Sevilla, marzo de 2006
Carta a Carlos desde Castril
Este fin de semana he estado contigo. He podido disfrutar de tenerte cerca. Y esto ha sido tan mágico como habitual debiera ser. En tu carrito has llevado tus principales herramientas de juego: una pelota con pinturas y que mamá ha colocado dentro de una red para transportarla mejor y un cuchillo de plástico amarillo y gris que bien serviría para untar mantequilla en el pan. Con esos artilugios hemos salido al parque y allí yo te he dejado libre y tu te has paseado de aquí para allá cogiendo cosas del suelo. Te encantan las piedras: primero las coges, luego las lanzas a otro sitio y esto te divierte. También, impulsando el balón, no con el pie que parece lo más cómodo, sino agachándote y dándole con la mano. El caso es que tienes que hacer un gran esfuerzo, pero se ve que como ves a la pelota correr más, pues que te compensa. Te he pedido tu manita: "¡ Carlos, dame la mano! o ¡ Carlos, dále la mano a papá!. Al principio, obedeces, pero cuando puedes, sacas tu pequeñita mano de la caverna de la mía y echas a correr. Yo se que eres ya muy independiente y que no te gusta verte atado, pero, créeme, yo lo hice por tenerte más cerca, como si usando ese posesivo: mío, tuyo, fuera a servirme para algo. Pero, en fin. Luego, te he subido al columpio e impulsado con mi mano. Es una delicia verte volar por el aire a cada impulso. ¡ Una cosilla tan pequeña y tan libre como un pájaro!. Yo he disfrutado así, en el Parque La Aliseda y este momento juntos, lo he vivido con calma y con felicidad, aún sab iendo que pronto se terminaría. También te he subido en otro juego que consiste en suspenderse y luego bajar. Te he colocado en un extremo del brazo de este juego y con mi mano, he impulsado el otro extremo para que te elevaras. Cuando lo hago con un impulso enérgico, esto te produce risa. Y a mí, también.
CARTA A CARLOS. JARANDILLA 21 DE ABRIL 2006
Este viernes he venido para estar contigo todo el tiempo, dícese, a tiempo completo, pues mamá está en Plasencia. Hemo ido a Losar. Metías tus pies por los surcos donde corre el agua y acabaste mojado. De nada sirvió reñirte. En la Plaza de España te distraías con el agua y con tu pelota de playa medio deshinchada. En casa, después de la cena, te tomaste el biberón. Mientras chupabas, yo te miraba y poco a poco te quedabas dormido, abriendo solo los ojos cuando algo te sobresaltaba. Te he mirado y he querido hacerlo mientras te tenía cogido entre mis brazos, dormido, plácidamente dormido. Tu boca, tus labios, son de tu madre. Con ellos besarás y mientras pienso esto, recuerdo aquella tarde de Santiago ( 12 de julio de 2001 ), en la que besé también esos mismos labios, sin saber que dentro de ellos estabas tú también escondido, esperando. ¿ A quién besarán esos labios?. ¿A quién enamorarán ?. Mientras pienso esto y compruebo la magia del misterio, te vas quedando más y más dormido, entreabres los labios y se te ven los dientecillos de leche. He llorado de emoción, hijo mío, tesoro, verdadero tesoro, que después de miles de años escondido, hemos conseguido desenterrarte.
Jarandilla, en casa, 21 de abril de 2006
CARTA A CARLOS. JARANDILLA 16 ABRIL 2006
Juegas con la arena. En un montón te entretienes. Yo te he fotografiado. Subes hasta lo alto: tu primera montaña. Después bajas sobre tus pasos, al revés, como en una escalera de mano. Te has llenado la boca de arena y aunque escupes un poco, he tenido que meter un pañuelo para sacarte el resto y limpiarte. Me he agobiado un poco. Te has puesto todo guarro, pero se que has disfrutado mucho. Volvemos a casa. Mamá te cambió de ropa y te puso otra limpia.
HAYEDO DE TEJERA NEGRA . CANTALOJAS ( GUADALAJARA ) . 28 ABRIL 2006
¡ Qué bello es sentirse entre el bosque!,
en el hayedo amable,
sin estridencias.
E ir así,
acariciando suavemente
aquello que me encontré:
"El camino, las hojas,
los troncos lisos,
la vegetación viva
y el agua cristalina
que ameniza mi silencio".
¡Qué hermoso y vivificador
es toparse de pronto
con la realidad única e irreductible
de nuestra soledad!
Y ponerla en movimiento
aprendiendo su lenguaje,
sus símbolos,
entendiendo sus entrañas
y acercando el oído
a esas palabras
tan claritas como ocultas.
