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Barcelona. Rosa Negra

Barcelona mira al sol pero se cae desde las ramblas con tacones manchado de caramelo y caras desnutridas. En Barcelona comienza un otoño que se atrapa en las sombras, donde refresca, donde los amarillos hacen postal en los grises del cemento. Camino las calles de Barcelona para huir de la pena, de mi pena. Camino hasta cansarme, hasta sudar ,hasta que mis pies y mi espalda dicen : " ¡ Basta! ". He subido por la cuesta de los jardines de Montjuich. Desde allí la imagen de la ciudad es clara, pero mi pensamiento está oscurecido por una soledad que no buscaba. Se ven a lo lejos, extendiendo la mirada, las torres y los monumentos.

Barcelona es un mosaico como las figuras de Gaudí, cubierto con veinte capas negras.

La Barceloneta, esa pequeña Barcelona amarillenta, medio gris, con pájaros que se pierden en las ventanas de hierro viejo. La ropa tendida en como lluvia pobre del cielo rasgado por las nubes blanquecinas. Atravieso el barrio y me meto por las callejuelas del Borne, pisando los talones a los turistas de pelo rubio , de pelo canoso, de trasiego de mapas , planos, tiendas. En busca de un cofre perdido vamos todos por este laberinto de callejas. En busca de algún lugar, de nada, de nadie. Quemándonos la vista en las luces y escaparates, en los rótulos y las cornisas, en los ventanales mudos, en los frisos de las fachadas, en la piedra, en el suelo, en los coches.

Camino solo por el Barri Gotic. Altos edificios de piedra. plazas con puestos donde venden quesos, tortas y mieles. Pero ningún beso. En lugares donde los cristales no son ventanas, sino una coraza transparente para las gentes. En una pastelería conozco a una mujer que quiere viajar, que hizo un crucero por un regalo, pero que se dió cuenta de que nada sirve llegar, bajar, ver, subir.  

Barcelona me encuentra ahora en la arena y esos altos edificios que fotografío como si hubieran salido hoy mismo del interior de la tierra. Bajo ellos, multitud ingente de barquitos de recreo con sus afiladas agujas. Centros comerciales, un mendigo tomando el sol apoyado en su mochila sobre unos listones de madera que aquí son el suelo.

Apenas puedo sentarme en Barcelona. He caminado sin descanso durante días. Esas grandes avenidas con nombres en catalán hasta llegar al Parque Güel. Y luego, la bajada para la irrenunciable foto de la Sagrada Familia. Encuentro acomodo en el puesto de churros con café de la via Laetiana o al lado del edificio de correos, en un restaurante de comida turca que se llama Kapadokia. Allí, perdido en los minutos que no pasan, veo las artistas de un programa de televisión turco. Las cantantes provocadoras, sensuales., y apunto sus nombres en mi móvil. Ahora, para colmo de males, me quedé sin las armas de la fotografía, me quedé sin cazar , pero sigo andando sin sosiego hasta la hora de comer.

Por las noches me refugio en las zonas lúgubres, en los bares perdidos de guiris y en las tabernas donde hablan contigo casi por pena. Al amparo de una cerveza doy vueltas a la manzana y me lanzo al deseo de un pelo rubio , de unos ojos azules . Atravieso la calle de las brujas con regusto a cerveza, amargo perfume de oferta.

Caminando sin rumbo por las calles de Barcelona, lucho contra el tiempo que no quiere pasar. Me duelen los pies, pero más el alma . Pensando en esa muerte, en esa derrota, en ese abandono ...

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