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feranza

Sentimos el verano, su libertad !

Hemos pintado un símbolo en una roca cerca de la garganta Parral.  Llevaba un bote de spray en el coche, color blanco. Sabía que te iba a gustar porque es como una travesura. Así es que fuimos a bañarnos en la garganta y antes, comencé a pintar en una roca de granito con musgo, con algo de musgo seco, una flecha, que tú me hiciste retocar. Es un segmento con fechas en ambos lados y cortado por el medio, como me sugeriste. Así es que nos fuimos corriendo para que no nos vieran. Te pusiste un poco nervioso por si te veían. Ahora nos tiramos al agua de cabeza, a bomba, como sea con tal de refrescarnos y jugar en este otro mundo del agua . La mañana avanza con un calor casi insoportable. Sentimos arder nuestra piel. El campo se va secando en las hierbas menudas y el verano se asienta en Jarandilla. El olor de la flor del castaño, un olor denso, azucarado, se atenúa un poco. Hay mosquitos y moscas gordas que se posan en los brazos cuando te asomas a la barrera de la garganta, una barrera que se coloca año tras año por estas fechas para detener y embalsar el agua. Por la otra parte, se abre una brecha por donde el agua cae formando una cascada ruidosa. Acuden bañistas.

El viernes fue fiesta en Badajoz por San Juan. Llegué el jueves por la tarde. Has venido a comer a casa. Yo cocino mientras ves los dibujos en la televisión y de vez en cuando te siento reir, comentar solito lo que ves. Me agrada que estés aquí. Por la tarde hemos dormido un poco la siesta, tú en el sofá, yo en la cama. Te has quedado dormido y desnudo, con tu piel suave y tu cuerpo atlético. Me ha gustado verte así. Pero enseguida has despertado y tu cuerpo y tu mente se han dispuesto en segundos de nuevo para el juego. Acudimos a la garganta de Losar, donde el agua, ensombrecida por la arboleda, está más fría. Allí te metías, tirándote justo en el borde y no alejándote de la orilla. Poco a poco, con tus bracitos, te veo alcanzar el borde, salir y arrojarte de nuevo. Quieres que me tire contigo y me reclamas ardientemente que te siga. Te veo jugar también en la piscinita con forma de guitarra, mientras me tomo un café con hielo bajo una sombra. Hace un calor espectacular, alerta naranja en Extremadura. Han llegado unos niños de un campamento de Cáceres. Así es que toda la piscina se ha llenado de gritos y toallas, de niños comiéndose el bocadillo de merienda y monitores que se quedan sin fuerzas.

Te cojo entre mis brazos cuando te tiras al agua y te persigo. Esto te excita, sales del agua, corres, subes a una piedra, pareces de electricidad, enteramente eléctrico y no te acuerdas ni de comer.

A veces, con nostalgia, te veo echado sobre una gran piedra, boca abajo. Entonces, me acerco con una toalla y te la echo por encima o te rodeo con ella como momificado. El viernes por la tarde fuimos a la equitación con Vidal, que cumple años y el sábado fuísteis mamá y tú a celebrarlo allí mismo, al recinto donde tiene los caballos. El viernes bajamos los tres en el coche de mamá. Te subes a la burrita que se llama Frijolita y das vueltas en torno a un circuito. Hace calor y te veo desde la sombra. A veces te acerco una botella de agua para que bebas y sigues tu marcha.

El sábado por la noche, te fuiste al cumpleaños, así es que antes, comimos en casa y te duché, pasando la esponja por detrás de tu cuerpo suave. El champú te cubre tu pelo castaño. Te digo: “Cierra los ojos, la boca, todo” y tú entonces, aprietas la cara en un gesto que me hace gracia y te enjabono por completo el pelo. Luego busco el agua más templada y te aclaro. Son momentos bonitos. Sacas tu bienestar tras el baño y saltas sobre la cama. Te digo, “Carlos , relájate, hijo”. Ahora te tengo vestido, peinado, mamá te ha visto guapo. Antes tomamos un colacao con pajita y te manchaste un poco tu camiseta blanca.

En las gargantas nos espera el sol y esa agua cristalina , verde, fría. Nos espera este juego de toalla a secar, bañadores, protección para tu piel, gorra, algo de comer. Nos espera esta agonía de energía que se marcha aguas abajo hasta el Tiétar, por entre las piedras y los peces muertos, algún pez muerto que descubriste entre una roca con la boca abierta, la tuya y la del pez. Entonces me preguntas: “Papá, de qué murió? “. Sigo sin saber responderte. Más adelante en el coche, tu recuerdo de nuevo se posa en esa imagen y me comentas: “ Papá, que es mejor, que un pez muera de viejo o que se lo coma otro pez? “ . Yo te respondo como puedo: “ Hombre, si muere de viejo, también acaban comiéndoselo”.

Todo te interesa y lo preguntas. Mamá te colocó dos tatuajes, en los brazos, en la parte de arriba: Uno de una luna y otro de un tigre. Luces con orgullo esas pinturas en tu cuerpo inmaculado. Veo tu pequeño vello en las piernas, tu espalda que acaricio, tu pelo ondulado, que acaricio. Te doy besos, siempre mojados, besos de almíbar. De vez en cuando vienes quejándote de alguna herida en la rodilla o en el pié, son marcas de ti, de este momento tan precioso que la vida nos está regalando. Son marcas de tus seis años, del verano, de tu prisa por vivir, de tu prisa por querer jugarlo todo, sentirlo todo, vivirlo sin excusas.

Te quiero. Talavera la Real, 27 de junio de 2011

 

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