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feranza

Barbacoa en la finca

Bueno, no está mal. LLevamos varias semanas, varios sábados, haciendo barbacoa en la finca. Esta es la manera más parecida a estar de cámping y encima, solos en medio de la vegetación aún frondosa. Metemos el coche y de él bajamos los alimentos que compra.mos en el DIA. Salchichas, a las que ya te has acostumbrado a comer a la brasa y las eliges tú, sardinas, por supuesto y de las que vas cogiendo el sabor y te gusta, patatas cortadas a rodajas con piel y todo. Al lado del pozo tengo instalada la barbacoa portátil, un cacharro con muchos años ya, pero válido. Al lado, una mesa de cámping y carbón.

Te gusta encender el fuego y añadimos palitos y pasto. Con unas pastillas blancas, provocamos la llama y poco a poco y con la ayuda de un cartón, se van haciendo las brasas. Luego, sentados en un palet, comemos. En el cubo ponemos las bebidas que elegiste para tí: nestea de diferentes sabores, como siempre y para mí, cervecitas. Te gusta abrirlas para mí y yo hago lo propio para tí. Es una forma saludable de compartir y allí, en ese rincón, podemos hacerlo sin nadie, sin tapujos y en total libertad. Poco a poco va oliendo a pescado a la parrilla y aprovechamos la sombra del castaño para estar.

Has cogido algo de postre y mientras me tumbo un rato sobre una toalla, tú enredas en el coche, cambiándolo todo de sitio.

Luego, cojo cubos de agua, te pones el bañador y te los arrojo encima con energía. De la emoción te ríes, te encanta y a mí me emociona. Te arrojo uno y otro y te da un gusto extraordinario

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