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Una pequeña Torre Eiffel

Mamá no estaba;Te dije: " Carlos, sabes guardar un secreto? ". Entonces, saqué de mi mochila una llavero con una pequeña Torre Eiffel de color plata y te la mostré: " Toma, Carlos, para tí ". Tú me respondiste: " Es que has estado en París ?". Yo te dije: " La compré en una tienda". Fuiste corriendo a por una caja de metal que vaciaste de su contenido y allí la colocaste tumbada entre una esponja.

Habíamos estado casi una semana en París y me vine conmovido por la belleza de la ciudad y de la torre, que bajo ella, era como estar dentro de una nave espacial. Me acordé mucho en aquel momento de tí y te traje este recuerdo. Es pequeño, como ves, casi minúsculo, pero el recuerdo y cariño en él contenido es grande y puro, hermoso y auténtico. No sirve para presumir ni nada de eso, pero contenida en esa caja, aún más hermosa por su misterio.

Ahora es tuya, no importa su pertenencia, pero ahora es tuya. La traje desde París, brillante y simbólica. Quizá la conserves durante mucho tiempo. Es un secreto entre los dos, ya sabes.

El sábado fuimos a la finca. Ya te gusta ir y como aún no se puede hacer fuego, por la temperatura, nos pusimos a quitar hierba y sudar. Me conformo con abrir un camino a ambos lados y por ahí pasar. Te veo ir por delante con la hoz y desmochar las hierbas y los pastos. Cuando te cansas te vas a hacer agujeros con la azada, que he traido esta vez. De vez en cuando te llamo para ver por donde andas. Estoy enfrascado en la tarea y me gusta que estés por allí.

De repente te presentas con una sandía pequeña, pero jugosa, que abrimos para comer. Entonces es delicioso: los dos como primitivos, con la sandía entre los labios y los mocos colgando. Te llevo al arroyo, que trae poca agua, pero buena y allí te limpio los mocos y la boca de los restos de sandía. De un manotazo abarco toda tu carita suave. Me dá mucho gusto esto, que es algo que hacemos alejados del mundo, nosotros solos, en plena naturaleza, más allá y más profundo. Cuando caminas entre las piedras, te sobreviene la emoción y exclamas: " Papá, estamos en la Naturaleza ". Que bueno fué comprar este trocito de terreno, qué bueno fué dejarlo así, lleno de maleza y hierbajos, para poder juntos, arrancarlos y segarlos, para poder juntos quemarlos a la llegada del otoño y poder juntos sentir la verdad del trabajo y del sudor, la verdad del campo.

Este mismo sábado, en Pozoblanco, santoral de Santa Teresa, como el hospital de Mannheim donde nací y donde nació la tía Sonia, ha nacido tu nuevo primo: Eduardo Fernández Caballero, bajo el signo de Libra, hijo del tío Eduardo y Verónica. 15 de octubre de 2011. Toda una fecha. Un nuevo miembro en la familia. El tío estaba allí, con el abuelo. Iremos a conocerlo, ¿ te parece ?.

El domingo volvimos al terreno, para seguir con la tarea. Como no pudiste resistir sin hacer fuego y las llamas se propagaron fácilmente, cogiste el agua que traíamos para beber y la echaste para extinguirlo. Me enfadé un poco, pero te comprendí. Te mandé a coger otra sandía para refrescarnos. Se te calló al suelo y la trajiste un poco partida, pero estaba, como la otra, muy dulce.

Te compré en la panadería una pequeña cantimplora de juguete con un líquido rosa. También quisiste una caña de azúcar, que al final olvidé en la mochila. Regresé de Losar a casa para dártela, con un balón que también olvidaste, con un balón de goma con muchas banderas de paises.

LLoro pensando en tí, es amor. No tengo medida para esto ni palabras. No encuentro objeto para rendirme, ni un tejado donde subir para verte. Estás dentro de mí, eres yo mismo, pero te quiero tanto que dejarte libre es como verte volar. Mi niño de siete años,tan personal ya, tan tú mismo, tan , tan , tan Carlos.

Badajoz, 17 de octubre de 2011

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