado del futbolín y cogiendo ese cuerpecito estilado que tienes, te dí un beso diciéndote que te quería. Tú tambien me abrazaste y me dijiste que me querías y esto fué maravilloso. La tarde estaba cubierta y a ratitos llovía. Has cumplido cinco años y nos felicitamos todos, todos los que te queremos. Te queda un arsenal de juguetes, una tarde de  diversión, algunas fotos. Quizá a partir de ahora te vayas acordando de lo que te sucede. Besos, mi niño

Semana de verano

Hemos estado más de una semana juntos. Comenzaste el cole, después de la festividad local de Jarandilla, con motivo de las fiestas del Cristo, el lunes pasado día 14. Así es que el martes 15, a las diez de la mañana, te llevé al cole, con tu mochila y poco más. En la puerta, junto a tí, el resto de niños. Esta semana pasada estuve en Jarandilla después de llegar de mi viaje por Rumanía en el Delta del Danubio y el Mar Negro. Comienza el año ahora. Todo empieza su ciclo diseñado por los humanos: el colegio , el trabajo... Se nota en el ambiente que ya es otoño y este cambio sucedió justo cuando llegué de mi viaje. Noté en Madrid un cambio ya y durante el fin de semana llovió y comenzó a hacer frío. Cerramos las ventanas para dormir y buscamos la sábana para cubrirnos. Las gargantas ya no se detienen en su tope de madera y nadie se baña ya. El Cristo señala el fin y el comienzo del nuevo año en Jarandilla. Hemos ido con un toro de plástico que mamá te compró en Navalmoral, hacia la plaza del pueblo, junto al ayuntamiento. Está cerrada provisionalmente con barrotes de hierro y maderas atadas con cuerdas. Hay tablones que protegen la fuente central y gente encaramada en el andamiaje para ver los toros. Había llovido, no mucho, pero lo suficiente para mojar la tierra. Hubo fiesta de espuma y aunque llegaste un poco tarde, te dió tiempo a jugar un poco. Mamá esperaba en el bar de Tere. Poco a poco, hacemos más cosas sin mamá. Hemos ido andando a la garganta, para saltar sobre las piedras de granito. Corre el agua haciendo un ruidito de cascada pequeña. Esto fué ayer mismo, ayer domingo. Nos tumbamos sobre una gran piedra donde han escrito : " Aure, te amo ". debajo, una gran lancha nos sirve de cama y hago una foto con el móvil , los dos juntos, pasándote mi mano por tu hombro, por detrás, para acercarte a mí. Hemos llegado por el camino de la Ruta del Emperador. Estamos juntos, luchamos con palos y me das un golpe en el dedo que me duele. Pero sigo contigo, al lado, caminamos.... El sábado salimos por la mañana para ir a Cáceres, primero al centro histórico, dejando el coche al lado de la plaza de toros y luego, adentrándonos por las callejas animadas del centro. Todo se te antoja en una tienda de recuerdos. Hay espectáculos para niños , pero aunque nos hemos detenido un momento, estabas tímido detrás mía, como protegiéndote de la multitud de niños y adultos en torno a los titiriteros. He comprado algo de comer y metes la mano en la bolsa y sacas un rosquillo de azúcar. Hago fotos por las callejas y me gusta recordarte en el tiempo con ese fondo medieval de Cáceres. Vamos a comer al bar - restaurante Adarve, también por el centro. Nos comemos lomo frito con patatas y luego te pides un helado de ICE 3 , La Edad del Hielo. Hemos ido a la estación de trenes para ver pasar algún tren. Para ello hemos esperado más de media hora hasta que se presentó uno de tres o cuatro vagones que sale para Madrid y que viene de Badajoz. Te quedaste con las ganas de montarte en él, pero claro, ahora es imposible ir a Madrid. Tenemos el coche en la puerta y hemos ido al cine para ver la película  " Up " , de muñecos animados. Es el cine que hay en el centro comercial Vía de la Plata. Cuando entramos en la sala estábamos solo y tuve que ir a buscar un alzador para que pudieras ver la pantalla. En el cuarto de baño, en la taza del váter, se te cayeron los resguardos de las entradas y cuando saliste de hacer pipí, pues llorabas de pronto como arrepentido e inocente. No pasa nada y hemos disfrutado de la película, que es de aventuras y que trata de un señor mayor que lleva una casa que flota con globos y que su deseo es instalarla frente a unas grandes cataratas. A la vuelta, te quedaste dormido al poco tiempo de coger al autovía. Ha sido un día agotador.

LLegaste de Rumanía

El sábado día 15 de agosto, festividad en España y ferias en medio país, llegaste en avión desde Rumanía, Budapest-Madrid, Terminal 4. Sobre la una de la tarde me hallaba por allí y había convenido con mamá que me llamase al móvil cuando desembarcárais del avión. Así que dejé el coche en los aparcamientos y me fuí a pié hasta la sala 10, donde al cabo del rato te ví llegar montado en el carrito de las maletas y mamá empujando. Te llamé desde el otro lado, viniste a mí con una bandera de Rumanía con mástil de madera ,que agitabas de un lado a otro. Me alegré mucho verte. Me dijiste : " Papi, si alguien te pregunta por Rumanía, le dices que está todo verde " . Esto me hizo gracia. LLegásteis cansados, muchas horas sin dormir y fuimos a comer al centro comercial Xanadú, en la carretera de salida hacia Extremadura. Los demás sitios estaban cerrados por la festividad. Después de la comida, el calor y la carretera, llegamos a Jarandilla. 

Por la tarde fuimos a la garganta, con el agua algo sucia, allá abajo, frente al puente Parral. Ya nadas sin manguitos. Te tiraste desde el borde y fuiste nadando hasta la gran piedra que hay enmedio. Vas moviendo los bracitos impulsándote como puedes y manteniéndote a flote. Te ayudaron a subir a la roca y desde allí, de nuevo al agua. Al salir, te sequé con la toalla y fuimos a regar un poquito el árbol que se llama Carlos. Por la noche, salimos a La Palmera, a tomar algo, con Víctor y Mari. La camiseta que te traje de Frankfurt te está bien, un poco larga, pero bien. Enseguida la estrenaste

El domingo fué día de piscina. El pueblo entero vive el ajetreo de los fines de semana de verano. Hace muchísimo calor. Ahora prefieres la piscina de los adultos, la grande y jugamos a tirarnos desde el borde. Te vienes a descansar en  mis piernas, te acaricio el pelillo, comes una bolsa de tiras de patatas, te tumbas al sol sobre las baldosas....

Me marché por la noche, después de cenar. Me dijiste que cuidarías del árbol llamado Carlos. He visto las fotos de Rumanía. Te lo pasaste bien. Me alegré por ello.

Luna de agosto

Estos días de agosto en la Base. Estoy solo en este mundito. Camino de vez en cuando a la compañía de Lola en Villafranco. Compartimos risas, comidas, patio y salón. Me doy un paseo por los libros, por la televisión, por los periódicos. Aprendo a echarte de menos y te imagino en esos lugares de Rumanía. Anoche ví una luna preciosa y blanca luminosa con su estrellita cercana. Me fuí a caminar en su luz, entre los cultivos de tomates rojos y ese olor a campo, a regadío, a huerta. Casi se cumple el ciclo de un año aquí.

En Trujillo, antes de irte a Rumanía

Hola mi niño, que tal estás?. Ayer por la tarde viajé en medio del calor de verano, para ir a recoger a Chicho a Trujillo, donde mamá y tú habíais llegado en coche desde Jarandilla. Esta mañana estarás viajando a Madrid, en este momento, para luego coger el avión a Budapest y pasar unos días en Rumanía  con los tíos y abuelos.

LLegué a Trujillo antes que vosotros y en medio de la plaza os esperé, refugiado en el café del restaurante pensión Nuria. Eran más de las siete y me extrañaba que no hubiérais llegado ya, máxime cuando hacía unos veinte minutos que llamé a mamá por teléfono y me dijo que estábais a veinte kilómetros de allí. El caso es que me entretuve haciendo fotos de la zona monumental y dando un paseo. Las calles empedradas de Trujillo llaman la atención. Sus edificios con historia también, como no. Dejé el coche pasando el arco de Santiago, en una calleja sin salida.

