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feranza

LLuvia de sudor con el calor de mayo

LLuvia de sudor, verdadero vendaval de lágrimas del cuerpo que me empapan hasta el corazón. Así me he sentido ayer tarde entre los puentes, en ese terreno junto al río de Gévora. En una devoradora actividad de cosecha, de siega del verdor de las aglomeradas plantas de ribera. Con esos olores a verde y a vida, agachado junto a la tierra, dándole la mano y entregando la espalda y los brazos.

Me apresuro a acariciar el fieltro de las hojas y a cortar su alzado cuello. Poco a poco voy dejando el terreno liso, alfombrado de tallos y los olores esparcidos por el tiempo. Junto a mí, revolotean las semillas aladas de los paraisos y un olor de damas de noche embriaga hasta el vértigo.

Toda la tarde fueron sudores y aguas, un continuo río que no descansa, una corriente que no cesa y mi piel resistiendo como puede la embestida de las agujas de las zarzas y los riesgos de la hoz.

Hacía un calor húmedo como en el trópico,un calor que busca resguardarse bajo la sombra de los dinteles, pero al mismo tiempo , entregarse a la labor más absoluta y sublime de la naturaleza. Como dijo el sabio Miguel Hernández : ".... vestidura de oro de los trabajadores, adorno de las manos como de las pupilas, por la tierra esparce sus fecundos olores, una lluvia de axilas..."

Y luego.... la magia del riego, cubo a cubo, con la primitiva esencia de entregar a la tierra lo que la tierra ahora no consigue por el cielo. Entregar y dejarse domar por la lluvia de sudor, con el cuerpo ya calmado, siervo del alma y el corazón agrandándose a cada movimiento de caderas, como en un baile, como una danza entre terrones y plantas como planetas, embistiendo, hiriéndo, ganando parte al terreno que es como una gran corrida, un gran juego donde se da y se toma para engrandecer el alma, trofeo de los trabajadores.

Talavera la Real, 11 de mayo de 2012

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