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LLegó septiembre: azúcar en los árboles y sal en mis ojos

Llegó septiembre Va pasando el tiempo, creces y ya llegó septiembre de nuevo. Noto septiembre en el aire, en esa brisa que nos reconforta, en esa nitidez que el verano no tiene, en ese salir a la calle sin esconderse. He viajado desde Badajoz, pero esta vez por Cáceres, que hace poco se inundó con granizo y una tormenta que hizo daño y parando para visitar Alcuéscar, el pueblo y su iglesia visigoda de El Trampal. Luego, he visitado también el castillo de Arguijuela y en fin, dado un rodeo hasta llegar a Plasencia y Jarandilla. Es tiempo de la festividad del Cristo, es decir, de ese tinglado que montan en la plaza para acorralar a los toros y la gente , provocadora, sostenerse en los palos al acecho de la criatura desorientada. Te encontré en el frontón, con Belén y su niño pequeño, que se llama Alejandro. Maduran los higos y en su azúcar se posan los pájaros y los insectos. Hey revoloteo de ellos ante la proximidad de la vendimia y los ramos de uvas se dejan caer por las parras en las paredes de piedra. Da gusto caminar por el campo y encontrarse esta fragancia de frutos, también de la voracidad de la tierra que pretende engullirlos, en esa putrefacta y necesaria gula. He escogido un camino para andar contigo. El domingo fuimos a la finca. Nos manchamos con la tierra y el barro de la última vez que llovió para abrir la puerta al otoño. Voy cogiendo los higos de las higueras generosas, abriéndolos de maduros entre mis manos insaciables y comiendo solo lo esencial de su almíbar. Mientras, te veo jugar con Quique en su finca, correr y perderte a lo lejos.

El domingo por la mañana acudimos a quemar algunos rastrojos. Te veo echar pasto sobre las llamas, quedarte fijo en la mirada. Te recojo en brazos ante la amenaza de las zarzas que todo lo ocupan con sus tentáculos. Poco a poco van madurando los caquis. Siendo ese olor fuerte a descomposición, a las cañas del tabaco y los restos de hojas y frutos. Hemos cogido manzanas rojas de los manzanos del vecino, allá, en la finca. Este es un lugar para nosotros. Bajo la sombra del aliso, del gran aliso junto a la finca, en ese rincón maravilloso y en sombra, con unos hierros, trato de consolidar la base para una futura atalaya, como una choza para el juego. Te subes a las ramas, grabamos un video, varios videos, en los que digo que te quiero. Luego, entre los helechos, miro a mi derecha y te veo lanzar terrones al lado de las pequeñas plantitas y los surcos del tabaco recogido. Más allá, las puertas del secadero están abiertas para que circule el aire y cure la planta tendida boca abajo como en un tendedero. Hay pepinos amarillos y calabacines. Todo me parece bonito, todo decorativo.

Con este aire de cosecha nos vamos a casa. Hay cosas que no entiendo. Por qué sufro ahora,?, por qué sufro al tenerte y no tenerte?. Siento que a veces estoy distante y lejano como un visitante inoportuno. Esto me desconsuela y creo estar tirando por la borda cinco años de viajes y cambios. Me marcho con la angustia en el cuello, dentro, a mi piso de Losar y allí, querido mi hijo, lloro, lloro y me marchito tendido en el sofá, cayéndoseme un reguero de lágrimas por los costados. Lloro desnudo en el sofá, solo, derrotado, masturbándome como una droga que te permite dormir por la noche. Fuera, hay silencio como una gran espuma y la tarde se dibuja diáfana y clara.

 Septiembre está en la calle con su poder de frutas, con tus labios mojados, con la simplicidad de tu mirada, con esta sencillez que no entiendo, que no leo, que no veo. Soy ciego cuando me acerco a ti, ciego y torpe. Me gustaría tenerte cerca ahora y poder abrazarte. Decirte que ni siquiera las voces de la pena pueden apartarme de ti, pero te veo volátil y lejano, como lo estoy yo a veces. Te acompaño, me besas cuando te lo pido, me das la mano con esfuerzo y aprovecho el peligro para agarrarte. Quiero sentirte dentro, pero debo aprender más y ahora, soy un hombre muy ignorante que se queda solo, muchas veces, muchas veces, en las lindes de ti. Regreso a Badajoz con demasiado azúcar dentro de mi, pero demasiada sal en mis ojos. Me meto en carreteras secundarias para olvidar, para entretenerme con mis fotos, con mi colección de pueblos: Miravete, Jaraicejo, Puerto de Santa Cruz, Trujillo… Todo pasa como en una postal y yo soy una persona perdida que no sabe donde va, agarrado como estoy, en el umbral de ti, sin poder pasar. Talavera la Real, 21 de septiembre de 2010

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