Te ví a cierta distancia, al lado de la estatua de Pizarro. Los tres, mamá , Chicho y tú. Mamá estaba molesta porque había tenido que esperarme y yo no lo sabía. El caso es que trataba de darle explicaciones, cuando te veía allá abajo esperando un abrazo. Te cogí en brazos, te alegró verme, abriste los brazos de par en par como el mar, para subirte. Te cortaste el pelo, yo también. Fuimos así hasta una tienda. Gritabas: "- Papi, papi". Luego, empezaste a toquetearlo todo: las figuras, las gorras con la bandera de España, unos timbales...Te llamó la atención un esqueleto de plástico con los brazos detrás, justo como tú los pones cuando duermes. Fuimos a tomar algo, tu helado, tus cromos de Ben 10, tu inquietud, tu sonrisa, tus travesuras... Mamá se enfadaba. Luchamos soplando uno frente al otro. Tú me echabas, con tu aire, difuminado el helado de hielo de color verde. Nos reíamos.. Subimos las callejuelas y bajamos para llegar al coche. Luego, con él, nos acercamos a donde estaba el mío aparcado para hacer el trasvase de enseres y al propio Chicho que quedó en mi custodia durante estas dos semanas. Mamá se despide de él, se monta en el coche, tras colocarte en el asiento de atrás, en tu silla. De pronto, doy la vuelta para despedirme de tí y te veo inundado en la humedad de tus lágrimas. Uf !, qué dolor más tremendo recorrió mi alma desde la garganta y me taponó de pronto la respiración !. No supe qué decirte y para consolarme al menos, te pedí que me trajeras una hoja de un árbol de Rumanía. No cesabas tu desconsuelo pero quise que nos agarráramos juntos a esta balsa de esperanza. Te abracé, te besé, salí medio llorando y me fuí. Luego, ya los dos en el coche, cada uno en el suyo, nos miramos por última vez esbozando una sonrisa.

Talavera, 31 de julio de 2009

La jirafa de plastilina

Estoy de vacaciones. Ayer fuí a recogerte a la casa de la cultura, donde por la mañana, de 10 a 13 horas, te quedas haciendo actividades manuales junto con otros niños. Te recogí a la salida, en el pasillo y enseguida me mostraste tu creación de plastilina, una jirafa amarilla y con manchas negras. Me gustó este pequeño detalle y nos fuimos al parque a columpiarnos y a jugar en la hierba. Dejamos a la jirafa sola, sobre el borde de una papelera, para no caerse y nos pusimos a tirar una lata de coca-cola jugando a encestarla en una papelera. Hicimos muchos intentos y nada. Al final conseguir meterla. Te enfadas un poco cuando no eres tú quien lo hace, pero se te pasa. Sobre la hierba jugamos a peleas en broma, entonces te tiro al suelo y te ríes.

Jarandilla 13 de julio 2009

Saltando sobre el agua

Ha sido un fin de semana de cumpleaños. El viernes lo cogí de asuntos propios y llegué por la mañana. Estabas con Maite en el frontón. Allí quedamos para encontrarnos y llevarte a la casa de la cultura de Jarandilla, donde ahora asistes a unas clases de pintura durante el verano. Es un aula pequeña donde hay otros niños. Has traído una tabla con un paisaje de colores que mamá colocó en la repisa de la chimenea. Por la tarde fuimos al cumpleaños de Manuela, la hermana de Lucas, en su finca a 8 kilómetros del pueblo. Es como un lugar de vacaciones, entre animales, vegetación, espacio verde, riachuelos. Hemos ido en grupo a bañarnos a una garganta cercana. Luego, en la casa, el cumpleaños. Juegas con los niños. Los mayores también lo pasamos bien.

En la piscina te cojo por detrás y te arrojo como una catapulta, volando por encima del agua. Enseguida emerges ayudado por los manguitos. El sábado por la tarde fué el cumple de Carla y en un garaje, de nuevo fiesta de cumpleaños. En la terraza de La Abuela Polina, te quedaste dormido en brazos de mamá. Acabaste dormido sobre un colchón de aire en el garaje de los padres de Carla, con la manita puesta en la cara para evitar la luz. Carla, a tu lado.

El domingo fuímos a Barquilla de Pinares. Te veo regando las plantas de un patio con una manguera elástica. Y en la piscina, solos los dos, jugamos a saltar.

Talavera, 7 de julio 2009

Un viaje llamado hostitalidad. Rumanía, Mara Mures, septiembre de 2007

Ludovica, en Targu Lapus, me dijo : " Drumetie". Ese es mi nombre ahora: "caminante".

En tren desde Budapest a Debrecen, Hungría. 3 de septiembre.

No sé qué decir de este silencio. Me gustaría pensar : "Estoy vivo, la llamé y me habló. Su tierna voz llenó mi oído como mi sangre. Me gustaría pensar que estoy sobre un vergel de raíles y primaveras como una cascada de agua y unas piernas jóvenes que van al río. Pero cae la noche en las ventanas del tren y estoy dentro de un agujero de idioma que no comparto.

Valea Lui Mihai, 4 de septiembre.

Vago desesperanzado y reflexivo por las calles de este primer núcleo rumano al lado de la frontera. Los escaparates con polvo se olvidan en su vacío. Pasan, andrajosas, tres niñas gitanas, esqueléticas y coloridas como una rama. El suelo es de polvo, de polvo viejo, arruinado.  Bostezan los obreros de la limpieza. Me dejo llevar con la búsqueda pausda del que no quiere encontrar nada. tomates para el sustento. Un mercadillo de nuevo, abandonado. Desperdicios, suciedad y olores. Y no cae ni una sola gota de besos, apenas sonrisas en un pueblo sin alma. Y yo, sin tí, sin esa mirada de pantalla, pero fértil y hermosa al fin. Y yo sin tí, sin esos labios que me prometen lagos, que me dicen, ven !. Hay que elegir: viaje hacia dentro - viaje hacia fuera.

Decaído por la noche, arrastrado por ella, soy un cuerpo que se sienta en una estación cualquiera. Que va entre el recuerdo destilado y hermoso y la espera. Miro mis botas que anhelan caminos entre bosques casi otoñales, fuentes ebrias de hospitalidad y sueños reparadores. Sentado en la estación, espero un tren inmóvil y azul, como una estrella. Ahora, soy una figura demasiado nostálgica, demasiados ojos y poca fuerza. Ay!, estás estaciones y estos trenes y estas mañanas fresquitas de septiembre. Y este ímpetu de lugares y esta colección de gestos! Quiero tener fé en ti y llevarte un manojo de viento y de rosas! Uf !, pero qué bandoleros más despiadados: tu silencio y esas odaliscas que me asaltaron..

En el interior del tren hacia Satu Mare

¿De dónde nace la alegría? ¿ De qué caudal, en qué momento surge esa fuerza que te empuja y que te lleva como una cadena ? Estoy en una sala, solo, soleado, como dentro de un paisaje y al mismo tiempo, ajeno. Creo que voy a dormir en una gran siesta para despertar con un gesto más amable. Qué desvencijado y roto está todo !. Esta primera prueba de fuego, solo confío en la verdad de que nada surge si no hay dolor. Nada nace sin este primer cimiento, primera condición.

 " Más allá de las llanuras urbanas, busco tu bosque, tus ríos, la paz de tu vientre. Asomado a la ventana del tren voy mirando los campos verdes y las llanuras extensas, los pájaros de los maizales, las apuntadas torres de las iglesias ortodoxas. Al fondo, el perfil de un bosque negro. Aquí mismo, las casas grises y sus cercados. las hojas de los castañares amarillean en sus bordes."