Así, sintiéndose tan dentro
de uno mismo,
entreteniéndose en su yo,
con ese agrado
y sentándose en el camino
para jugar con las cosas,
mimándote en tu interior,
acariciándote por dentro
con tus manos
puestas en la tierra.
Y después,
pletórico ya,
regresar desde la experiencia
de haber vivido
una sexualidad madura
con la montaña;
de haber dejado
suficientes caricias
en su seno,
sobre su piel,
bajos sus cabellos,
suficientes besos
en su mejilla.
Regresar con la certeza
de haber afinado sabiamente
el instrumento natural
que pone música en nuestra vida.
CARTA A CARLOS. JARANDILLA 8 MAYO 2006
Alegre, sobre la hierba,alegres en la manta verdejugábamos a primavera,a correr y perseguirnos.Rodeando un árbol,tú querías alcanzarmey gritabas y reías.Yo corría y te alcanzaba.Te dejabas cogerde puro nervio.Y entonces, te agarraba una pierna,sobre el suelo, tiradoy tú te caías también .¡ Qué fácil se pasaba la tarde !Hijo mío.
En el campo de Jarandilla
CARTA A CARLOS. SEVILLA 12 MAYO 2006
Pasan algunos días.Estoy solo,pero conscientede mi soledad. Eres más grande aún dentro de mí.Porque nada me acecha,si yo mismo estoy relajadoy camino despacio.Ahora leo,ahora caminoy pienso.Algún bar,una luzde la realidadque ahora atravieso.Oscuro sendero,pero cierto.Y tu, tan grandeahí, en el cénit.
CARTA A CARLOS. TALAYUELA 8 MAYO 2006
Corríamos alrededor de un árbol, dejando atrás antiguos y sabios juegos infantiles, con la pelota en la mano. Me senté sobre la hierba y lo observaba. El se entretenía con las piedras, los palos y las piñas. Echaba de comer a las cabras, trozos de galletas, pero sin precaución. Y los animalitos descarados, le mordisqueaban también los dedos. A él le producía un dolor exictante, como tirarse por el tobogán y volvía a repetirlo. Hacía gracia a todo el mundo, con una candidez sin límites.
En el tobogán se siente ahora más seguro. Mamá se coloca debajo y yo lo subo a la plataforma. Entonces, se arroja, sin miedo y más de una vez va al suelo. Luego quiere trepar por el metal, pero se escurre. Cuando ve plantas, algo común, él grita: "¡ planta!, ¡ planta! " y se emociona. Con su emoción, la mía detras. Es algo que no debe perder.
Parque de Talayuela
ARTA A CARLOS. CARRETERA A SEVILLA. UNA VEZ MAS. 14 MAYO 2006
He vuelto.Tú te quedaste dentrode la casa.Mamá te tenía en brazos.La última vez que te vítenías los ojos muy abiertos,mirándome.Por la noche tuviste bastante fiebre.En el caminofuí fotografiándolo tododesde el coche mientras conducía:"El cielo, la carretera,el sol, el ocaso,las señales, los pueblos,mi mano, mi cara".Olía a paja.Justo en ese momentoen que los campos de cerealse calientan al sol de mayoy comienzan a secarse.Justo en ese momento.Y paré el coche al lado de la carreterapara oler y fotografiar el ocaso,los rojizos y ese fulgor, esa llama.Tú te quedaste allí,con fiebre,tu cuerpo ardiendoy mis ojos mirando el ocaso,viendo como el solse perdía a lo lejosy tu piel se prendía de fuego.Carretera de Jarandilla a Sevilla
CARTA A CARLOS. SEVILLA 21 MAYO 2006
Este domingo, he estado de nuevo en el parque contigo. También en la huerta, pero allí hacía calor. Tú me mirabas mientras segaba la hierba y querías salirte del carrito. En el parque recogías las cosas y las echabas a las papeleras. También cogías alguna cosa de allí y te la echabas a la boca. Juegas con la pala y un rastrillo. Mamá trajo un helado de fresa y todo se puso rosa. Te clavaste en el paladar con una barra y te hiciste sangre. Pronto seremos compañeros también, lo veo venir. Compartiremos actividades en el campo.
