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feranza

Con un palo hicimos un barco

Es ese espacio tan particular donde siento una profunda emoción. La emoción de tenerte entre mis brazos, sobre mí, bajo mi cuerpo, ahora que eres más pequeño, que aún puedo abrazarte y rodearte , ahora que aún puedo subirte encima, ahora que aún puedo agobiarte a besos, ahora que aún puedo jugar contigo a crear barcos con palos de la luz en la garganta.

Ahora que puedo hacer esto, mi niño de plata, y ahora que lo hice, siento la profunda emoción del fin de semana vivido. Son momentos, ya lo sé, pero momentos intensos.

El sábado como no encontrábamos niños con los que jugar en la pista de fútbol pequeña y nos aburríamos bajo el calor de la mañana de junio, pensé en poner anuncios buscando niños. Y así, en el coche, mientras buscábamos un lugar en Aldeanueva donde quizá jugaran niños, fuiste escribiendo: “ Se busca niños para jugar al fútbol”. Lo repetiste en tres papeles , en tres hojas que arrancaste de un cuaderno. Al llegar a Aldeanueva, donde tampoco habían niños pegándole patadas a la pelota, pusimos los carteles con fiso en la puerta del polideportivo. Nos reímos mucho con esta ocurrencia, pero a ti te daba vergüenza trabar los anuncios, sentías un poco de pudor. Nos fuimos a la garganta, donde la piscina del pueblo. Se hayan acondicionando el bar, el chiringuito. Has bajado en busca del agua. Nos hemos descalzado. Corre un reguero de agua fría. Con una navaja y troncos de palos de la luz, jugamos a fabricar un barco. Me dices entonces : “ Papá, con siete retoques , vale”. Y vas contando las veces que meto la navaja por medio y me llevo las virutas de madera que tu retiras con la mano hacia la corriente. Luego, jugamos a leer las cosas al revés y esto nos hace una gracia incorregible. En mi camiseta pone con letras blancas sobre fondo negro: “ Centro Veterinario El Alamo” . Entonces tu lees :  “Omala” y yo bromeo con una canción. Luego me toca a mi en tu camiseta de Spider Man y leo : “ Nam redips”. Esto nos hace reir y reir de forma contagiosa y mientras te tengo entre mis piernas, sentado, nos abrazamos y reimos de lo lindo. Comprendo el sentido de la felicidad y ahora no necesito nada más. Te tengo, te abrazo, te dejas caer sobre mí con la flojera de la risa. Es fantástico, emocionante, irrepetible.

Hemos comido en Losar. Estaba cansado, pero no quise perder la oportunidad de hacerte la comida. También para mí un arroz con pollo y para ti pechuga y huevo. Con el sueño, me marcho un poquito a la cama y ves los dibujos, pero solo poco tiempo, pues luego has venido a la cama para recordarme que la tarde es joven.

Hemos ido a Valfrío, donde estaba mamá con más gente. Allí jugueteabas con Enrique y te bañaste en el río. Te ví correr, desnudarte, cuerpo ágil y tierno, cuerpo blanco inmaculado, cuerpo de niño travieso. Mientras, yo leía sentado en la hierba.

El domingo fui a recogerte y fuimos a bañarnos a la garganta Parral y luego a comer a casa, juntos en el sofá y a la garganta de Cuartos.  Te has quedado en medio del agua, un poco asustado. Enseguida fui a buscarte. Te tumbas sobre las piedras de granito y te echo la toalla por encima. Tus labios se ponen sonrosados, casi lilas y te noto tiritar, mientras aún se te sale un poco de babita por la perilla.

Talavera la Real Base Aerea. 16 de junio de 2011 

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