 He llegado a Satu Mare, pero la simple intuición de los precios y de la despersonalización de la ciudad, no me concentraron en su visita. Cuando alguien te dice: " aquel lugar donde vas a ir es hermoso y ofrece alojamientos, se enciende una llamita que ilumina un poco el alma del viajero.   Miro los trenes azules de nuevo ahora en la estación de Satu Mare. Hay gente que come dulce por la calle y se arrastra por los pasillos con su tristeza. Miro estos trenes antiguos y pienso de nuevo que la vida transcurre entre idas y venidas. Hay pasividad, casi rural y soledad, desesperanza. Miro a las gentes. hay dos chicas a mi lado, apenas adolescentes. Unas torres negras, redondas, se alzan detrás de los vagones. Se abochorna la tarde y engrisece. Y yo, sentado, cansado y casi triste.

Negresti Oas. 4 de septiembre

Y cómo van cambiando las cosas. En el tren ya casi al llegar y aún como estaba envuelto en mis pensamientos y otros que no me dejaban pensar, una señora en el tren rompió esa capa que nos separa. Su curiosidad pudo más y con ella, otras personas se agregaron haciendo común en todo el vagón esa curiosidad primera. Ello me hizo recuperar algo el ánimo, comenzar a despertar, señalar con el dedo el próximo camino y desembarcar en Negresti Oas. Cae la tarde en esta zona del este. Parece que enseguida se hace tarde y voy buscando algo barato para dormir, que parece que nunca llega. Hay una enorme basílica blanca y gris. Al principio de una calle y buscando un lugar que me indicaron, he pasado al lado de una casa donde una mujer se afanaba en sus quehaceres. Casa humilde y desordenada donde los niños crecen sucios, pero donde hay risas y gloria, donde hay algo infantil en el ánimo de todos que me alegra. He parado, retrocediendo sobre mis pasos y directamente proponiéndole que me alquilase una habitación. A partir de aquí todo ha ido sucediéndose deprisa. Vino el marido de la señora y con su aprobación, enseguida nos encontramos todos envueltos en una escena de magia y descubrimiento. No hay baño, no importa. Me he echado agua con un cubo por encima para asearme, en el patio, junto al huerto. Se afanan en mejorar su hospitalidad.

Ahora estoy dentro de un cuadro, jugando con los personajes, actuando y alegrándome del juego. Uf!, me ha servido ese baño ! Hay unas niñas vecinas que juegan también. Fotos. La tarde va cayendo, siempre cayendo. LLueve ahora un poquito, lo justo para remojarlo todo. ¿ A dónde me llevará este camino de realidades y sueños?. Cómo va el sueño inventando la realidad que vivo, cómo la nutre y luego, rota ya la pompa de jabón, vuelven en sí, despierta.  Ese niño de siete meses que se llama Daniel, si viérais como se agarra a la vida !. Apenas hay hueco para el llanto, apenas. Les he dado 30 lei por el alojamiento. Su madre compró chocolate y golosinas. Me gusta que las cosas sucedan así. Somos provocadores de circunstancias. Enciendo la mecha de las cosas, fijándome en ellas, protagonizándolas sin aplastarlas. Voy a enterrar la noche entre el calor de mi saco.

Museo de Negresti Oas. Certeze. 5 de septiembre

 Anidado, no oí los ruidos de la calle, ni las luces. Solo la mañana me despertó. Escribo esta nota en un pueblo a 5 kilómetros al norte de Negresti Oas, Certeze. He ido a visitar dos museos. El primero de ellos en el centro de la ciudad, museo de arte contemporáneo y etnográfico y luego, el museo al aire libre de Tarri Oasului, de la mano de Dana, que habla también portugués. Es un recorrido interesante por esta aldea-museo donde se encuentra la lavadora natural, aprovechando la fuerza del agua y un remolino a modo de centrifugado en una vasa de madera que hay al fondo. Hay aperos de labranza, casas antiguas, cerámica, útiles domésticos de la zona, etc. He despedido a Rodica y Alejandro, donde dormí anoche. LLueve. Por la noche también lo hizo. LLueve con mayor o menor intensidad, depende del momento. He optado por hacer autostop. Me ha montado un coche donde viajaban dos polacos que viven en Bucovina, donde al parecer, hay una minoría polaca, unas seis mil personas. Uno de ellos ha editado varios libros, entre ellos una guía de turismo de la zona. Hemos llegado a Sapanta y frente al famoso "cementerio alegre", hemos tomado café en una terraza. Es emocionante su actitud, su ímpetu por expresar las cosas, pero la verdad es que he entendido poco. Me ha dejado varios libros publicados, de regalo, pero creo que me van a pesar demasiado. He olvidado, escuchando a este hombre hablar mitad rumano, mitad inglés, lo que ocurría alrededor en ese momento.

En una casa particular he encontrado alojamiento. LLovía, me estaba mojando y he encontrado a un hombre mayor que pasaba por la calle con un carrito. Apalabré el precio y me dirigí con él a su domicilio.  En su casa, resguardado de la intemperie, he escrito estas notas: " Estoy en Maramures, ,no me olvidé de tí ni te he metido en mi baúl en ningún momento. Agrando tu imagen y no creas que es por la distancia, por la nostalgia o el deseo. Es que te tengo enfrente sin tenerte. Ahora mi actitud es hacia tí, como lo es la nueva mañana que nos ilumina a pesar de la lluvia , a pesar de la niebla. "

Siento calorcito en la espalda con el fuego encedido en la soba , que es una estufa de exterior cerámico y en forma de L que sirve tanto para cocinar como para calentarse. Normalmente se usa madera de haya o de quercus. Estoy escribiendo sobre la mesa del hogar. En la televisión rumana se habla de lo que sucede en el mundo. Fuera, los campos, demasiado verdes, absorven en redundancia, más agua aún. He metido mis manos en agua caliente para lavar la ropa. Esto me ha tranquilizado. He pasado algún rato de frío, pero todo se remedia, menos eso que sabemos. He vuelto a escribir, quizá para no sentirme muy solo : " Con la seguridad de hogar que vendrá, así me gustaría tenerte. Este tenerte, sin embargo tan lejos, ese querer hacerte un lado en mi asiento, abrazarte quizá hasta los huesos, tocarte sin invadirte, eso, es lo que ahora se abre camino en este mundo que quisiera compartir contigo."

El suelo es de madera. Presume la estancia de calor y orden. Fuera, el frío llega a decir que el otoño llegó. Hoy he visto rostros de hombres y mujeres que se curtieron con la tierra y un hombre que me hablaba apasionadamente de lo que escribió. Voy manejando la realidad con una actitud abierta, provocadora quizá, pero sin cortapisas ni rincones. Quiero dejar esa sonrisa o quizá despertar curiosidad. Me conformo con mi estar sin opulencia ni orgullo. Quiero mirar, estar ahí sentado, junto a la vieja o al joven que me enseña sus vacas. LLega un hombre mayor, con su sombrero, voz ronca, caminar lento, interrumpido. Me dejo la intención tratando de entenderle, pero su voz entrecortada y mi escaso dominio del idioma no ayudan. Ay ! y como llueve fuera y qué gusto sentirse así, abierto a todo, cambiado aunque alrededor, el entorno, no dista demasiado del mío. Pero sin más que ese jugar entre la necesidad y la búsqueda es suficiente para alcanzar a tocar la panza del pájaro de la felicidad. El calor de la cocina, la entrega de esta señora de negro, la luz, este cuaderno.. la lluvia fuera, su música. Huevos con tomate para cenar, mi estómago y mi alma en paz. Le he dejado 30 leu.  Creo que nada de esto se puede pagar,  ni vender, ni comprar, pero es coo un tributo a mi atrevimiento, el precio de mi atrevimiento.

Estoy en la cama, una cama grande en una habitación bien iluminada. He ido a dar un paseo pero no hay luz en las calles. LLueve. Nota dominante. En el salón hemos hablado de la familia, fotos, también, como he podido, de la hospitalidad. Al subir, Ioan, que duerme solo con su perro Niki a los pies, ha salido descalzo por el patio. Hace frío, se anuncian más lluvias. Son cerca de las once. Es curioso esto, no hay emociones fuertes, pero soy feliz en esta casa. ¿ Cómo debería ser un viaje?. No sé hacer otra cosa que esta prueba que me sugiere mi alma. He gastado poco dinero, destilándolo. Me quedo con el sabor de la voz portuguesa de Dana, las explicaciones emocionantes de Wojciech y la convivencia con Anca y sus padres, cada uno a su manera. Anca con su biblia, su madre al trajín y su padre al vino y a su tele.