CARTA A CARLOS. NOMADA. 22 MAYO 2006
No has perdidoesa sangre de emigraciónque te inventó.Nómada hijo mío, eres.Tu madre vino del estepara tenerte.Mi padre,al norte marchó.Y ahorapor milagroconfluyen tus ojoscon mi respiración.Eres del río,ya lo supedesde el principio.Y del agua.Y al ancho mar te debes.Has venido desde el aguamás clara, a estas gargantasmontaraces,a estos reguerosque te ven crecer.Me alejo de tí,una vez tras otra,pero vuelvo con la firmezadel que atiendeal rey de las aguasamparándose en su lecho líquido,en sus primeras y tiernasconquistas del alma
CARTA A CARLOS. SEVILLA 18 JUNIO 2006
Vengo de estar contigo algunos días más. Me he quedado con esa imagen tan infantil y traviesa de niño, con esas heridas en las rodillas y en la nariz. Y también con tu desenfrenado amor al agua.
Te llevamos hasta el río, bajo el Puente Jaranda, el que está allí, a lo lejos, camino de Valfrío. Ese puente antiguo casi parece derruído. A la izquierda sale un camino aún fresco bajo el robledal. Chicho va delante, inspeccionando el terreno y alerta de los bichos y los palos. te quitamos la ropa y te metimos en el agua, al lado de la arena del río. No es que estuviera el día demasiado caluroso, pero insistías. Y al final, casi te cubre todo el agua. Saliste fresquito y cansado.
Luego, por la tarde, fuimos a Losar a tomar helado de leche. Bajo el inmenso castaño de indias hay regadío por aspersión. Te pusiste debajo para que te cayera el agua y se te quedó la cara y el pelo como lamida por una vaca. Fué graciosísimo, pero tuvimos que sacarte, pues ya te ibas a quedar hecho un remojo. Yo te hubiera dejado algo más, pues lo disfrutabas y es casi verano ya.
¡ Me encanta que te guste el agua!. Podemos aprender muchas cosas juntos.
CARTA A CARLOS. SEVILLA 4 JUNIO 2006
¡Sigues tan bello,tan enérgico,tan grande.!Y dices: ¡ agua !Ahora que las aguasestán a tus piesy los ríos alcanzascon la mano.Sigues creciendo en todo,en todo.Y yo, gozándote.Un caballito con ruedases tu distracción.Caballito con ruedas para llegar lejos
ESCRITOS RECUPERADOS SEPTIEMBRE 2006
RELATO EN LÁGRIMAS: “ Carlos, septiembre, segunda parte”
Cierro ahora los ojos al mundo, solo abriendo mis dedos y poniéndolos en movimiento frente a esta pantalla, para pensar en ti a través de ellos. He querido hacer esto: no recuerdo nada ni nadie. Es de noche, bebo cerveza que me concentra la mirada en un punto y trato de seguir adelante. Ahora quiero hundirme en mi soledad y ahondar aún más en la huella que está dejando él en mí cada vez que consigo poner en pie mis recuerdos más próximos y trato desesperadamente de darles vida. Naces no solo cuando naces, sino cuando alguien te reconstruye. Esta es la verdad que ahora me ampara. Lo he tenido entre mis brazos, he querido jugar con él, sin juguetes ni instrumento, solo con su cuerpo, lúdico perfecto: no dejo que se levante cuando cae al suelo, provocándolo en cada momento y en ese escarceo arrebatarle para mi alegría una sonrisa. Me gusta verlo enérgico y luchador para tratar de ponerse en pie. Él trata de esquivarme para liberarse de mis manos y no le dejo, entonces protesta, frunce el ceño, casi se enfada y yo lo disfruto en su rabia como en su salsa. Quiero morderle, chuparle toda su piel hasta hacerle daño, atenazar sus orejillas con mis dientes, devorarlo. Todo eso y más, en un esfuerzo para que no pase el tiempo tan deprisa sin dejarme la suficiente huella. Que lo sienta, que lo sienta y lo sufra, que lo viva y lo desee y que luego se vaya si se tiene que ir. Sí, si, seguro que tendrá que abandonarnos a todos y tomar uno de los caminos que yo señalé y que simbolicé para él: el del sur, hacia la arena y el sol, hacia el balcón donde su padre se asoma siempre que siente la llamada de la cuna. El del oeste, el camino de su madre, el camino de los que se van para no volver, el que persigue el sol hasta que se esconde. El camino del este, el del afán Mediterráneo, camino de la aventura y las oportunidades. Y al fin el norte: es el camino de los solitarios, de las montañas y los fríos, el camino para ir sin carga ni vehículo. Pero esto es igual, escogerá un camino que le llevará lejos o cerca, donde quiera. Hasta entonces, ni un rincón de su piel será un secreto, beberé de su aliento como de la fuente de su boca. Gozaré del aire que él embraveció agitando sus brazos. Seguiré como hipnotizado el curso de las piedras que arrojó