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Murió Chicho

Ayer me llamó mamá cuando llegaba a casa en Badajoz. Era un día fresco, casi frío. Había caído lluvia por la carretera.

Recibí su llamada y entre sollozos me dijo que Chicho había muerto. Era una muerte anunciada. Todos sabíamos que más pronto que tarde esto llegaría,pues se encontraba padeciendo hace tiempo una enfermedad sin retorno, a base de medicación y cuidados.

Yo lo ví por última vez postrado en su canastilla, resignado, complaciente.

Hablar de Chicho es hablar de una vida paralela a la tuya,pues nació poco antes que tú: el 10 de febrero de 2004 y lo compramos en un antiguo mercadillo de animales en la Plaza de la Alfalfa de Sevilla, a unos chicos de Palma del Río, Córdoba, a finales de abril de ese mismo año. Era apenas un cachorro. Nos costó 90 euros. Tú naciste en octubre y cuando abriste los ojos , él ya estaba ahí, con su energía, su vitalidad .

Ha formado parte de todo este tiempo y en Jarandilla, donde ha dejado numerosa familia, era conocido por todo el mundo.

Cuando te llamé ayer por la noche, no estabas triste, me dijiste, porque según mamá, tienes el corazón de hierro y te has portado como un campeón.

Ahora su cuerpo reposa en una caja en la finca, justo a la entrada donde hice un agujero. Allí colocaremos un árbol en su honor, en su merecido recuerdo.

Su alma vuela, viaja, corre por esos campos y esas calles. En algún lado se posará. Para siempre recordaremos este singular animal, que siempre vivió como quiso, libre y arbitrario.

Talavera la Real, 19 de junio de 2013

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