Un nuevo día. He llegado a Viseu de Sus: 6 de septiembre

He dormido en una cama grande donde caben dos, sin duda. Amanece temprano y sobre las siete y media, arriba. Nublado pero no llueve. He aprovechado para dar un paseo hacia el cámping pero sin llegar a él, ya que la lluvia,poco a poco se ha hecho presente. He caminado entre las casas y los huertos, los jardines naturales, el barro de la calle, el frescor y la humedad del monte. He caminado abriendo el pecho y saludando a la gente que encontré y con la que me paré a hablar. Cae una llovizna apenas perceptible, pero que no abandona el pueblo. Hay niebla en el monte, sobre los árboles. Caminito y manta después de dar cuenta de unas patatas fritas, tomates y chocolate de sobre. En un pueblo cercano me fuí con auto - stop a Sigheti. Una señora, dueña de una pensión, me llevó hasta la ciudad. Fuí andando durante unos kilómetros. En Shigueti hice tiempo dando una vuelta. " Con poco dinero y con la actitud adecuada, se puede viajar y sentirse bien". En un bar pequeño, como una cueva, se oye música rumana folk, alegre y atrevida. Se fuma y huele a comida. Mezcla de olores y hueco para el viajero. Una chica que no encontraba sitio, se sentó en mi mesa. Ella fuma y bebe y yo, pienso, descanso y escribo. Ay!, pero mira como mis pasos van guiándome por las lindes de personas que se disponen para ofrecerme su hospitalidad sin reducciones. Allí, en un locutorio, me esperaba Florin, que nació justo cuatro años después que yo, un 13 de diciembre de 1973 y que habla bien español, producto de su periodo de vida en  Barcelona. Es un buen hombre. Fuimos a tomar cerveza y con su coche a un lugar del campo. Hablamos de negocios, de las posibilidades. Luego estuvimos en una pensión de madera en el campo. Es buen tipo este.  Comimos en un restaurante típico y me llevó a la estación justo en el momento de salir el tren para Viseu de Jos. El viajero se siente bien con su compañía

De Viseu de Jos a Viseu de Sus en auto-stop. Aquí hay mucha gente que trabaja en España y en Cataluña, sobre todo. He llegado a Viseu de Sus. Desde aquí sale un tren turístico. En el despacho de la policía comunitaria, buscando información , he recordado el futuro, con nostalgia y cierto gustillo: "¿Te acuerdas, Antonio, cuando en Rumanía, cualquier casa era una pensión?. Buen, pues en ese momento, que pertenecerá al pasado, estoy inmerso ahora en este presente, que pasa delante mía con una parsimonia como la que tienen las cosas que se resisten a cambiar. El policía escribe sobre un papel la información sobre horarios que le dieron por teléfono, con el nombre de la compañía y todo. Antes, he encontrado una casa con habitación de alquiler. Huele extraño, a viejo. Y al principio, me ha echado un poco para atrás, pero he salido a dar una vuelta, pasear y tomar una cerveza, hablar con Beti y el niño y al volver, una ducha, me ha reconfortado.

Quiero dedicarte unas palabras. Mira, aquí, los campos húmedos y verdes pasan corriendo como ciervos delante de la ventana de un tren viejo que me lleva por los túneles de este otoño anticipado en Maramures. Estoy algo confundido, algo triste quizá, algo nostálgico, mirando por la ventana y solo en el compartimento del tren. Pasan como ráfagas los túneles oscuros y no hay luz en el vagón. Me siento un poco ido en este lugar y mi alma no se aclara, pero te recuerdo, recuerdo tus besos a través de esa pantalla y recuerdo tus palabras dulces. No estoy seguro, aunque confío en que vuelvas a mí con la seguridad del pájaro que vuelve a su nido. Confío por entero con una fe que ahora trato de alimentar y fortalecer, en ese lazo que nos prometimos. Adivino tu gesto frente al acantilado y tus brazos alrededor de mí. Quiero imaginarme todo eso. Te escribo desde una mesa de cocina, al lado de una señora que pela cebollas y que me hace saltar las lágrimas. Créeme, no estoy triste. Más bien, un poco caído sobre mi, no sé. Te entrego estas palabras sobre la alfombra que espero regalarte, una alfombra de besos, caricias, ,un lugar, un pozo de agua. Espero la mañana, el día y de nuevo, un recorrido. No cuento con nada, tan solo con mi fuerza y mi alma, con mi fe y con la alegría que salga de mi para llegar a otros en un juego de espejos que me iluminara.

El tren turístico y ese paisaje. 7 de septiembre.

Se levanta temprano la mañana. He salido de la casa tras un desayuno a base de te y pan con mantequilla. He ido a la parada del tren turístico. Un tren lento que conduce, camino de la montaña y la madera, hasta un lugar llamado Faina. He sacado el billete. Un francés que viaja solo, acompaña mis primero momentos. El tren va despacio, alimentado por carbón y leña de pino. Se puede observar todo desde él: la vida del campo, las casas, el río que baja en dirección contraria a la marcha, los árboles del bosque, la fertilidad de la vegetación. Una mujer mayor pide limosna en una parada. Es una señora medio ciega, que viste harapos. Sigue el tren. En la vía casi se pueden contar las traviesas. Voy haciendo fotos y videos. Ahora, una pareja de alemanes de Dresde, ahora, unos rumanos que han bebido en grupo, ahora, una señora. Todo entra en conjunto y armonía extraños. He bebido cerveza con los rumanos. Uno de ellos se llama Gabi. Justo en este momento el tren ha descarrilado, cosa que sucede con bastante frecuencia, pero sin llegar a caerse. Hemos estado detenidos más de media hora junto a la vía y en mitad del bosque. Hace frío, bastante frío. La señora ha encendido una chimenea que hay en el vagón. Luego, me he quedado dormido antes de llegar al final del trayecto. He comido un poquito de carne a la parrilla "mich". La vuelta sin incidentes, pero un poco saturado y cansado por el humo, el olor a carbón y el tiempo. La locomotora avanza con su carga de maquinaria, ganado y personas. Al llegar a Viseu de Sus, he buscado la salida del pueblo y con una furgoneta, a Viseu de Jos. He preguntado horarios en la estación y a la búsqueda de habitación. He encontrado una en la casa de madera de Stephan, un señor enjuto de carnes, cincuentón, divorciado, de voz ronca y que habla a golpes. Pero hospitalario, a fin de cuentas. En su vieja habitación he dejado mi equipaje y luego, he salido a dar un paseo en busca de novedades, recalando en un bar de gentes que se dejan el dinero en la bebida blanca de las lamentaciones. Ha habido un momento de disputa, por las diversas ofertas que me hicieron por habitación. He prendido la pólvora del reclamo. Una especie de puja. Una abuela con pañuelo me acaricia, mientras, por detrás, los pelos y los hombros. Mientras, otro señor bastante bebido y con la mirada ida, me propone dormir en su casa y conducirme después a la estación. Al otro lado se ha sentado una familia y enfrente, una señora me muestra su carné con la fecha de nacimiento: 1960. Vive en concubinato con un hombre mayor con sombrero, que la acompaña. La otra familia, compuesta por un hombre de mediana edad, una señora de similar edad, una señora mayor con pañuelo y una chica de 18 años, me asalta a preguntas y me informa que trabajaron en Málaga, que conocen Torremolinos. Al poco tiempo, ha llegado Stephan y me ha sacado, literalmente, de allí, a mi pesar. Parecía una historia en la que no llegué a conocer el desenlace. Sin embargo, me he marchado con él a su casa, donde también le acompaña un amigo que vive en Arad. Pero he estado silencioso y disconforme. Cuando he podido, he vuelto al bar, a sabiendas de que la situación se habría disuelto.  En efecto, termino una cerveza solo, espectador en el lugar. Los ánimos se han acalorado, surgido las tensiones. He vuelto a casa de Stephan para dormir y hablar un poco.