al agua. Miraré al dedo que señala el lugar donde reposa el helicóptero como el lelo que se queda fijo ante el cristal. Correré con el carrito llevándolo por los caminos fuera del pueblo, hacia el bosque donde amarillean los robledales. Sentiré celos hasta la rabia de ese palo que eligió para jugar o de aquella rama seca que le arrebató a la tierra. Lo dejaré dormir sobre el cochecito para sentirlo más en mis manos que nunca. Así, a lo largo, laxo, como sin vida, pero a la vez alimentando tanto la mía, tanto. Vengo vencido de él y cuando llego a casa, cuatrocientos kilómetros más abajo, noto su ausencia como un pozo en mi alma, como una cavidad que agujerea mi pecho, tanto que si te acercas a él puedes ver al otro lado. Vengo vencido de él y en su última mirada hay un brazo, un gesto, un intento en vano de aproximarse a mí para tenerme, para cogerme. Entonces yo agacho la mirada, empañados los ojos, y me voy: bajo el ascensor, recorro el pasillo y pongo el marcador de nuevo a cero, como si todo volviera comenzar de nuevo, al estilo de un reloj de arena que damos siempre la vuelta sin saber cuando hay que detener. Y aferrado al volante, voy surcando la carretera un domingo más. Entonces, en la soledad del camino ocurre esto: “el perfume de su cuerpo, tan de leche y no hecho para durar ni para recordar, sino para huntarse en él en la más hondo de tu ser, para oler, se va poco a poco perdiendo hasta del recuerdo, pues no tiene consistencia más allá que el infinito placer de sentirlo cerca. Sus gestos que apuntan al cielo o señalan un caballo o un camión enorme o la luna transparente en el día, o sus manos que cogen las piedrecitas o agarran la comida cortada a girones, empuñan un cuchillo de cocina o abren un cajón, también ellos, sus gestos, se quedan con él. Y su mirada, no me habléis de su mirada, por favor, ardiendo como está ahora mi corazón en brasas. No me habléis de esa expresión que te busca y te ahonda, que te atraviesa. Hay veces en las que no puedo contener por más tiempo esa humedad de mis pupilas y miro para otro lado buscando al viento. Entonces, ¿que queda en mí de mi niño durante el camino de vuelta, que aún esté vivo? , ¿ es su perfume, sus gestos, su mirada? ¿ es esa sonrisa que le brotó de pronto como un cometa y que yo compartí por suerte?. Entre todas estas preguntas van pasando las indicaciones de los kilómetros. Poco a poco llego a Mérida a paso sobre el Guadiana para apuntar hacia el sur y pasar al lado del ocaso sin detenerme. Sobre la aspereza del asfalto voy arrojando por la ventana y en marcha, esas piedrecitas que recogió mi niño en el camino, una a una con alegría, para tirarlas después y esas piñas abiertas y misteriosas que juntó en el parque y su colección de lunas, de lunas transparentes y de lunas blancas como faroles. Como esta que juega conmigo al escondite detrás de los encinares en la carretera y que al mismo tiempo vela por mi niño mientras duerme.
CARTA A CARLOS. SEVILLA 25 OCTUBRE 2006
En la pared del Parador de Turismo. Jarandilla
En Santa María de la Torre. Jarandilla, el día 22 de octubre de 2006.
Fecha de la inauguración de la obra de restauración
En el parque La Aliseda.
LLegó el otoño y la lluvia. Me vienen frescos y palpitantes nuestros paseos durante el último fin de semana en el parque, húmedo y mojado. Los árboles son de otoño, sus hojas amarillas o naranjas. Los plátanos pierdes sus grandes hojas que reposan como piezas de puzle en el suelo. Me he llevado algunas para decorar. Me reclamas las piñas con tu manita y tu gesto y frunces el ceño una vez más. Andas ahora con tus botas de agua que de vez en cuando se te salen y tengo que volver a poner. Hemos caminado por las calles. A veces, te adelantas, corres y te caes. Creo que te haces algo de daño pero en seguida se te pasa. Voy tras tuya. Te he subido al columpio y vuelas al aire. Un paraguas pequeño te sirve para lanzarlo sobre las hojas y esto te divierte. Has jugado con un niño que se llama Raúl, en una cabina de teléfonos de la plaza. Durante el baño estás genial, alegre y enérgico. Te orinas en la bañerita y eres capaz de lavarte un poco con la esponja llena de espuma. Luego, no quieres salir y lo haces solo y a regañadientes. Vas por la calle metiéndote en los charcos, saltando sobre ellos, salpicando y mojándote, pero a mí me hace gracia. Llevas ahora un impermeable que te cubre todo el cuerpo, como un abrigo.
