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feranza

Sin camino, todos los caminos.

Sin camino y todos los caminos. Porque todo es posible y recorrer es perderse en uno mismo, sin un norte. No necesito norte, pensé un día y ahora, entre Cañaveral, buscando, buscando, entre Cañaveral y Casas de Millán, pueblos, pueblos y más pueblos. Fotografías , estampas, lugares, lugares, esta filotopía convulsiva, impulsos, calles, esquinas, caminos polvorientos, puestas de sol.... y quizá, alguna mirada furtiva, pero no: una mujer que aprieta el paso, agacha la cabeza y con los brazos cruzados se apresura a casa, huyéndome, alejándose sin remedio. Parezco un circo de uno solo, con su cabra, un carro, una flauta que toca inoportuna..... Me meto en los caminos y las pistas que allanaron las máquinas que construyen el nuevo AVE. Ahora a Extremadura, por Extremadura, como un accidente en terrenos de pastoreo, de colmenas de abejas y pequeñas lagunas junto a la autovía. Ahora, sobre estas pistas con mi coche, " .... cuando caminan cabalgan a lomos de mula vieja... ". Mi viejo coche sorteando baches y pasando brusco entre los lomos de las pistas. En busca, siempre en busca, la búsqueda de la fotografía desde un lugar para constatar , presencia, todo, insignificante en el mundo, pero por favor, presencia, " he estado ".. " fuí " "ví", estuve allí y sin embargo, nada, polvo una vez más.

En Hinojal me mira la gente como una aparición en sus calles frías y desiertas. La Iglesia?, pregunto. La iglesia está cerrada, como siempre. Y más aún en este domingo frío, postura fetal, camino gris, la noche que se acerca como un lobo y una casa, entonces , una casa es lo más deseado, un refugio, algo que me he convencido de no desear. Solo caminar, como un caracol gigante que porta el hueco por donde meterse cuando llega la noche y no hay nadie, absolutamente nadie ni en la calle ni en las tabernas. El vino de las tabernas, la cerveza, una cálida luz en un rincón, desde fuera. Pero sin dinero no hay ni luz, ni cálida vela, ni miradas, ni hombres que se dejan caer como marionetas cojas sobre una barra , ni nada, no hay nada.

He dejado todo en el coche. Todo es poco. Recorro todas las calles, barriendo con fotografías los lugares, espero no dejarme nada y desespero, desespero con agonía, como un día en Barcelona, un día solo de un otoño pasado. Desespero y agito mi ansiedad contra las aceras y las paredes toscas. Nadie en la calle, maldita sea, este frío me corta. Pantalón corto y encima una prenda cualquiera, pero que no me calma ni calienta. Camino, casi corro por los espacios de este pueblo abandonado. Calles iguales, una esquina, una anciana con muletas, tanto más anciana cuanto más atrevida. Porque su mirada no engaña, nada espera, y yo, mientras tanto, pensando siempre en la otra colina, en la otra calle, calle, calla, Antonio, por favor, no corras, Antonio, no sigas, Antonio, no desesperes en esta agonía . Tranquilo por favor, Antonio, contrólate, sé capaz de andar despacio a pesar, a pesar del frío, de las calles, de las fotografías que quieres hacer, siempre con esa agonía,a pesar del abandono y de las fachadas de piedra, de esos huecos que se hacen entre las teselas, de estas grietas por donde entra el frío, como en una lumbre apagada... Ahora estoy en el coche y siento el calor de la carne en mi estómago, de la carne triturada casi sin masticar. Ahora me estoy yendo, colmado el deseo, casi huyendo, porque caminar así, devorando, es casi huir, huir en el sentido verdadero, de uno mismo. Pero, joder, tengo frío, qué le voy a hacer, joder. Y encima, no hay camino para llegar a esos postes , a esos pilares que permanecen alineados como soldados en vísperas de un desfiles. No hay foto para ellos, no hay nada. He corrido para nada y ahora, cansado, sigo los carriles de un camino largo, largo y monótono.

Talavera la Real, 22 de mayo de 2012

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