En Targu Lapus, con Ludovica en su pensión. 8 de septiembre

LLueve. Esa es la primera noticia que tengo del día. Cae por una canal, un chorro de agua y el ronroneo de la lluvia, me acuna en el saco. He dormido sobre un sofá, abrigado addemás en una de ess mantas envueltas en sábanas. Me he levantado de madrugada para orinar en el patio, pues el baño consiste en un habitáculo de madera con un foso. Sobre las ocho de la mañana, arriba. Café de puchero, despedida con un abrazo y al tren. Aunque llueve, conservo el suficiente optimismo para empezar un nuevo día en Maramures. Compro el billete en dirección a Nasaud, Dej y Galgau. Es un tren de estos azules, con asientos enfrentados. Escribo en mi cuaderno y en mayúsculas : " Buscador de hospitalidad, cada día es un desafío". Quizá podría ser este un buen lema del viaje. Dejo mis brazos a disposición del que los quiera. Ahora el tren pasa por un túnel y se hace de noche completamente. No hay luz en el vagón. Así, durante dos o tres minutos. Se bajan viajeros, siempre con sus ropas oscuras. En Salva, donde hay que cambiar de tren y esperar casi dos horas, he dado un paseo y parado en casa de María, que tiene un nieto que se llama George y cinco hijos trabajando en Roquetas de Mar. Me ha ofrecido huevos, queso y tuica. He comprado salam y pan . He comido en su casa al calor de la lumbre. Luego, ha llegado su hija con su marido. Hospitalidad y fotos en el patio. Más tarde, he cogido el tren en dirección a Dej.

El día está gris, triste. He llegado a Dej y tengo que esperar otra hora y media. Este tiempo en las estaciones de tren, tiene su filosofía. Me he lavado las manos en una fuente. Desde Dej, salen trenes a Cluj, hacia el sur y también hacia Baia Mare y Jibou, al oeste. He esperado frente a las vías, pensando en no se bíen qué cosas. Este tiempo muerto, tiene lo suyo. Pasa una niña pequeña pidiendo dinero y tocándolo todo. El día está gris y estoy frente a un tren azul, este cotidiano tren azul. En Dej estuve el año pasado para ir a Baia Mare. Es una estación con bar y tiendas pequeñas donde venden de todo. La gente come en cualquier lado, a base de víveres. Hace un día de otoño. Estoy solo, realmente solo en mitad de las vías. De vez en cuando pasa un tren haciendo un ruido metálido y pesado. He entrado al bar para escribir y tomar una cerveza marca Noroc, que en rumano quiere decir "suerte" y que cuesta 1,5 lei. Cuando he pedido un vaso, el camarero, tras la barra, no ha sido muy amable, pero en fin. No sé bien qué escribir, pero te dedico mi recuerdo a la espera de tí. Esto no va a ser fácil, pero tengo un ascua encendida desde que llegaste. Ahora vivo en un viaje que no busca otra cosa que hospitalidad, pero si estuvieras tú, sin duda, haríamos partituras con el cielo gris y cantaríamos las noches con poca luz en las calles como dos locos. Si estuvieras a mi lado, cuántas cosas podría enseñarte, no ya de un país que voy conociendo bien, sino de este mundo interior que alimento ahora y que no quiero abandonar. Esto no va a ser fácil, pero los amaneceres a tu lado serían de miel, porque nos encantaría saborear la hospitalidad de la cocina y las estufas y de los abrazos. Guardo para tí este sentimiento que ya te comenté, mezcla de tristeza, intimidad, nostalgia y peregrinaje. Tanto espero ese momento de destapar delante de tus ojos estas páginas húmedas ..!. Solo , en mitad de la estación , en el ecuador de mi viaje, extiendo una alfombra de esperanza. Espero esa luna y esos días largos y luminosos, como quien espera un parto. Mientras, voy reuniendo fuerzas,  mitad para esperarte, mitad para seguir vivo y brillante.

En el cruce de Galgau a Tirgu Lapus, he esperado el autobús. Entre que llegaba y no, unos chavales, alguno de ellos bebido, me rondan y preguntan. No tengo ganas de hablar. Quiero estar solo. ha llegado el autobús. Es un trasto antiguo con asientos de pelo, como un sillón viejo y destartalado, pero que me ha llevado a Targu Lapus. he entrado en Maramures judetul ( provincia ). El paisaje es distinto. No son grandes montañas con árboles enormes. Son más bien colinas y prados verdes, casitas y otra decoración. Unas cruces de madera y tambien iglesias apuntadas.

He llegado a Targu Lapus. Es una ciudadita pequeña, con bloques de viviendas y casas, rodeada de monasterios. He buscado alojamiento a la salida, hacia Covnic, pero muy caro. Luego, dentro del pueblo, pensión Elena, más económica que la anterior, pero sin agua, por avería. La señora me ha indicado el camino a Casa Ludovica, en la misma dirección que la salida al monasterio de Rohia. Es una mansión grande, a las afueras. Ha salido a recibirme una chica muy linda que se llama Lavinia y tiene 18 años. habla un poco español. Me he duchado y lavado un poco de ropa. Se hace de noche y he dado un paseo por los alrededores. Hay una familia que viven en Palafrugell, Barcelona. Muchos emigrantes por aquí. Después, he buscado a Lavinia y hablado un poco  con ella en la calle. Al lado, atenta a la conversación, su abuela, una señora mayor con pañuelo. Ludovica es mujer hacendosa, diligente y con cara de buena persona. Lavinia se ha marchado para salir a una discoteca en un pueblo cercano y me vine a la habitación para meterme en el saco. En la estancia, hay una segunda puerta con sillón y cristaleras.