QUIERO ARRASTRARME
Quiero arrastrarme en el dolor que llevo, cuando trato de rodear tu cintura, ahora solo una imagen para mí. Corazón espinado y un tumulto de desesperación me exalta, pero trato de dar forma con mi dolor. Bailaría como loco sobre las olas de tu pelo, suelo de sueños. Bailaría con los dedos, con los ojos, con mis huesos, dentro de tu cuerpo, retumbando como un vendaval de sonidos.
10/26/2006
OLORES
He ido caminando entre un bosque de encinares. Hace calor y el grupo se dispersa. Seguimos una etapa en una de las rutas del Camino de Santiago, la de la Vía de la Plata, desde Guillena, en Sevilla, hasta Castilblanco de los Arroyos. Voy caminando solo y de vez en cuando me acerco para charlar con algún miembro del grupo. Me gusta caminar en silencio y sentir los pasos y el esfuerzo como algo propio, vivido, sufrido incluso, para darle verdadero sentido a la actividad. Me pongo a caminar en serio, concentrado y voy casi a la cabeza, cuando de pronto rebaso un perfume femenino que me desconcierta: "Eau d'été " ( Agua de verano para los castellanos ). Es una chica alta, morena, ya madura, pero juvenil y esbelta. Ha dejado al aire este rastro de olor que yo atrapo y comienzo a soñar y a desear. Cuando hemos parado al lado de la carretera, ella se ha sentado a la sombra de un poste de cemento. Irremediablemente me he sentado también lo suficientemente cerca, sin invadir su espacio. Le he preguntado el nombre: Carmen. El sol sigue pegando de lo lindo. La complicidad del caminante ha hecho su efecto y ahora vamos caminando juntos, ella delante y yo atado a su perfume, como una droga. Su fragancia me lleva a despertar mi estímulo y estoy inspirado todo el resto del día. He sido víctima del perfume, víctima de ese deseo oculto y esa irresistible tentación de comer, de saborear, de tragármelo todo. Las partículas pequeñísimas e invisibles de su colonia hicieron mella en mí y ahora, lo que más anhelo es una prenda suya
SIN TI. OTOÑO 2006
Sin ti.¿ Como se hace, hijo mío, el otoño sin tí?Como se hace estar sin tí,mientras el otoño grita por la calle y se deshojasobre todo lo que ocupa la tierra y allá en el ocaso?Recuerdo tu olor, también la superficie de tu cuerpo,tu tamaño, tu inquietud, tu mirada, tu calor.Recuerdo todo ello y a veces,tengo que confesar,que me sirve para sostenermesobre estas olas de presente inciertocomo un salvavidas en medio de la nada.Pero a veces, ese recuerdo.....mi hijo, tu lo vas a saber pronto.El recuerdo. ¡ que palabra !Ese recuerdo se deshace yllevado por el vientova a posarse sobre los tejados oscurosy desaparece como el polvo.Y entonces,¡ que desnudo e inhabilitado me encuentro !que estúpida forma que camina soyque ni siquiera se apresura para hacer sombray camina sin rumbo por las calles de mentira.Tú si que eres una verdadque se agiganta como una hoguera,que crece como un árbol en busca de la luzque nada le detiene.Yo estoy ni más ni menos que al acechode una suave y tierna cariciade tus manosque al acecho,de que se cuele en mi olfatoesas mágicas partículas de tu aliento,para seguir así,sosteniéndome sin tí,en el recuerdo.
CARLOS, FINALES DE OCTUBRE 2006
Jarandilla Calle Ramón y Cajal
Hemos vuelto a estar juntos. LLovía durante todo el fin de semana, este tercer fin de semana de octubre. Hace un tiempo otoñal, íntimo y lluvioso, como debe ser. El sábado salimos a dar una vuelta. Subí la cuesta contigo, que ya vas andando a tu libertad, hacia donde maduran los madroños y ese membrillo que está a punto de rebosar de tanto amarillo como hay en sus ramas. He cogido algunos frutos. Te los acerco a la nariz para que huelas a la frescura de esta fruta y entonces tu haces un gesto que me gusta. Es maravilloso. Ahora dices algunas palabras conectadas entre sí, con cierto sentido: "abul", es azul. "allillo", es amarillo. Me encanta ver como salen estos fonemas de tu boquita y la dulzura se acentúa en tu rostro.Hemos ido al parque. Hay agua y humedad por todos lados. Disfrutas metiéndote y saltando sobre los charcos. Te tengo que reñir, porque vuelves mojado a casa, pero verte con ese impermeable que te cubre todo el cuerpo, te hace gracioso, casi cómico.