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Vino el abuelo, María Jesús, los tíos de Rumania y … comenzó el otoño

Todo se ha condensado en un solo fin de semana. El viernes viajé a Jarandilla, para encontrarte en el frontón con tu nueva bici, más grande y que manejas con soltura. Allí estabas con Esther, la nueva canguro, tu nueva cuidadora. Una chica rubia, de rasgos finos, a mi modo de ver, responsable y natural de Jaráiz. La he visto con una amiga y un niño pequeño . Jugabas a huir de mí y no me di cuenta. Tienes en la mente la obsesión y el rechazo de venir a Losar a pasar noches conmigo. Sigo torpe sin darme cuenta y no hago sino caer en el mismo pozo. Te he lastimado y lo sé ahora, después de que no te tengo, es decir, en la distancia en cuando caigo en la cuenta del error. Pero cuando estoy contigo me hago egoísta y solo pienso atraerte hacia mí para poseerte, para sentirte pegado a mí y esto no es lo que realmente quiero.

He llegado el viernes con el verano por dentro aún y por fuera con el sol entrando por la ventanilla del coche y parándome a tomar , como viene siendo costumbre, al lado de Escurial, un café con hielo, aún con hielo, a pesar de que hemos iniciado octubre. El abuelo y María Jesús llegaron después, después de salir corriendo detrás de ti por los alrededores de una caseta que está instalada en esa charca frente al parador. Es la primera vez que accedo a este recinto.

Llegó el abuelo, fuimos a cenar algo y de nuevo la situación me superó. El abuelo nervioso por verte inquieto y yo con la mano en tu mejilla. Dolor, dolor y la pena , la tristeza después de haberlo hecho. Me siento encadenado en esta situación que se repite. Estamos en el bar, te vuelves inquieto, reclamas a mamá, quieres que venga. Ella está en un curso en Trujillo. Entonces te subes en los asientos , juegas, te das la vuelta, el abuelo se inquieta, yo no sé qué hacer y rompo con una bofetada que te produce dolor y a mí más todavía.

El sábado por la mañana fuimos a tomar algo al Ruta Imperial, en la terraza. Está el campo entero esperando la lluvia y todo permanece seco. Algunas hojas han caído del robledal y maduran las castañas dentro de los erizos, pero todo sigue seco y aún hay moscas en los cristales. Se acerca tu cumpleaños y mamá está ultimando los preparativos. Comimos en casa y por la tarde me fui solo a Madrid con el coche de mamá para recoger al tío Mirciu y Corina. Llegué avanzada la noche. Estabas durmiendo.

El domingo por la mañana fuimos a tomar algo con Vito y Mari y los tíos y los abuelos. Te he regalado una camiseta de Gormiki, de manga larga, que ya te has puesto para salir todo el domingo. El día se ha levantado gris y ha cambiado, de pronto, el tiempo. A media mañana ha comenzado a llover, al fin el otoño , y no ha dejado en todo el día. Así es que hemos tenido que echar mano de ropa improvisada. Junto a la iglesia de San Agustín me enseñas tu escondite para la lluvia. Nos metemos debajo del paraguas vegetal que forman las plantas. Allí apenas nos mojamos. Tienes un abriguito abierto y llevas el gorro puesto. Te veo comer un huevo sorpresa y dentro tiene regalo: una muñequita de plástico. Me la enseñas y comentas que es algo para niñas. Te cojo de los brazos y te digo: Carlos , te quiero. Entonces me miras distraídamente y me dices : Y a que viene eso?. Te digo que todo hay que expresarlo, todos los sentimientos, sin estar muy seguro si alguna vez he hecho esto. Entonces, te pido un beso que me das manchado en chocolate. Salimos corriendo de nuevo al bar.

Antes de irme, cuando ya los abuelos habían llegado a Pozoblanco, juego contigo en tu habitación a lanzarnos una pelota pequeña, sentados en el suelo y con las piernas abiertas. Luego, la pelota se convirtió en un arma arrojadiza contra un peluche de oso. Nos reímos de la brutalidad. Me he marchado a Badajoz con la lluvia a cuestas y los limpiaparabrisas mareantes durante todo el camino.

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