Monasterio de Rohia y lluvia en el valle. 9 de septiembre

La mañana la marca el canto del gallo y una neblina sobre las casas y el campo. He compartido el desayuno con Ludovica. al café solo le hemos añadido un polvo blanco como la leche en polvo, que se llama Cofetta y que suaviza su sabor. También, sobre la mesa, en varios platitos, ella ha servido una ensaladilla de berenjena, pimiento y algo más de color rojo anaranjado, que se llama zacusca. El nombre de esta comida me lo ha escrito en la libreta, Ludovica. Ha parado para atender a una familia y luego continuamos. Ludovica tiene dos hijos, uno en Atenas y el otro en Constanta. La emigración está a la orden del día. Además, en muchos casos, sin retorno. Ha comenzado a llover, cuando he tomado el camino de Rohia, un poblado cerca del cual se encuentra el monasterio Santa Ana de Rohia. Voy con paso decidido por la carretera asfaltada, pero a ratos en obras y donde el pavimento se confunde a trozos con la arcilla pegajosa del terreno. Entro en zona de bosque y al lado mía, se suceden las cruces ortodoxas de madera con su cristo, que en algunas toma una postura algo chistosa y laica. Me he adentrado hasta la cresta del valle y enfrente mía como en un mirador, se puede observar entre brumas, casitas de madera, tejados de hojalata e iglesias de plata, la cavidad femenina del valle. He observado todo esto con verdadera emoción y al llegar allí, he buscado el camino del monasterio a unos tres kilómetros. Antes, paré en u n bar donde me dieron agua del grifo, amablemente. Cruzo el arco que da paso a la zona santa y un hombre al que le falta una pierna, posa para una foto. Parece un mendigo medieval. He subido una cuesta y tropezado con dos chicos: Andrei y Hihali, de 12 y 13 años, que me condujeron por un camino primero y un sendero después , hasta las lindes del monasterio. He sudado mucho al atravesar el sendero entre las húmedas hayas, el suelo cubierto de hojas, entre un olor a orgánico y a vegetación húmeda. al llegar, he bebido agua y me he dispuesto para escuchar una parte de la misa. Antes y desde lejos, se oyen los cantos de los calugas. Son hombres religiosos de pobladas barbas. He fotografiado y filmado meintras descansaba algo exhausto por la subida. Todo el mundo escucha en silencio. A la bajada, lloviendo, mojándome y la humedad traspasando mis ropajes, me he sentido feliz y he extendido mis brazos en forma de cruz entre esta vegetación tan divina. Es difícil llevar a la palabra, comunicar mediante estos escritos, las sensaciones que llegaron a mí. Caminaba ligero, algo cuesta abajo, ligero y cordial, sereno. Caminaba creyendo que estabas ahí sonriéndome y gozando gloriosa de este camino. todo estaba húmedo y exhuberante, aunque sin sol. Todo aparecía mojado. De las altas ramas de las hayas caían chorros de agua muy pura y dulce. De las pequeñas plataformas de sus verdes hojitas, donde apenas se retenía por unos momentos la lluvia, caían sobre mi viejo paraguas una tras otra, gotitas de otoño y libertad. el sonido que produce, invita a soñar y a dejarse acunar como un ronroneo dentro de esta atmósfera en calma, al calor quizá de alguna brasa o de alguna cocina. Bajo solitario, pletórico y abierto como un pulmón sesgado, con el alma en un reguero de esos que dibujaban líquidos los lindes de la carretera. Y me he mojado, claro que me he mojado, pero he querido seguir bajo esta lluvia que no cesa, pero que no hiere, que acompaña bajo un bosque encantado. A la bajada me he esperado a que pasaran dos chicas. Una de ellas se llama Davinia. Las he parado y hemos hablado bajo los paraguas. Me he llevado un recuerdo de fotografía. Tienen dieciseis años. Desde Rohia se puede ir, siguiendo la carretera, al monasterio de Boiereni, pero no he ido. He regresado sobre mis pasos. Hay una familia que trabaja en Alcantarilla, en Murcia. La mujer, en una fábrica y el marido, en la construcción. Tienen un coche lujoso y oro en el cuello. No deja de llover y el agua, se ha colado en mi bota derecha. Ahora trato de no mojarme demasiado, pero tampoco  me importa demasiado, durante los siete kilómetros que me separan de la pensión. He llegado  pero Ludovica no está. He tendido mi ropa en una percha metálica, pero sigue la lluvia persistente y por la humedad del ambiente, nada de lo que lavé se ha secado. Me pongo las escasas prendas que traigo de abrigo y salgo a comprar algo para comer, en el centro de la ciudad. Las calles están desiertas en esta tarde de domingo y resulta complicado encontrar un lugar abierto. Me he traido un trozo de mortadela de pollo y pan. Estoy bastante cansado y algo desfallecido. Parece, que al escasear las fuerzas, el ánimo está más débil. Eso ya lo sabía y he tomado mis precauciones. Me he echado sobre la cama, al abrigo del saco y así, tendido, he dejado que pasaran algunas horas. Cae la lluvia y en la calle, venden las gitanas no sé qué cosas, con una bolsa grande de cuadros. Entran en las casas, descaradamente y con un saludo habitual : " Alo, domna". Y entran, deshojando la margarita que llevan escondida entre el silencio de las chimeneas y el pasto de los graneros que forman parte de la misma casa. Unos espacios para el hombre y otros para los animales en una distancia apenas perceptible. También, en algunas casas, hay lugar para los cultivos, sobre todo de maíz, que han evolucionado hacia el patio de recreo, en el caso de que el modo de subsistencia haya derivado al turismo o se hayan convertido en viviendas vacacionales para emigrantes que regresan por verano.

Cena anticipada con Ludovica sobre las seis de la tarde, a base de chorba de burta  y carne. También, pepino en vinagre, ardei jute ( pimiento picante ) y un poquito de tuica ( orujo ) de coarne. Sobre la estufa ( la soba ), se va secando mi ropa mojada. Hay un silencio absoluto y una magia incomparable dentro de él. Yo escribo y ella me mira en silencio. Hablamos de ciertos frutos como las avellanas y la propia coarne, un fruto silvestre que no conozco y no encuentro traducción. Más tarde, he ido a hacer una visita a unos rumanos que viven en España. Ales se quedó en silla de ruedas debido a un accidente en Barcelona. Hemos hablado de las circunstancias del accidente, de cómo se produjo y de cómo les cambió la vida desde entonces. Tras la cena y hospitalidad, hemos ido a un pueblo cercano en coche, Rogoz. Allí, tienen una casa, y hemos visitado la iglesia de madera que no está iluminada y apenas se ve nada. Las calles son de piedra y barro. Hay charcos por todos lados. Cada casa nueva ha sido construida por emigrantes en España, en Alcantarilla, Cieza, Palafrugell...Hemos parado en la casa de la madre de su señora, una mujer mayor, que convive con animales y un bivol ( búfalo específico de aquí ) hembra. Es una casa mugrienta, pero acomodada a esta señora, que es ciega desde pequeña y que vive sola. Hay animales de granja, cerdos, gallinas y otros. Al despedirnos, me dió una botella de plástico con dos litros de leche de bivol que le llevé a Ludovica para elaborar mamaliga.

Hacia las iglesias ortodoxas de madera ( Biserica de lemn ). 10 de septiembre

El origen de tu historia. 1 de julio

Hoy es 1 de julio. Esta mañana he recordado que hoy, hace justo 8 años, comenzó a escribirse el origen de tu historia. Mi primo Rafa y yo, cogimos ese tren desde Madrid, para llegar a Astorga y comenzar así el peregrinaje por el Camino de Santiago. El día 6 conocí a tu madre en Samos, Lugo. El día 12 nos dimos el primer beso al final del camino, ya en Santiago de Compostela, en un banco junto a un parque. Esta historia tuya comenzó paralela al camino, a la búsqueda que siempre tiñe al que camina. Recuerdo aquellos momentos, aquel camino, ese primer encuentro con tu madre en una fiesta al aire libre. LLegabas al mundo ya por debajo de la tierra y aunque no estuvieras aquí, fuiste saliendo del magma y formándote. Esto es un poco raro, pero lo veo así. LLegaste desde algún rincón de los caminos, de las fuentes, de los rincones de los pueblos, de los ríos, de sus lentos recorridos, de nuestros pasos. Hoy se originó tu ser, tu nombre, esa esencia que eres. Hace 8 años empezaste a escarbar un túnel desde dentro de la tierra, para alcanzar tres años después la luz que ahora eres.

En la piscina de Jarandilla

LLega la temporada de piscina. Este fin de semana, el último de junio, hemos ido a la inauguración de la temporada. Pasamos el viernes en la garganta Parral, ya cerrada con maderas para acumular el agua. Allí, todo es más salvaje: las piedras, la arena, el agua clara sin cloro, los pececitos que se dejan ver de vez en cuando....Pero te acordabas de esos baños en la piscina de niño y quisiste que fuéramos a la piscina municipal. Acaban de abrir, hemos entrado con los aperos de baño: las toallas con imágenes de Ben - 10 y de Spider Man, los manguitos de Batman, el bañador, la crema protectora, un poco de alimento a base de galletas y zumos, un libro de poemas de  Pablo Neruda y una hamaca, para esperarte sentado mientras te bañas. Todo está cubierto de césped y hay sombra bajo los plátanos y las catalpas. Nada más llegar te doy protección, pulverizando primero la crema por todo tu cuerpo. Te manoseo, te cubro la piel como un guante, siento tu fibroso cuerpo, tu culito prieto y luego te arrojas de repente a la cubeta de agua. Al principio estamos solos, pero poco a poco va llegando gente. Te metes en el agua, chapoteas, mueves los brazos, haces figuras en el aire, juegas hablando en voz baja en conversación contigo mismo, te sumerges un poco como buceando... Te veo de refilón y en algunos momentos, me acerco a tí, te miro directamente, observo lo que haces. Luego, cuando juegas con otros niños, te veo entretenido y me abandono a la lectura. En la piscina grande, con los manguitos, te tengo entre mis brazos. Quiero recordar estos momentos : Te tiras con los brazos parapetando el agua, desde el borde de la piscina. Cuando estás en el medio de ella, me acerco a tí, te agarro, empezamos a jugar cogiéndote por la cintura y saltando los dos con la gravedad más leve en el interior del agua. Saltamos, reimos, tus ojillos achinados nos embargan en una locura a medias, compartida. Damos saltos, giramos... tu cuerpo fibroso se desliza, te aprieto....Hay jaleo de niños y agua, olor a cremas y de vez en cuando llega un aroma de pastos. Al fondo se ve la sierra nunca demasiado seca. Hay motitas verdes de los castaños y el robledal en la portilla Jaranda. Luego, me pides que me tire de cabeza. Te gusta verme saltar con las manos por delante al agua.

Nos vamos a nuestro rincón para comer algo. Tu boca se llena de galletas y los restos se te quedan pegados a los labios por fuera. Tienes frio, tiritas, la piel se te pone de gallina, juntas los brazos a lo largo del cuerpo y te tiemblan los labios, te encorvas un poco, sales del agua. En ese momento, te extiendo la toalla, te tiendes al sol, te echo la otra encima arropándote y poco a poco vas entrando en calor.

Me dices: - " Mira, papá, las nubes".  " Esa nube tiene forma de barco". ( yo solo veo en todo caso un barco vikingo).

Luego me dices: " Mira, aquella nube tiene forma de alicates ". Me hace gracia esta comparación. Las nubes van llegando y luego se van. La tarde queda un poquito maltrecha por los nubarrones, pero no llueve. En el vaso de agua, encuentras tu nido de verano. Tienes un muñeco que se llama Fauces. Es un muñecote articulado al que le falta la mandíbula con dientes de cocodrilo y que se quedó en casa para que no se perdiera. Te veo tirarlo al agua para luego meterte en su búsqueda.

El domingo por la tarde, me tumbo al lado tuyo por momentos, en la toalla. En esos momentos estoy leyendo el poema número 19 de " Veinte poemas de amor y una canción desesperada" . Lo leo en voz alta para tí. Me vas preguntando por palabras que no conoces.

Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas,
el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas,
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos
y tu boca que tiene la sonrisa del agua.
Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras
de la negra melena, cuando estiras los brazos.
Tú juegas con el sol como con un estero
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.
Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.
Todo de ti me aleja, como del mediodía.
Eres la delirante juventud de la abeja,
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.
Mi corazón sombrío te busca, sin embargo,
y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada.
Mariposa morena dulce y definitiva,
como el trigal y el sol, la amapola y el agua.

Cuando llego leyendo al penúltimo verso  .. " mariposa morena dulce y definitiva.." me dices : " Papi, ¿qué significa dulce?. " Entonces yo te pongo un ejempo y tu contestas : " Ah, ya, dulce como un lacasito"..

Qué cosa será el agua esta que tanto y tanto te gusta !. Veo un secreto más de los días infantiles.

Talavera la Real , 30 de junio de 2009

En la Garganta Parral

El fin de semana fué entero de agua. De agua que baja, deja su rastro de frescor y baño y luego se precipita hacia el Tiétar. Bueno, de agua y de piedras y arena. Ese trocito de playa junto a la garganta, bajo el puente Parral, es un lugar donde nos abrazamos, donde jugamos, nos bañamos. Es nuestra feria, nuestro tiovivo de las mañanas ahora calentitas de junio, en las que da gusto dejarse caer por allí. Huele a vegetación, verde, animada y al mismo tiempo hay una magia de juego atrevido que compartimos. La secuencia es la siguiente. Mamá te puso ropita de baño y en una mochila echamos la toallas, crema protectora contra los rayos de sol, algo de comida, como galletas redonditas en paquetes y zumos y los manguitos, cada uno de una manera. LLegamos a la garganta, ahora podemos meter el coche dentro , en el recinto. La garganta, aún corre sin barreras y un poco más abajo hay una charca que cubre. Te quitas las chanclas, te desnudas, te echo crema con pulverizador, te hunto por todo el cuerpo sin restricciones, hasta en la cara y luego te coloco los manguitos. Antes de tirarte al agua casi de cabeza, pero a corta distancia, me pides que compruebe si los manguitos están bien colocados. Te arrojas sin miedos a esa pocita y yo te veo descalzo sobre las enormes piedras, sobre las lanchas que cercan el regazo de agua. Desde allí te miro unos instantes mientras te veo chapotear sin tregua, mover con energía los brazos y las piernas y hacer saltar el agua a tu alrededor. Mantienes como puedes la cabeza fuera del agua y sabes que no te hundes porque un aire te mantiene a flote. Me meto contigo, tengo ganas de acompañarte aunque noto el agua fría como va subiéndome cuerpo arriba. Luego, tras una pequeña vacilación, me arrojo también. El unos momentos, estamos los dos dentro y como es aún algo temprano, no ha llegado nadie a la garganta y estamos solos. Ese momento es indescriptible. Chicho recorre los rincones en busca de insectos y está pendiente de lo que ocurre. Te llevo detrás, subido en mi espalda, mientras braceo sobre el agua y floto como puedo. Recuerdo esto cuando yo, más o menos con tu edad, también me subía a la espalda de mi padre, ahora tu abuelo, para que me llevara sobre el agua como un delfín. Yo no tenía miedo, aunque sí cierto reparo al agua que no veía el fondo. Al cabo de un ratito te veo temblar, con la piel firme, fría, erizada. Te saco los manguitos,te envuelvo con la toalla como si quisiera abrarte al mismo tiempo y te siendo delante mía para darte calor sobre las piedras grandes, que son como camas puestas al sol. Te recojo en mi regazo, te abrazo, siento tu piel, el olor de tu pelo, tu suavidad, la frescura que te quedó en la superficie, tu tacto, tus besos...

Siento todo esto y aún más, es la naturaleza la que ahora nos deja su esencia y nosotros saboreamos de esa delicadeza con riesgo y aventura.

Tienes moratones por todo el cuerpo y señales de heridas pasadas y otras nuevas que te salen a cada momento.

Yo sé que eres un niño inquieto, descubridor, explorador. Eso lo llevas dentro, en tu sangre, en tu alma.

No pierdas nunca ese fuerza sin freno. Te voy a querer de todos modos, pero no quiero que dejes de ser quien eres. Ahí está tu esencia, eres tú así.

Talavera la Real, 17 de junio de 2009

Lola, mi amiga de Villafranco del Guadiana

En septiembre del año pasado, conocí a Lola. Ella vive sola en una casa grande con patio en Villafranco. Ahora es Junio y he tenido la oportunidad de compartir algunas horas con ella. Yo llego a su casa, presente muy vivo, por las tardes uno o dos días por semana. Voy vestido casi siempre, con ropa de trabajo y ella me recibe abriendo el postigo de la puerta y enseguida se le señala una sonrisa de emoción en su cara. Entro, ella se va al salón para seguir viendo la novela y entonces, me quedo con un ratito para compartir conversación. En su patio tiene toda una selva de plantas de todas clases y en todos los lugares. Al final del todo y aún sin terminar, un jardín al estilo japonés con una fuente en medio. Con ella conviven más de medio docena de perros. Está sola, es viva e independiente, clara, sin pelos en la lengua, activa. Me gusta su forma de ser que compagina con una hospitalidad atenta y desinteresada. Con esta mujer y en su casa me siento bien. Estas tardes de medio verano, disfruto de su compañía. En la mitad del patio acabo de terminar un cercado metálico para luego colocar un arbolito. LLego, tras el café preparo las máquinas. Al rato aparece ella. Me ofrece algo para beber. Me siento realmente bien en este entorno y quiero agradecerle para siempre este rincón, este sentimiento, esta generosidad.  

Primer fin de semana de garganta y calor.

Quiero recordar los momentos más dulces. Hemos empezado a acudir a las gargantas en busca del agua. Hace calor. Es el último fin de semana de mayo. Cogemos las cosas del baño y nos vamos a la garganta que hay al lado del camping. Hay poca gente. Dejamos las cosas sobre una gran piedra bajo la sombra de los alisos y te desnudo para que entres en el agua así. Mientras, te espero sentado. Te atreves y te metes. El agua está fría. Yo he tratado de seguirte, pero apenas meto las piernas. Saltas de piedra a piedra con una habilidad que me asusta, pero te dejo, te dejo porque sé que es lo que quieres hacer. La imagen que se me queda grabada es la de un niño desnudo con dos manguitos de aire en los brazos, saltando de roca en roca.

Me dices, al borde del agua: - “Papi, cuenta hasta tres”. Entonces, yo inicio : “Uno, dos………tres!” y te tiras al agua con los brazos por delante, arrastrando como una ola la superficie hasta sumergirte un poco y luego sales sonriente y excitado por el agua, por el frío, por el juego. Te tumbas al sol, sobre la piedra, boca abajo. Observo y compruebo la extensión de tu cuerpo, la textura de tu piel, fibroso, atlético. Tus pies van siendo grandecitos, tu pelo castañito, medio rubio, los restos de heridas en las rodillas, en la barriga, en la cara…

Hemos ido a la garganta del camping Jaranda y a la garganta bajo el puente Parral. Allí, nos bañamos ayer domingo en una poza que hay más abajo, justo donde se precipita la cascada. Aún no han cortado con madera el paso del agua para hacerla contener a modo de piscina y aprovechamos los huecos entre las rocas para bañarnos. Te embadurno de crema protectora. Es un bote naranja y la crema te deja la piel blanca y con un olor especial. Te metes al agua sin miedo, sin recelo. Al fondo ves un gran tronco seco, alguna rama sin hojas y entonces me dices:

-          “ Papi, esa rama está quemada?, papi, ese tronco está quemado?.” Y yo te respondo, casi repetitivamente: “ No, Carlos, está seco”.

Esta pregunta me la haces casi obsesivamente cada vez que ves una rama seca..

Te fijas mucho en esto, me hace gracia.

El sábado por la tarde fuimos a Plasencia con mamá, los tres. Ella quedó con una amiga y de paso fue a Carrefour a comprar. Nosotros, mientras, fuimos al Parque de Los Pinos. Es un lugar lleno de vegetación y animales de todas clases, sobre todo, pájaros. Las hay en cautividad, en jaulas y también en libertad, pululando por ahí, junto a los caminos, buscando comida al lado de los contenedores y en las charcas. Como hacía calor, nos entretuvimos en una fuente que está colocada bajo una gran pérgola. Te llenaste de agua y como me hacía gracia, jugué contigo a echarnos agua. Luego fuimos a la parte más alta, donde están los ibis y las gaviotas. Tiras cosas al agua, palos, piñas….

Luego, fuimos a una terraza y al cine para ver una película. Vomitaste un poco atragantado con palomitas y refresco. Mamá te compró un muñeco, “cuatro brazos”. A la vuelta, llovió e hizo un viento casi huracanado. El coche se movía y tuve que agarrar bien el volante para no salirme de la carretera. Te daba un poco de miedo. Había muchas hojas y ramas sobre el asfalto.

Te estrecho contra mí, tu cuerpo mojado, húmedo. Te estrecho contra mí y te abrigo con la toalla. Tienes el culo rojo de haberte rozado contra las piedras. Te comes las galletas de dinosaurios sobre la roca y el zumo de frutas. Es todo un marco donde te miro desde una distancia y tengo que aguantarme las ganas de estrujarte y al mismo tiempo no puedo descuidar tu actividad. Vigilante y adorándote me paso el tiempo cerca de ti.

 

Tarde de mayo en mi habitación

Entra un airecito cálido, ligéramente cálido. Estoy solo, sentado en mi habitación y con la ventana abierta. En el silencio de la tarde miro a los edicios y los jardines que se posaron inmóviles desde que llegué aquí, para brindarme ese cuadro ambiguo, cotidiano. Es un cuadro permanente y vivo, pero inmóvil dentro de su presente estacional continuado. Este cuadro es la ventana, lo que veo por ella. En la vida se nos aparecen cuadros así, son cuadros con vida, pero cuadros al fin y al cabo. Transitamos, nos levantamos, nos movemos, salimos, entramos, viajamos, pero siempre volvemos a ese cuadro que durante un período de nuestra vida conforma la decoración de nuestra existencia.

Ahora el cuadro es un trozo de jardín, un árbol que acaricia con sus ramas la fachada de mi habitación y unos edificios blancos. Es una instalación militar como un pueblo. Y absorto a ratitos, respiro despacio y dejo fluir esta escena dentro de mí como un río manso. Dejo que ese airecito me acaricie y me traiga bondad, paz, serenidad. Y lo hace desde el filtro de los cultivos que ya arrancan a crecer, desde el espigado tronco de los maices, desde las hierbecitas medio secas, desde esta tarde quieta, quieta, desde esta mirada perdida.

Comunión de Toni en Valencia

Media el mes de mayo. El diecisiete, anteayer, Toni, el primo Toni, hizo la comunión. Fuimos allí, a Valencia. Yo te encontré en su casa en la casa de mi hermana, Calle Lirio  nº 9, trasteando en el sofá con la tele y la nintendo. Mamá te compró una en Valencia. Ahora manejas ya estos trastos informáticos. LLegué a Valencia desde Madrid, donde dejé el coche, al ladito de museo del Prado. Cogí un tren Alaris y me dejó en la Estación del Norte de Valencia. Dí un paseo hasta la Avenida del Puerto, pasando el puente de Aragón y enseguida llegué a casa. El abuelo llegó por la tarde con el tío Eduardo y Verónica. Ellos vinieron en coche desde Córdoba y tú con mamá en avión desde Madrid. Fuimos a la playa antes de que llegaran ellos, con la hija de Toni y su marido Luis. Allí, vosotros, los niños, jugando con la arena, con el borde espumoso del agua, con el agua, con los agujeros, con todo. Desnudos, embarrados, sucios, pero naturales, niños, espontáneos.. niños, niños, limpieza, limpieza por dentro. Yo iba fotografiándolo todo a mi paso. LLegó el abuelo, el tío, Vero. Cenamos, televisión, visita. Allí estás tú, camisita roja, pantalón crema, zapatos con la punta desgastada.

El día siguiente, el domingo 17, la comunión. Trajín en la casa. Con el abuelo fuí a dar un paseo al barrio de Nazaret, donde nació la abuela Pepi ( qué raro se me hace decirle abuela a una mujer que siempre fué madre, claro, madre y ya, nada más, como parentesco, eso sí, pues mujer, muy mujer, muy buscadora, pero de las de verdad, buscadora por dentro, sin moverse de su casa, su entorno: toda búsqueda está dentro de uno mismo y ella sí que sabía de eso. En silencio, con la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo, austera pero sin menoscabar feminidad, maternal, pero sin dependencia, comprometida, independiente...). Calle Parque en Nazaret. El abuelo se acuerda de vivencias, de escenas pasadas, de cómo era todo antes.La casa, casi original, pero retocada un poco. El barrio, mezcla de épocas, esas casas, esas plazas, rincones, barrio al borde del mar, ahora del puerto.

La comunión, bar - restaurante Los Angeles, en la zona arrocera de El Palmar. Todos en la mesa. Para vosotros, otra pequeña. Te veo jugar con las copas de coca cola, con la comida. Amenizaba un mago con un enorme sombrero de globos entrelazados. Había juegos, diversión, movimiento. Fuera, una barca varada en la orilla de los arrozales era un buen lugar de encuentro. Entrábais hasta los primeros lodos del arrozal, tu carita manchada de barro, los pantalones blancos....jeje, que bueno, esos zapatos.. Tan deprisa te reñimos como te desenlazas de nuestros brazos y sigues con tu exploración del territorio.

He salido el lunes por la tarde. Sonia me condujo a la parada del metro Serrerías, bocadillos en mochila de jamón y tomate, agua mineral, zumo con leche. Te quedaste con mami, con los tíos, en la playa frente al hotel de Las Arenas, reformado, grandioso, de lujo. Subimos a una red de cuerdas con forma de pirámide y un tubo en medio. Te dió un poco de miedo al comprobar que se balanceaban las sogas con mi peso.